Su Compasión y Misericordia
El Gran Maestro había encontrado la verdad y la realidad desde su niñez. Incluso en los días en que se retiraba a las cuevas para escuchar el clamor de su corazón y la súplica de su alma, ya era un “Arif‑i Billah” (un conocedor de Allah) que había alcanzado el deleite de encontrar paz y consuelo en la adoración, la reflexión y la meditación.
Sin embargo, en aquellos días peligrosos, cuando el mundo musulmán y, por ende, nuestro país estaban siendo cubiertos por el oscuro manto del ateísmo y la incredulidad, que asemejaba las olas de una noche tormentosa, se levantó como un león que despierta de su descanso. Con un rugido comparable a un volcán en erupción, se lanzó al campo de batalla de la lucha. Sacrificó toda su tranquilidad y paz por esta causa sagrada. Y es por esta razón que, desde ese día, cada una de sus palabras se ha convertido en una lengua de lava, y cada uno de sus pensamientos, en una chispa de fuego. Enciende los corazones en los que cae, inflamando sentimientos e ideas.
El retorno del Gran Maestro a la vida de guía y servicio a la sociedad, después de un período completo de retiro y aislamiento, es muy similar a aquella importante y trascendental etapa que vivió el Imán Gazali en su vida.
Esto demuestra que Allah, Cenab‑i Hak, prepara, purifica y refina a los grandes guías en un período de retiro antes de encargarlos con la misión de iluminar y guiar. Por esta razón, sus palabras, que emanan de corazones más puros y cristalinos que el agua más pura, tienen un impacto completamente transformador en los corazones en cuanto los tocan.
Como mencioné, las conquistas en el ámbito de la moral y la virtud logradas por el Imam Gazali hace novecientos años, han sido logradas en este siglo por Bediüzzaman en el camino de la fe y la sinceridad.
Sí, lo que llevó al Gran Maestro a estos desafiantes campos de lucha fue su incomparable compasión y misericordia. Escuchemos esto directamente de él mismo:
“Me dicen: '¿Por qué te enfrentas a tal o cual?' No soy consciente de ello; frente a mí hay un incendio terrible… las llamas se elevan hacia los cielos, mi hijo está ardiendo dentro, mi fe está prendida en llamas. Corro para apagar ese incendio, para salvar mi fe. Si en el camino alguien intenta obstaculizarme y mi pie lo golpea, ¿qué importancia tiene? ¿Puede este pequeño incidente tener algún valor frente a ese incendio devastador? Pensamientos limitados, perspectivas estrechas…”