Carta de un erudito residente en Medina que ha comprendido plenamente la verdad de Nur y sirve al Islam
¡Oh, nuestro venerado y noble Maestro, conquistador de los corazones!
Beso sus manos benditas y suplico a la Suprema Presencia Divina que le conceda a usted y a todos sus fieles y nobles estudiantes salud y bienestar perpetuos.
Su absolución, que solo puede describirse como una gran festividad para los musulmanes, ha llenado de alegría y regocijo a todos los seguidores de Nur, así como a mí mismo, colmándome de una felicidad inmensa. ¿Cómo no habría de alegrarme? Pues su absolución, junto con la difusión de sus obras, significa la victoria del espíritu sobre la materia, de la luz sobre la oscuridad, de la fe sobre la incredulidad, de la verdad sobre la falsedad, de la unicidad divina sobre la idolatría y del conocimiento sobre la ignorancia.
Durante años, el torrente de Nur, que ha sido obstaculizado por barreras imponentes como montañas y bloqueado por abismos aparentemente infranqueables, ha logrado, de manera milagrosa, derribar todos los diques, superar todos los obstáculos y dispersar todas las tinieblas con su luz.
Se dice que “ante los milagros divinos que emergen con maravillas extraordinarias, las plumas se quiebran, las ideas se desbordan y las inspiraciones se consumen en llamas”. En verdad, ahora, ante esta victoria sin precedentes, siento profundamente esa misma impotencia en cada fibra de mi ser. Porque ante mi pensamiento e inspiración, se abre un horizonte infinito… El mundo entero se asemeja a un majestuoso santuario de luz… Todo a mi alrededor, cada lugar, cada cosa, está sumido en un profundo éxtasis de devoción y contemplación… En cada partícula del universo, resplandece la verdad divina contenida en la aleya:وَاِنْ مِنْ شَيْءٍ اِلاَّ يُسَبِّحُ بِحَمْدِهِ“Y no hay nada que no celebre Su alabanza…”.
Por lo tanto, ¿cómo debería describir este acontecimiento bienaventurado? ¿Cómo una victoria gloriosa? ¿Cómo una conquista majestuosa? ¿Cómo una liberación divina? ¿O como una celebración universal? Porque este triunfo divino logrado por su sagrada causa ha fortalecido la determinación de los combatientes de la fe en todo el mundo islámico y en la humanidad entera. Ha dado vida a sus almas, vigor a su fe y entusiasmo a sus corazones.
Sí, muchos musulmanes, cuya determinación, fe, amor y aspiraciones aún no habían alcanzado la perfección, estaban, lamentablemente, sumidos en una dolorosa desesperación. Veían la realización de tal victoria como un sueño irrealizable, una quimera. Sin embargo, la difusión de la luz de Nur, que obtiene toda su bendición y esplendor del Corán Sagrado, que desciende como un sol divino desde los radiantes horizontes del Trono Supremo, ha inundado de fervor los corazones que antes se asemejaban a lagos estancados. Esta luz ha roto las terribles cadenas que las amargas décadas de tristeza y oscuridad impusieron a la esperanza y a los ideales. Las obras que emanan de esta fuente de luz, rebosantes de sabiduría y espiritualidad, no solo han respondido a las necesidades eternas y esenciales de los sentimientos, pensamientos, almas y conciencias consumidas en llamas, sino que también han rescatado a la humanidad de los abismos sofocantes de la oscuridad, elevándola hacia horizontes puros y resplandecientes de luz.
Después de años de prolongado silencio, profunda negligencia y opresiva oscuridad, esta sagrada victoria ha resplandecido como un sol divino. Este triunfo bendito anuncia que la humanidad, que deambula en busca de luz, despertará en un futuro próximo… Porque la necesidad de la religión no es exclusiva de los musulmanes, sino un requerimiento eterno y universal de toda la humanidad.
Hoy en día, la desafortunada humanidad sufre con el corazón desgarrado por las constantes aflicciones y desastres derivados de la privación de la bendición de la religión. Como resultado de esta crisis trágica, en solo un cuarto de siglo, el mundo ha sufrido dos grandes guerras y ahora, con una locura insensata, está tocando a la puerta de una tercera.
Ya no queda duda de que la única fuerza capaz de unir a toda la humanidad como hermanos bajo una bandera universal, ondeando con los vientos de paz, felicidad y tranquilidad procedentes de los resplandecientes horizontes del paraíso, es el Islam. Porque la condición actual de la humanidad es idéntica a la de las sociedades humanas antes del advenimiento del Islam. Así como el Islam salvó a la humanidad de la ruina eterna en aquel entonces, hoy también puede hacerlo…
Sí, el único refugio compasivo capaz de sanar la profunda herida que ha estado sangrando en los corazones de millones y miles de millones de personas durante siglos es el Islam. A pesar de que en el horizonte a veces aparecen luces artificiales, toda la luz y bendición del futuro no provendrá de esos soles pasajeros, sino de la eterna y perpetua “Estrella Divina” que obtiene su esplendor directamente de Rabb‑ul Alemin, el Señor de los Mundos. Esa Estrella brillará mientras el mundo exista, y aquellos que intenten apagarla serán aplastados y destruidos.
Oh, Maestro de valor inestimable para el mundo,
es bien sabido por los sabios que, en los últimos tiempos, han surgido algunos movimientos de iluminación y orientación que sirven a la causa sagrada. Sin embargo, ninguno de ellos ha logrado desempeñar la grandiosa misión que ha cumplido la Colección Risale‑i Nur ni alcanzar la victoria divina que ha conseguido. Porque este camino es el camino sagrado de los Profetas, de los santos, de los sabios y justos. Es sobre todo, el camino sagrado de los heroicos mártires que por amor a su Creador, sacrificaron sus vidas sin dudarlo, en un número incontable de millones. Por lo tanto, aquellos que deseen transitar este camino difícil deben tener siempre presente que en cada paso se encontrarán con inmensas dificultades que se interpondrán en su camino.
Sí, quienes quieran recorrer este sendero deben estar equipados con una fe inquebrantable, como la suya, un conocimiento elevado y divino, y una sinceridad y abnegación extraordinarias. Porque el método de predicación, iluminación y guía que sigue la causa de Nur en este campo trascendental posee características únicas y excepcionales. Este tema es tan profundo y tan importante, que abre horizontes completamente nuevos para la mente, el alma, el corazón y la conciencia de las personas. Por ello, le ruego que ore para que tenga el honor de presentar este tema luminoso en una obra independiente y detallada para nuestros queridos hermanos en la fe. Porque este asunto tan profundo y sagrado no puede ser plenamente expresado en unas pocas páginas de una carta o un artículo.
La juventud, cuyos corazones han sido conquistados con la luz de la fe en Allah y del Corán, es el testimonio más claro y el mayor tesoro de su victoria divina. En cada verso de “Las Voces de Nur”, he dirigido mi mensaje al alma noble y consciente de esta juventud pura, que anhela ardientemente la verdad y la justicia.
Ahora, con la inspiración que me ha otorgado la emoción de esta última victoria de Nur, le presento este poema que he escrito. Le ruego que lo acepte con benevolencia.
Beso sus manos una y otra vez y espero con ansias sus valiosas oraciones, oh, Maestro venerado y honorable.
Su hijo espiritual,Ali Ulvi