بِاسْمِهِ سُبْحَانَهُ
Por algunas señales, he llegado a entender que nuestros enemigos ocultos intentan reducir el valor de Nur, insinuando falsamente que Nur es un instrumento para promover una reclamación política de Mahdismo. Buscan excusas sin fundamento, y tal vez estas torturas que sufro se deben a sus temores infundados. A esos enemigos ocultos y a quienes los escuchan en su oposición a nosotros, les decimos:
¡Jamás! ¡Nunca! Mis setenta y cinco años de vida, especialmente los últimos treinta, junto con los 130 tratados de Risale‑i Nur y los miles de personas que han sido mis compañeros cercanos, testifican que nunca he excedido mis límites, ni he utilizado las verdades de la fe para ganar prestigio o gloria personal.
Sí, los estudiantes de Nur saben, y lo he demostrado en los tribunales, que no busco ninguna posición de honor ni prestigio ni fama, ni siquiera méritos espirituales o celestiales para mí mismo. Con toda mi convicción y fuerza, estoy dedicado a servir a los creyentes en las verdades de la fe. No solo estoy dispuesto a sacrificar mi vida terrenal y mis posiciones efímeras, sino que, si fuera necesario, estoy dispuesto a sacrificar mi vida en el más allá y las eternas posiciones que todos buscan. Incluso aceptaría ir al Infierno si fuera una forma de salvar a algunos desafortunados de él, como mis hermanos cercanos saben y como he demostrado en los tribunales. Atribuirme a mí, o al servicio de Nur, la falta de sinceridad con estas acusaciones solo sirve para privar al pueblo de las grandes verdades de Nur.
¿Acaso estos desafortunados piensan que el mundo es eterno y que todos, como ellos, utilizan la religión y la fe para obtener ventajas mundanas? Mientras que, en realidad, aquellos que desafían a los incrédulos en este mundo y sacrifican tanto sus vidas terrenales como, si es necesario, sus vidas en el más allá en el servicio de las verdades de la fe, no cambiarían ni una sola verdad de la fe en Allah por un trono terrenal. Y mientras que he evitado la política y las posiciones tanto materiales como espirituales, manteniendo el secreto de la sinceridad, he soportado durante veinte años torturas sin precedentes, sin rebajarme a involucrarme en política. Me considero mucho más humilde que mis estudiantes y siempre he buscado sus oraciones y apoyo. Mientras me considero a mí mismo una persona sin importancia, algunos de mis sinceros hermanos, debido a la fortaleza de la fe que han adquirido a través de Risale‑i Nur, han atribuido algunas de las virtudes de Nur a mí como su intérprete en sus cartas personales, aunque sin ninguna intención política. Es una antigua costumbre, no cuestionada, que las personas expresen respeto hacia sus maestros, igual que algunos llaman a personas comunes “mi sultán” o “mi benefactor”. Estas expresiones de admiración que, aunque exageradas, nunca fueron vistas como un delito. En libros antiguos, siempre se han escrito elogios y recomendaciones exageradas al final de los textos, y por lo tanto, ¿cómo podría esto ser considerado un delito?
Si bien, desde la perspectiva de la exageración, esto resulta en cierto modo contrario a la realidad; no obstante —existiendo un hombre desamparado, extraño y con innumerables enemigos, y habiendo tantas causas para ahuyentar a sus auxiliares—, con el único fin de fortalecer la fuerza espiritual de sus ayudantes frente a tantos objetores injustos, salvarlos de la huida y no quebrantar el entusiasmo de quienes lo alaban exageradamente, él desvía esas alabanzas hacia el Nur en lugar de rechazarlas por completo. A pesar de esta realidad, se comprende cuán alejados de la ley y de la equidad han caído ciertos funcionarios oficiales que intentan desviar hacia los intereses mundanos esta labor de la fe en Allah que él realiza a las puertas mismas de la tumba.
Said Nursi