Primer Apéndice de mi Defensa Anterior
¡A la atención del magistrado que me interrogó y del honorable tribunal! Añado tres cargos a mi declaración anterior.
Primer Cargo
Nos deja perplejos y profundamente asombrados, y además insinúa una intención maliciosa, el hecho de que insistan en preguntar, como si realmente existiera, sobre una supuesta organización y estructura. Preguntan: “¿De dónde obtienen el dinero para formar esta organización?”
Respuesta:
en primer lugar, yo también les pregunto a quienes preguntan: ¿Qué prueba o evidencia tienen de la existencia de una organización política de nuestra parte? ¿Qué indicio o testimonio han encontrado para insistir tanto en que usamos dinero para establecer una organización?
He vivido bajo estricta vigilancia en la provincia de Isparta durante diez años. Soy un extraño, sin amigos ni aliados, cansado del mundo, profundamente reacio a la política y completamente aislado, con solo uno o dos asistentes y uno o dos visitantes cada diez días. He observado repetidamente cómo incluso las organizaciones políticas más fuertes fracasan y causan daño con sus contra reacciones. A pesar de haber tenido muchas oportunidades importantes entre mi gente y mis miles de amigos, siempre he rechazado y evitado las asociaciones políticas y movimientos. Considero un gran crimen distorsionar y debilitar el servicio sagrado de la fe verificada por intereses políticos. Por lo tanto, he evitado la política como si huyera del diablo. Durante diez años, he adoptado como lema: “Busco refugio en Allah del diablo y de la política”. Soy una persona que encuentra la astucia en la sinceridad, que es franca y sin reservas, y que ha pasado diez años en esta gran provincia de Isparta sin dar ni el menor indicio de tal organización a los funcionarios más sensibles y atentos. Ante quienes afirman: “Existe una organización así y estás manejando una trama política,” no solo yo, sino toda la provincia de Isparta, todos los que me conocen, e incluso todas las personas razonables y conscientes, rechazarán tales calumnias con indignación y dirán: “Están acusándolo con planes malintencionados”.
En segundo lugar: nuestra cuestión es la fe en Allah. Con la hermandad que proviene de la fe en Allah, tenemos vínculos fraternales con el noventa y nueve por ciento de las personas en este país y en Isparta. Sin embargo, una organización o asociación se define como la alianza de una minoría dentro de una mayoría. Contra una persona, noventa y nueve personas no forman una organización. A menos que un incrédulo extremadamente injusto, imaginando (Allah nos libre) que todos son incrédulos como él, insulte a esta nación bendita y devota y difunda tales afirmaciones…
En tercer lugar: una persona como yo, que ama sinceramente a la nación turca; que admira profundamente a la nación turca por haber sido digna del elogio del Corán; que aprecia enormemente a la nación turca, que ha defendido al mundo entero y ha sido la bandera del Corán durante seiscientos años; que es un partidario ferviente de esta nación; y que, con el testimonio de mil turcos, ha servido de manera tangible a la nación turca tanto como mil nacionalistas turcos, y que prefiere, en su exilio voluntario, a treinta o cuarenta jóvenes turcos valiosos por encima de treinta mil compatriotas sin oración ritual… Un hombre así, que protege su dignidad como maestro, preserva la integridad de su conocimiento y enseña las verdades de la fe en Allah con gran claridad, ¿es sorprendente que en un período de diez, tal vez veinte o treinta años, no veinte o treinta, sino cientos, tal vez miles de estudiantes se hayan vinculado con él de manera sacrificial, puramente desde el punto de vista de la fe, la verdad y el más allá, y que se hayan convertido en hermanos espirituales suyos? ¿Puede alguien con conciencia y justicia criticar esto? ¿Y puede considerar esto desde la perspectiva de una organización política?
En cuarto lugar: una persona que durante diez años se ha sostenido con cien billetes, que a veces ha vivido con cuarenta monedas al día y que ha usado un abrigo con setenta remiendos durante siete años, ¿cómo pueden preguntarle: “¿De dónde obtienes dinero para vivir y organizar una estructura?”? Quienes hacen esta pregunta están claramente muy lejos de la justicia, como lo entenderán las personas con conciencia.
Segundo Cargo
Con el pretexto de hacer una falsa réplica del incidente de Menemen, para asustar a la nación y facilitar la aplicación de las leyes de libertad con engaños, lograron engañar al gobierno como si estuvieran “ayudando al gobierno a imponer las leyes de libertad.” Con esta intriga, por la fuerza me trasladaron de Barla a Isparta. Al darse cuenta de que no podía ser utilizado para tales conflictos y que no tenía inclinación alguna hacia estos intentos infructuosos y perjudiciales en todos los aspectos para la nación, la patria y la religión, cambiaron su plan. Aprovecharon mi falsa reputación, que nunca he aceptado, y mediante intrigas que jamás se me habrían ocurrido, construyeron sobre nosotros una supuesta réplica del injusto incidente de Menemen. Con esto, perjudicaron tanto a la nación como al gobierno y causaron un gran daño a muchas personas inocentes y detenidas. Ahora que sus mentiras han salido a la luz, están tratando de confundir a los funcionarios judiciales con excusas similares al lobo que busca pretextos para culpar a la cabra.
Desde el punto de vista de mis derechos de defensa nacional, recuerdo a los funcionarios judiciales la necesidad de actuar con extrema cautela y atención en este asunto. Los verdaderos culpables son aquellos que, bajo la apariencia de una falsa organización, incitan a algunos inocentes y personas sencillas, provocan pequeños incidentes, y luego, como el demonio, exageran insignificancias y engañan al gobierno, causando que muchos inocentes sufran y que el país sufra grandes pérdidas, mientras cargan la culpa a otros. Este caso nuestro es exactamente así.
Tercer Cargo
Entre las instituciones del gobierno, la que más debe preservar su independencia y observar con la mayor imparcialidad, libre de influencias externas y emociones, es sin duda el tribunal. Basándome en la completa libertad del tribunal, tengo derecho a defender mis derechos de libertad de esta manera.
Sí, en todas partes, los tribunales tratan asuntos de vida y propiedad. Si un juez, llevado por la ira personal, matara a un asesino, ese juez se convertiría en asesino. Esto demuestra que, si los funcionarios judiciales no están completamente libres de emociones e influencias externas, existe la posibilidad de cometer pecados terribles bajo la apariencia de justicia.
Además, incluso los criminales, los desamparados y los opositores tienen derechos. Y para reclamar esos derechos, necesitan un lugar completamente imparcial y neutral. Convertir la justicia en injusticia introduciendo parcialidad contradice la esencia de la justicia. Un ejemplo de esto es el término utilizado para referirse a mí en algunos interrogatorios en Isparta y aquí. Mi nombre es Said Nursi, pero constantemente me llaman “Said Kurdi” o “este kurdo.” Esto no solo intenta despertar sentimientos en contra mía al interferir con el espíritu nacionalista de mis hermanos en la fe, sino que también contradice completamente la naturaleza imparcial que debería tener un tribunal de justicia.
Sí, ser completamente imparcial y libre de cualquier sesgo es la primera condición de la justicia. Hay miles de incidentes históricos que atestiguan esto, como el caso en el que el Imam Ali (Radiyallahu Anh), durante su califato, se sentó en el tribunal junto a un judío, o como cuando muchos sultanes fueron juzgados en tribunales junto con personas comunes. A quienes intentan sembrar una sensación de extrañeza hacia mí y confundir la perspectiva de justicia, les digo:
¡Oh, señores! Antes que nada, soy musulmán y nací en Kurdistán. Sin embargo, he servido a los turcos, y el noventa y nueve por ciento de mis servicios beneficiosos han sido para los turcos. La mayor parte de mi vida la he pasado entre los turcos, y mis hermanos más sinceros y leales han salido de entre ellos. Dado que los turcos han sido los héroes más valientes del ejército del Islam, mi camino coránico exige que ame y apoye a los turcos más que a cualquier otra nación. A quienes me llaman “kurdo” y pretenden mostrarse como nacionalistas, puedo presentar como testigos a mil jóvenes turcos genuinos y valientes para demostrar que he servido a la nación turca tanto como mil de ellos.
Además, presento como testigos los treinta o cuarenta libros que tienen en sus manos, especialmente los tratados de Frugalidad, Los Ancianos y Los Enfermos. Estos libros, que han servido a los grupos de afligidos, pobres, enfermos y devotos piadosos que constituyen cuatro quintas partes de la nación turca, han servido tanto como mil nacionalistas turcos. Esos libros no están en manos de los kurdos, sino en las de los jóvenes turcos.
Con el permiso del tribunal, a los infieles opresores que nos han llevado a esta calamidad, que han engañado a algunos importantes miembros del gobierno y que han tramado intrigas bajo la apariencia de nacionalismo, les digo:
¡Oh, señores! Por un asunto no comprobado sobre mí, y aunque se comprobara no constituiría un delito, y que incluso si fuera un delito, solo me haría responsable a mí, lanzar a más de cuarenta de los jóvenes más valiosos y a los ancianos más respetables de los turcos a esta calamidad, como si hubieran cometido un gran crimen, ¿es esto nacionalismo? Sí, entre los que han caído en esta detención tortuosa sin causa, hay algunos jóvenes que podrían ser el orgullo de los turcos. Desde lejos, percibí su valía y, al enviarles solo un saludo o un tratado de fe, han sido tratados como criminales, arrancados de entre sus familias y lanzados a esta calamidad. ¿Es esto nacionalismo?
Digo que, según su opinión, soy de una nación extranjera. Sin embargo, entre estos jóvenes valientes y ancianos respetables turcos detenidos, hay algunos cuyo valor es tan alto que no cambiaría a uno solo de ellos por cien de mi propia nación. Hay algunos entre ellos por quienes, desde hace cinco años, dejé de maldecir a los funcionarios opresores que me infligieron diez años de injusticia, solo por consideración a ellos. Y entre ellos hay otros en quienes he visto, con gran admiración y respeto, los ejemplos más puros de virtudes sublimes, y a través de ellos comprendí el misterio de la superioridad de la nación turca.
Aseguro con mi conciencia y numerosas pruebas que, si tuviera tantos cuerpos como el número de estos inocentes detenidos, o si pudiera soportar cualquier sufrimiento que ellos sufrieran, juro que querría soportarlo orgullosamente en lugar de esos valiosos individuos. Mi sentimiento hacia ellos no es por un beneficio personal, ya que apenas conozco a algunos de ellos y puede que algunos de ellos hayan recibido beneficios de mí, mientras que yo he sufrido daños por su parte. Sin embargo, incluso si sufriera mil daños, su valor ante mis ojos no disminuiría en lo más mínimo.
Oh, incrédulos opresores que afirman defender el nacionalismo turco! ¿Es nacionalismo? ¿Es turquismo? ¿Es patriotismo? Perseguir y humillar a tantas personas que podrían ser el orgullo de la nación turca, basándose en razones extremadamente insignificantes y triviales, y según su propio término, debido a alguien como yo, un kurdo. ¡Dejo esto a la conciencia de su injusto e insensible corazón!
El honorable tribunal ya ha comprendido la inocencia de muchos de ellos y los ha liberado. Si existe algún delito, ese delito me pertenece únicamente a mí. Ellos, con su elevada nobleza, han realizado pequeños servicios para un anciano maestro como yo, únicamente por el amor de Allah. Estos servicios incluían encender la estufa, traer agua, cocinar comida y copiar algunos de mis tratados personales. Como recuerdo, firmaron al final de dos de estos tratados, que son como un diario personal para mí. ¿Existe alguna ley, procedimiento o beneficio en este mundo que justifique condenar a personas como ellos basándose en tales pretextos?