بِاسْمِهِ سُبْحَانَهُ
Mis estimados hermanos verídicos,
Primero: se me recordó que mencionara un suceso digno de reflexión y asombro en relación con el trato hacia mí durante mis dos periodos de cautiverio. Así fue:
en Kosturma, Rusia, estábamos en un barracón con noventa oficiales prisioneros. A veces les daba lecciones a esos oficiales. Un día, el comandante ruso vino y dijo: “este es el comandante del regimiento de voluntarios kurdos que mató a muchos de nuestros soldados. Ahora, aquí da lecciones políticas. Le prohíbo que imparta lecciones”. Dos días después, regresó y dijo: “dado que sus lecciones no son políticas, sino religiosas y morales, continúe con ellas”, y me dio permiso.
En mi segundo cautiverio: mientras estaba en esta prisión, se les prohibió a uno de mis hermanos cercanos, quien había escuchado mis lecciones durante veinte años y daba lecciones incluso mejores que yo, así como a mis ayudantes que se ocupaban de mis necesidades, venir a mi lado por parte de los funcionarios de justicia, para que no recibieran lecciones de mí. Sin embargo, las obras de Risale‑i Nur no dejan necesidad de otras lecciones, no queda ninguna lección pendiente y no hay ningún secreto sin revelar. De todos modos, un incidente hizo que resumiera esta larga historia.