¡Mi estimado, verídico y diligente hermano!
Toda la labor coránica que has llevado a cabo es bendita. Que Cenab‑i Hak, Altísimo Verdadero te conceda éxito, no permita que pierdas el ánimo y aumente tu entusiasmo.
Voy a exponer un principio relacionado con la hermandad. Deben considerar seriamente este principio.
La vida es el resultado de la unidad y la armonía. Cuando la unidad colaborativa desaparece, también se pierde la vida espiritual. Como lo indica la aleya:وَلَا تَنَازَعُوا فَتَفْشَلُوا وَتَذْهَبَ ر۪يحُكُمْSi se rompe la solidaridad, el gusto de la comunidad se desvanece.
Saben que tres “unos” escritos por separado tienen el valor de tres; pero si se escriben juntos con solidaridad numérica, tienen el valor de ciento once. De manera similar, si tres o cuatro siervos de Hak como ustedes trabajan separados, sin división de tareas, su fuerza será equivalente a la de tres o cuatro personas. Pero si actúan con una verdadera hermandad, con una solidaridad que se enorgullece de las virtudes de los demás, y con el misterio de la entrega mutua (tefânî), esos cuatro individuos tendrán una fuerza equivalente a cuatrocientas personas.
Ustedes son como los operadores de las máquinas eléctricas que iluminan no solo a la gran Isparta, sino incluso a un país entero. Las ruedas de la máquina están obligadas a ayudarse unas a otras. No deben envidiarse entre sí; al contrario, se alegran de la fuerza adicional de la otra. Una rueda, si fuera consciente, se alegraría al ver una rueda más fuerte, porque facilita su tarea. Aquellos que llevan en sus hombros el servicio de la verdad, la fe en Allah y el Corán, que es como un gran tesoro elevado, se sienten orgullosos y agradecidos cuando entran hombros más fuertes, y dan gracias.
No abran la puerta a las críticas entre ustedes. Hay muchos fuera del círculo de sus hermanos que pueden ser criticados. Así como yo me enorgullezco de sus virtudes y me siento feliz de que ustedes las posean, aunque yo carezca de ellas, considero que son mías. Deben mirar a sus hermanos con los mismos ojos con los que su maestro los mira, y deben actuar como si cada uno de ustedes fuera el portavoz de las virtudes del otro.
Bediüzzaman