بِاسْمِهِ سُبْحَانَهُ
Mis estimados hermanos verídicos,
Esta es una respuesta que vino a mi mente en relación con una pregunta material y espiritual:
Se dice: “¿Por qué no aceptas una posición y virtudes personales que según las fuertes buenas opiniones y la certeza de los estudiantes de Nur, aumentan su entusiasmo hacia Risale‑i Nur? En cambio, siempre atribuyes los méritos a Risale-i Nur y te consideras un servidor muy imperfecto.”
La respuesta: alabanzas y gratitud ilimitadas sean para Allah, porque Risale‑i Nur tiene fundamentos tan fuertes e inquebrantables y pruebas tan brillantes y contundentes que no necesita ninguna virtud o capacidad atribuida a mi persona. A diferencia de otras obras que dependen de las habilidades de su autor para su aceptación y fuerza, Risale-i Nur no se apoya en mí como su autor. Esto es evidente, ya que durante veinte años ha dependido de pruebas definitivas y ha obligado incluso a mis enemigos materiales y espirituales a aceptar su verdad.
Si mi personalidad hubiera sido un punto de apoyo importante para él, mis enemigos ateos e injustos opositores podrían haber intentado desacreditar mi defectuosa persona para infligir un gran daño a Risale‑i Nur. Sin embargo, aunque esos enemigos, en su insensatez, han intentado desacreditarme y romper la atención pública hacia mí con todo tipo de intrigas, no han logrado dañar las conquistas y el valor de Risale-i Nur. Aunque a veces logran confundir a algunos nuevos interesados, no pueden desviarlos completamente.
Por esta verdad, y dado que en este tiempo el egoísmo y la arrogancia son especialmente dominantes, no acepto las buenas opiniones hacia mí que exceden enormemente mis límites. Además, a diferencia de mis hermanos, no tengo una buena opinión de mí mismo. Si la posición espiritual, verdadera y religiosa que mis hermanos atribuyen a este humilde servidor suyo fuera realmente mía, según la regla explicada al final de la Segunda Carta en las Cartas, sería una prueba de que no tengo tal posición si yo mismo creyera que la tengo. Y si no creo que tengo esa posición, no debería aceptar la ofrenda espiritual de mis hermanos. Además, aceptar tal posición podría permitir que el egoísmo interfiera…
Queda algo más que mencionar: se podría decir que, en el ámbito terrenal, sería más efectivo que la persona encargada de difundir las verdades de la fe ocupara una posición de prestigio. Sin embargo, existen dos impedimentos para esto:
Primero: aunque la persona poseyera virtudes espirituales como la velayet, cercanía a Allah, asumir deliberadamente un cargo o posición sería contrario a la sinceridad y la humildad que son inherentes a la esencia de la velayet. Los herederos de la misión profética, como los Sahabe, Compañeros del Profeta, no pueden hacer alarde
de sus virtudes ni reclamarlas; no se les puede comparar con otros. Segundo: si una persona perecedera, limitada, transitoria y defectuosa estuviera a cargo, la difusión de las verdades de la fe en Allah y el éxito de Risale‑i Nur se verían perjudicados
en muchos aspectos. Sin embargo, hay un punto que merece gratitud: mis enemigos en el ámbito político, al desconocer estas verdades mencionadas, centran su atención en mi persona. Considerando al antiguo Said, con su honor y prestigio, constantemente intentan atacarme y desprestigiarme en lugar de dirigir su oposición directamente hacia Risale‑i Nur. Además, logran influir en algunos eruditos religiosos con orgullo excesivo, incitándolos en mi contra, como si intentaran apagar la luz de Risale-i Nur. Sin embargo, paradójicamente, esto contribuye a que Risale-i Nur brille aún más. Risale-i Nur no obtiene su luz de mi insignificante persona, sino de la fuente de luz del sol del Corán. …………………………………………
Said Nursi