El Aspecto Sufí
Pregunté a un gran erudito de la cadena Naqshbandi, alguien que trataba de ajustar cada uno de sus actos con los de nuestro Noble y Glorioso Profeta, lo siguiente:
– Maestro, ¿cuál es la causa de la tensión entre los eruditos y los sufíes?
– Los eruditos han heredado el conocimiento del Generoso Mensajero de Allah, mientras que los sufíes han heredado sus acciones. Por esta razón, a aquellos que heredan tanto el conocimiento como las acciones del Profeta se les llama “Zulcenaheyn,” es decir, “los de dos alas.”
Por lo tanto, el propósito del camino sufí no es actuar con concesiones, sino con determinación, adoptando la moralidad profética y limpiándose de todas las enfermedades espirituales para alcanzar la complacencia de Allah. Aquellos que logran este nivel sublime son indudablemente los buscadores de la verdad. Es decir, han alcanzado el objetivo del camino sufí. Sin embargo, dado que no todos pueden alcanzar este alto nivel, nuestros grandes maestros han establecido ciertas reglas para facilitar la llegada a este destino deseado. En resumen, el sufismo es un círculo dentro del círculo de la sharía, ley islámica. Quien cae del sufismo cae dentro de la sharía, pero –que Allah nos proteja– quien cae de la sharía queda en una perdición eterna.
De acuerdo con las palabras de este gran hombre, no hay ninguna diferencia esencial entre el camino de luz que ha abierto Bediüzzaman y el auténtico sufismo. Ambos conducen a la complacencia de Allah, y como resultado, al Paraíso Supremo y a la visión del Mevla, Señor.
Por lo tanto, no hay ningún impedimento para que cualquier hermano sufí, cuyo objetivo sea este noble propósito, lea con entusiasmo la colección de Risale‑i Nur. Más bien, Risale-i Nur amplía el círculo de “murakaba” (contemplación) en el sufismo a través del camino del Sagrado Corán y le añade una tarea adicional: “tefekkür” (reflexión), como una de las prácticas más importantes.
Sí, gracias a este “tefekkür” que abre nuevos horizontes para la mente y el corazón, un buscador que antes estaba ocupado solo con la contemplación de su corazón, ahora contempla y observa con éxtasis la magnificencia del universo, desde las partículas hasta los astros, junto con su corazón y todas sus facultades espirituales. Ve cómo los bellos nombres y los sublimes atributos de Allah se manifiestan de mil maneras en esos mundos, sintiendo que se encuentra en un templo infinito con, aynelyakin, ilmelyakin y hakkalyakin, certeza visual, certeza del conocimiento y certeza absoluta. Porque este “templo” al que ha entrado es tan grandioso que contiene a una comunidad innumerable de seres que, en amor, entusiasmo, reverencia y absorción, mencionan a su Creador. Con sus dulces y hermosas lenguas, acentos, melodías, armonías y composiciones, todos ellos dicen al unísono:سُبْحَانَ اللّٰهِ وَالْحَمْدُ لِلّٰهِ وَلاَ اِلهَ اِلاَّ اللّٰهُ وَاللّٰهُ اَكْبَرُ“Glorificado sea Allah, la alabanza es para Allah, no hay otro dios sino Allah, y Allah es el más grande”.
Aquel que sigue el camino de fe, conocimiento y el Corán abierto por Risale‑i Nur entra en un templo tan grandioso y magnífico. Y cada uno se beneficia de esta luz divina en proporción a su fe, conocimiento, sinceridad y pureza.