Barla
Barla, el primer centro donde comenzó a escribirse la colección de Risale‑i Nur, enviada en ayuda espiritual a los creyentes. Es el lugar donde surgió una luz de guía procedente del Corán, un sol de felicidad, frente a la terrible corriente de incredulidad y desviación que se abatió sobre la nación islámica, en particular sobre el pueblo de Anatolia. Barla es la bendita tierra donde la Misericordia Divina, el favor de Allah y Su gracia se manifestaron sobre esta noble Anatolia, sobre los hijos de esta heroica nación islámica y sobre el mundo islámico, iluminando las obras que son la base de su vida eterna y felicidad.
Bediüzzaman Said Nursi fue sometido a una constante y severa opresión, vigilancia y aislamiento en la región de Barla. La razón de su destierro a este lugar fue apartarlo de las ciudades populosas, llevarlo a un pueblo remoto para impedir que el fervor islámico en su alma se activara, silenciarlo, evitar que hablara, escribiera obras islámicas y religiosas, y detener su lucha contra la incredulidad y su servicio al Corán, dejándolo inactivo.
Sin embargo, Bediüzzaman logró exactamente lo contrario de este plan. Sin perder un solo momento, en un lugar tan remoto como Barla, escribió las obras de Risale‑i Nur, que enseñan las verdades del Corán y la fe en Allah, y aseguró su difusión en secreto. Este éxito y victoria representaron un gran logro, ya que en esa época tan oscura de incredulidad, no se permitía escribir ni siquiera una obra religiosa genuina. Los eruditos religiosos fueron silenciados y se intentó eliminarlos. Sin embargo, los incrédulos no pudieron destruir a Bediüzzaman ni detener su propagación islámica ni religiosa, que sacudió los corazones y mentes dormidas. La labor religiosa de Bediüzzaman durante los veinticinco años de la más intensa opresión, fue una tarea que nadie más logró realizar en ese periodo.
Bediüzzaman fue desterrado a Barla en 1926‑1927. Estos años marcaron el comienzo de un periodo de opresión absoluta, que duraría veinticinco años en Turquía. Grupos secretos de ateos planificaron “abolir los símbolos del Islam uno por uno para erradicar el espíritu islámico y confiscar y destruir el Corán”. Sin embargo, al considerar que esto no sería posible, formularon un plan más diabólico: “Hagamos un plan que resulte en que la generación que vendrá dentro de treinta años destruya el Corán por sí misma”. Este plan se implementó, y un ataque sin precedentes contra el Islam, tanto material como espiritual, comenzó a extenderse.
Sí, para alejar y privar del Islam a la nación turca, a los hijos de esta patria, que durante seiscientos años —e incluso desde la época de los abasíes, es decir, desde hace mil años— ha desafiado al mundo entero como abanderada del Sabio Corán, se intentaba romper todo tipo de vínculos pertenecientes al Islam, y de hecho se estaba logrando. Este acontecimiento no era parcial, sino total y general. Era un suceso sumamente amplio y abarcador que afectaba la fe y las creencias, así como los desastres terrenales y ultraterrenales, de millones de personas, especialmente de los jóvenes, y de millones de inocentes y estudiantes. Y estaba relacionado con la vida eterna del pueblo de Anatolia que pasará por aquí hasta el Día de la Resurrección.
En aquel tiempo y en aquellos años, con la guía y el testimonio de un brillante pasado de mil años, se realizaban terribles transformaciones y destrucciones en contra del Islam y del Corán en la vida de una nación heroica que había alcanzado la posición más alta y sublime como abanderada del Corán. Se intentaba hacer olvidar a las nuevas generaciones y a los estudiantes de las escuelas el brillante pasado de mil años de yihad religiosa del ejército más renombrado del mundo, así como a sus respetables ancestros sepultados en dicho pasado; y, cortando sus vínculos con el pasado, se preparaba el terreno para el régimen comunista mediante engaños con ciertas palabras enmascaradas y aparentemente brillantes.
En lugar de los más altos principios de progreso y civilización materiales y espirituales existentes en la verdad del Islam, se inculcaban —por parte de comunistas clandestinos, francmasones y ateos— principios sin luz surgidos del pantano de la filosofía antirreligiosa, junto con las ideas e ideologías de literatos y filósofos inmorales; y se intentaba enseñarlos y difundirlos a una escala sumamente amplia. Especialmente, a la cabeza de las ambiciones de los enemigos del Islam, como los ingleses y los franceses, para desgastar y explotar al Mundo Islámico material y espiritualmente, se encontraban los planes de alejar a la heroica nación turca de sus vínculos religiosos y llevarla a una situación totalmente opuesta al Islam en términos de costumbres, tradiciones y moralidad. ¡Y desafortunadamente, estos planes habían sido puestos en práctica!…
He aquí los años en que Bediüzzaman Said Nursî comenzó su servicio a la fe en Allah y al Corán en Anatolia con el Risale‑i Nur, como un abnegado paladín del Islam; los cuales coincidieron con el inicio y el periodo de establecimiento de una época de ateísmo tan terrible como la faz de la tierra jamás había presenciado. Por lo tanto, al contemplar el servicio de Bediüzzaman con el Risale-i Nur, es necesario tener presente una época tan espantosa. ¡Puesto que la más mínima pizca de servicio realizada bajo condiciones tan severas e inéditas en la historia puede adquirir el valor de una montaña, y un servicio minúsculo puede poseer un valor y un resultado grandiosos!
He aquí que el Risale‑i Nur es el fruto y el resultado de una época tan terrible y crucial. El autor del Risale-i Nur es el héroe más grande en el campo de la yihad religiosa de una época espantosa en la que imperó una destrucción de la religión durante veinticinco años, y es el guía más perfecto que mostrará el camino a la humanidad y que invitará a la Comunidad de Muhammad (A.S.M.) hacia la Morada de la Paz hasta el Día de la Resurrección. Y, asimismo, el Risale-i Nur es una espada de diamante del Corán, algo que el tiempo, el lugar y los hechos han demostrado con absoluta certeza y han puesto ante los ojos de todos.
He aquí que, bajo las condiciones sumamente severas que fueron obra de los antirreligiosos que originaron una época tan dolorosa, trágica y terrible, las obras del Risale‑i Nur —que Bediüzzaman logró compilar gracias a la gracia Divina— constituyeron un muro enorme y majestuoso e imposible de derribar contra la invasión del ateísmo. El Risale-i Nur demostró con pruebas incontrovertibles y argumentos racionales y lógicos que las filosofías opuestas a la religión, como el materialismo y el naturalismo, son un absurdo, una falsedad y una imposibilidad, convenciendo y silenciando incluso a los filósofos más incrédulos. Condenó al escepticismo absoluto a la derrota y detuvo la invasión de la impiedad.
Sí, el Risale‑i Nur, que brotó y resplandeció con fuerza bajo aquella opresión, tortura e insultos históricos infligidos a Bediüzzaman, es una Espada del Islam tanto en esta época como en el futuro. El Risale-i Nur se ha convertido en el amado de las almas, el dilecto de los corazones, el idilio de los apasionados y el alma de las vidas; y, cuando ha sido necesario, se han sacrificado vidas por este bien supremo. El Risale-i Nur ha prestado y sigue prestando servicio en la sublime posición de ser la corona de la cabeza y el salvador de la humanidad. El Risale-i Nur ha emergido como un milagro espiritual del Corán esperado en los últimos siglos; y, comenzando por su autor Bediüzzaman Said Nursî, millones de sus estudiantes y hermanos, girando como mariposas nocturnas alrededor de esta verdad coránica, se han iluminado con su luz, han absorbido las verdades del Corán y de la fe en Allah contenidas en él, han fortalecido su fe y se han determinado con el objetivo de proclamar esta magna verdad a todo el mundo, leyéndola y sirviéndola hasta morir.
Sí, el motivo de orgullo que hará vivir con honor para siempre a la nación turca, a los habitantes de esta patria y al Mundo Islámico, y que —tal como en el pasado— los hará registrar en el futuro en las páginas doradas de la historia como los pioneros y renombrados comandantes del Mundo Islámico en el servicio al Corán y al Islam, es el Risale‑i Nur. Esta obra, que posee una gran amplitud y universalidad, que emergió en Anatolia y en el Mundo Islámico gozando en todas partes de una excelente aceptación e influencia, y que se desarrolla y difunde cada vez más, es propiedad del Corán, es propiedad del Mundo Islámico y de la gente creyente, y es un motivo de orgullo islámico para los habitantes de esta patria. Es el punto de apoyo de un gobierno que rija en este país y, al mismo tiempo, es un conjunto de magnas verdades para anunciar a todo el mundo, las cuales, insha´Allah, llegará un momento en que se enseñarán y proclamarán a todos los universos a través de la radio.
Sí, un sol ha nacido desde Turquía hacia el campo de la ciencia y el saber mundial. ¡Este sol naciente es un reflejo del sol que nació para la humanidad hace mil trescientos años, es uno de los destellos de aquel sol espiritual que brilla en cada siglo y es su esperada última milagro espiritual! Y ha mostrado su influencia no solo en el campo de la espiritualidad, sino también de manera externa y material.
¡Sí, el Risale‑i Nur posee una influencia colosal que está por encima de las bombas atómicas y similares, y de las armas a las que se aferran y en las que confían todas las naciones del mundo para proteger y defender sus vidas! Quienes observan los Tratados de Nur con una mirada de ciencia y discernimiento, y quienes prestan atención al servicio a la fe en Allah que el autor del Risale-i Nur, Bediüzzaman Said Nursî, ha realizado en Anatolia desde hace treinta años, ven, comprenden y confirman que esto es así. Para las personas que penetran en la verdad, los resultados del servicio realizado en el tiempo transcurrido desde el surgimiento del Risale-i Nur hasta el día de hoy son sumamente majestuosos y grandiosos, ¡y son dignos de miles de millones de elogios y felicitaciones!
Sí, el Risale‑i Nur, al difundir la fe verificada en esta patria, ha fortalecido la fe y, enfrentándose y luchando de manera positiva contra la impiedad, la falta de fe, la desviación y la depravación en este país, las ha derrotado. Ha salido victorioso en su gran, universal y general lucha religiosa. Los Estudiantes de Nur, que son un grupo de combatientes fehacientes, se han convertido en el medio para atraer y recibir la atención de la Misericordia Divina a través de un magno, espiritual y aceptado secreto que nace de la máxima lealtad y unión. Aunque este sincero grupo de combatientes se encontraba al principio en un círculo estrecho como una pequeña semilla, así como en esa semilla reside la esencia de un árbol Tuba que invadirá el universo, con el surgimiento y la difusión en Anatolia del Risale-i Nur —emanado del Corán en el decimocuarto Siglo de Muhammed (A.S.M.)—, finalmente ha florecido y se ha expandido hasta abarcar al Mundo Islámico y a la humanidad, ¡y se expandirá aún más!
He aquí que el Risale‑i Nur, debido tanto a su extraordinaria sinceridad como a haber adoptado como profesión fundamental únicamente el servicio a los fundamentos del monoteísmo y de la fe en Allah, adquiriendo así una santidad, y al hallarse en su esencia todas las verdades coránicas e islámicas constituyendo una luz de la verdad que lo cubrirá todo, se ha convertido —ante la Misericordia Divina— en el medio para proteger a esta nación islámica de los peligros de catástrofes y destrucción materiales y espirituales, actuando como un muro coránico y una luz de la fe en Allah.
¡El Risale‑i Nur, en su lucha contra los opositores de la fe en Allah y del Corán, no ha elegido el camino de la fuerza y la disputa, sino el camino de la persuasión y la demostración!
El Risale‑i Nur, en sus ciento treinta epístolas, ha mostrado directamente el rostro nítido de la verdad con toda claridad y desnudez. Ha demostrado ante la opinión pública de todo el mundo y en todo el campo del pensamiento y de la filosofía, con pruebas rotundas e incontrovertibles, al Islam como la Religión Verdadera y el carácter milagroso del Corán como el sol de guía del mundo de la humanidad. Y ha probado con argumentos lógicos que todos los principios de perfección, civilización y progreso sobre la faz de la tierra han llegado de la mano de las religiones celestiales y de los profetas; y que, especialmente con el surgimiento del Islam, el mundo de la humanidad se ha salvado y se salvará del pozo de la ignorancia bajo el liderazgo del Mundo Islámico.
Las virtudes, el bienestar común y los principios humanos similares que se observan dentro de la filosofía y la sabiduría se deben a que la salida del sol de la Misión Profética ha producido reflejos y destellos en las mentes y los corazones de la humanidad, semejantes a las luces del mundo nocturno que se difunden e iluminan con la salida del sol. Estas luces que se aprecian sobre la filosofía y la sabiduría verdaderas, así como sobre la ciencia y el arte, provienen de los reflejos y las manifestaciones de ese sol del Corán y de la lámpara de la Misión Profética sobre el género humano.
¡Oh Mundo Islámico! Despierta y aférrate al Corán. Dirige toda tu existencia material y espiritual hacia el Islam.
Y tú, descendiente de los gloriosos ancestros que, durante mil años de historia, sirvieron al Corán y difundieron la luz del Islam sobre la faz de la tierra. Dirige tu atención al Corán. Esfuérzate por comprenderlo, leerlo y estudiar las epístolas de Nur, un milagro espiritual del Corán en este tiempo. Mientras tu lengua proclama las aleyas del Corán al mundo, que tus acciones, comportamiento y moralidad también reflejen su significado. Proclama el Corán con el lenguaje de tus acciones. Entonces serás el maestro del mundo, el líder de la humanidad y el medio de su felicidad.
¡Oh hijos y nietos de los gloriosos ancestros que, como abanderados del Corán, alcanzaron un lugar supremo y sagrado en el mundo! Despierten. Dormir en medio del amanecer del Mundo Islámico no es sabio en absoluto. Para ser guías en el despertar del Mundo Islámico y para ser compañeros y hermanos, es esencial iluminarse con la luz del Corán y la fe en Allah, perfeccionarse con la educación del Islam y aferrarse a la verdadera civilización islámica, que es el pináculo del progreso humano.
Incorporen las ciencias y las artes, originalmente propiedad del Islam, traídas de Europa y América, en la luz de la unidad divina. Miren estas ciencias y artes a través de la perspectiva reflexiva y significativa del Corán, proclamando y diciendo: “¡Avancen hacia las verdades de la fe y del Corán, que muestran el camino hacia la felicidad eterna!”.
¡Oh respetados hermanos en la religión, herederos de los heroicos soldados de los ejércitos de Asia conquistadores del mundo antiguo!
Es suficiente con haber dormido quinientos años. Despierten ahora con el amanecer del Corán. De lo contrario, al cerrar los ojos ante el sol del Corán y continuar durmiendo en el desierto del olvido, la ignorancia y la negligencia los arrasarán y destruirán.
No se separen del curso del Corán como gotas de agua que caen al suelo sin unirse. De lo contrario, la lujuria y la decadencia de la civilización los absorberán y destruirán, como el suelo absorbe el agua dispersa. Únanse como gotas de agua, fluyendo en el curso del Corán, y barran la inmoralidad y corrupción de la civilización. Lleven las aguas de la verdad islámica, que son la fuente de la vida, a esta tierra.
Bajo la luz de la fe en Allah, esas aguas de la verdad islámica harán florecer las flores de la verdadera civilización, la ciencia y el arte, convirtiendo esta tierra en un paraíso de felicidad tanto material como espiritual. ¡Insha'Allah!
Volviendo al tema: los años en los que Bediüzzaman Said Nursi fue asignado a residir en Barla y escribió Risale‑i Nur fueron, como mencionamos anteriormente, tiempos importantes en los que un pequeño acto podía adquirir el valor de una montaña. Así como una hora de guardia en las condiciones extremas del invierno es mejor que un año de adoración, escribir incluso una sola epístola auténtica sobre la fe en Allah y el Islam en ese periodo de oscuridad tenía el valor de miles de epístolas.
Sí, en aquella época espantosa en la que imperaba la impiedad, se intentaba humillar a las personas de religión. Incluso se pensó en abolir por completo el Corán y exterminar totalmente los preceptos de la fe tal como en Rusia; sin embargo, cuando se planteó la posibilidad de que esto provocara una reacción contraria por parte de la nación islámica, se desistió de ello y únicamente se tomó la siguiente decisión: “¡La juventud que crezca con los nuevos métodos de enseñanza que implementaremos en las escuelas eliminará el Corán, y de esta manera se cortará la relación de la nación con el Islam!”. Las fuentes de aquella terrible intriga que urdían todos estos planes espeluznantes eran los líderes y secuaces de las corrientes ateas extranjeras, quienes son los actuales opositores y enemigos del desarrollo religioso.
Sí, delegamos la cara oculta y los detalles de aquellos espantosos acontecimientos provocados en el seno de la nación turca a los historiadores amantes de la verdad del futuro, y a los escritores islamo‑turcos que hoy en día los están publicando hasta cierto punto gracias a la libertad de la administración democrática.
Nuestra tarea consiste, única y exclusivamente, en ocuparnos de las verdades de la fe en Allah y del Corán. Estamos única y exclusivamente en la corriente de la fe y del Islam.
Sí, en las épocas más furiosas de aquella desviación y ateísmo, Bediüzzaman Said Nursî se encontraba bajo una constante vigilancia y asedio, y bajo condiciones tan espantosas y sumamente severas. Se infligían a Bediüzzaman variedades de opresión que los Nimrods, los Faraones, los Shaddads y los Yazids no pudieron cometer. Y esto continuó así durante veinticinco años. En aquel tiempo, el Mundo Islámico era materialmente pobre y se encontraba bajo el cautiverio de los invasores. Todos los comités clandestinos de corrupción e impiedad realizaban actividades espantosas tanto en Turquía como en el Mundo Islámico, sus partidarios los apoyaban y todos ellos se aliaban en contra del Islam.
He aquí que el Risale‑i Nur es el fruto de una época que encierra un valor de la misma naturaleza que la importancia de las batallas de Badr y Uhud —las cuales tuvieron el carácter de llaves para la conquista del mundo por parte del Islam en la Era de la Felicidad—; por lo que el servicio a la fe del que ha sido medio y la yihad religiosa espiritual que ha llevado a cabo poseen una magnitud jamás vista en la historia en ninguna otra época, a excepción de la Era de la Felicidad.
Bediüzzaman Said Nursi, quien se encontraba en un estado de reclusión y exilio, casi como si tuviera las manos atadas, logró, bajo condiciones de opresión extrema, escribir y publicar las 130 obras de Risale‑i Nur. Actuando como un elocuente predicador, habló desde la “mezquita de Anatolia” y el “gran templo del Mundo Islámico”, transmitiendo a los musulmanes las lecciones que había recibido del Corán. Es como si Bediüzzaman Said Nursi estuviera de pie en la cúspide del minarete del decimocuarto siglo de la Era de Muhammed y del siglo veinte de la era cristiana, llamando a sus contemporáneos del Mundo Islámico y a toda la humanidad. También se dirige a las filas del futuro, que están alineadas detrás de este siglo, hablando como un Gran Guía y un Gran Renovador.