Luego, ese viajero pensativo, deseando avanzar aún más en los infinitos grados de conocimiento en lo divino, y en los ilimitados deleites y luces, quiso entrar en el mundo de los humanos y en la sociedad de la humanidad. Encabezados por los profetas, lo invitaron a entrar, y él aceptó. Primero, miró hacia la morada del pasado y vio el siguiente:
Todos los profetas (Aleyhimusselam), los más luminosos y perfectos de la humanidad, proclamaban unánimemente “Lá ilahe illa Hu” y, con la fuerza de sus incontables y confirmados milagros, defendían la unicidad de Allah, llamando a la humanidad a creer en Él y elevándolos desde el nivel de la animalidad al grado de los ángeles. Él también se sentó en esa luminosa escuela y asistió a la lección. Vio el siguiente:
Cada uno de esos maestros, los más destacados y célebres de la humanidad, portaban milagros otorgados por el Creador del universo como sello de su autenticidad. Y como una gran comunidad y una nación de la humanidad había aceptado y creído en cada uno de sus informes, comprendió cuán fuerte y concluyente era una verdad que había sido testificada y confirmada por el consenso de esos cien mil individuos veraces. Y al comprender cuán grande era el error y la injusticia de aquellos que, negando una verdad sellada con los milagros de estos innumerables mensajeros veraces, caían en la desviación, también comprendió que los que aceptaban y creían en estos mensajeros eran los que verdaderamente tenían razón. Se le reveló otro gran grado de la santidad de la fe en Allah.
Sí, el hecho de que los profetas (Aleyhimusselam), con sus innumerables milagros otorgados por Cenab‑i Hak, fueran confirmados por los golpes divinos que recibieron sus oponentes, por sus perfecciones personales, sus enseñanzas veraces, su fe sólida, su seriedad y sacrificio, y por los libros y escrituras sagradas que poseían, así como los incontables discípulos que, siguiendo sus enseñanzas, alcanzaron la verdad, la perfección y la luz, todo esto se unía en una prueba tan poderosa que ninguna fuerza en la tierra podía enfrentarla, ni dejaba lugar a duda alguna. Comprendió que el hecho de que la fe incluya la confirmación de todos los profetas (Aleyhimusselam) es una fuente de gran poder. De las lecciones de los profetas recibió una gran iluminación de la fe en Allah.
Así, para expresar la lección mencionada de este viajero, en el octavo grado del Primer Capítulo se dice:لاَ اِلَهَ اِلاَّ اللَّهُ الَّذِى دَلَّ عَلَى وُجُوبِ وُجُودِهِ فِى وَحْدَتِهِ اِجْمَاعُ جَمِيعِ اْلاَنْبِيَاءِ بِقُوَّةِ مُعْجِزَاتِهِمُ الْبَاهِرَةِ الْمُصَدِّقَةِ الْمُصَدَّقَةِ