¡Mi querido y venerable maestro!
Cada una de sus Palabras (es decir, sus Tratados) es un vasto océano. Obtengo una gran inspiración de sus Palabras. Tanto es así que, cuanto más leo, más deseo repetirlas. Y el gozo divino que siento al repetirlas es indescriptible. Hoy, estoy plenamente convencido de que quien reciba una sola de sus Palabras, no digamos todas, y la lea con justicia, se verá obligado a aceptar la verdad. Si es incrédulo, abandonará su camino; y si es un pecador, se arrepentirá.
Husrev