Una Parte de la Novena Esperanza del Vigésimo Sexto Destello (Lem'a)
En cautiverio en la Guerra Mundial, estaba en la Provincia de Kosturma, que está muy lejos del nordeste de Rusia. Allí había una mezquita pequeña de los tártaros, al lado del conocido rio Volga. Me aburría allí entre los oficiales cautivos, que fueron mis amigos. Deseé soledad. No podía pasear afuera sin permiso. El barrio tártaro me tomó bajo fianza a vivir en la mezquita pequeña que está al lado de ese rio Volga. Yo quedaba solo en la mezquita. La primavera estaba cerca.
Pasaba despierto muchas veces durante esas noches largas de esa región del norte. En esas noches oscuras y en esa oscura lejanía de la tierra natal, los gorgoteos tristes del rio Volga, las salpicaduras lastimeras de la lluvia, y el soplido del viento con separación, me despertaron del sueño profundo de la negligencia temporalmente. Aunque no me consideraba a mí mismo como anciano, pero aquel que vio la Guerra Mundial es anciano. Como si manifestara el misterio deيَوْمًا يَجْعَلُ الْوِلْدَانَ ش۪يبًاson tales días respecto a que envejecen los niños, a pesar de que tenía cuarenta años, me encontré a mí mismo en un estado de ochenta años. Dentro de esa larga noche oscura, de la lastimosa lejanía de la tierra natal y de una situación triste, ocurrió una desesperanza por la vida y patria. Miré a mi inhabilidad y soledad, desapareció mi esperanza. Cuando estaba en ese estado, llegó la ayuda desde el Sabio Corán; mi lengua dijo:حَسْبُنَا اللّٰهُ وَنِعْمَ الْوَك۪يلُ, mi corazón también llorando dijo:غَرِيبَمْ بِى كَسَمْ ضَعِيفَمْ نَاتُوَانَمْ اَلْاَمَانْ گُويَمْعَفُوْ جُويَمْ مَدَدْ خَواهَمْ زِدَرْگَاهَتْ اِلٰهِى
Mi espíritu, también pensando en los viejos amigos de mi patria, imaginando mi fallecimiento en esa lejanía de la tierra natal, dije como Niyazi‑i Misri: Dejando la angustia del mundo, abriendo las alas a la inexistencia, Volando cada momento con fervor, llamo “amigo, amigo”. Así buscaba a los amigos. Lo que sea. En esa larga noche triste, lamentosa y con separación, mi debilidad e inhabilidad fueron un medio e intercesor tan grandes en el trono divino, que ahora también estoy en asombro. Porque unos días después, de una manera muy inesperada, me escapé solo a pesar de no saber ruso, a una distancia de un año si se va a pie. Con la ayuda divina que vino por mi debilidad e inhabilidad, me salvé maravillosamente. Pasando por Varsovia y Austria, llegué a Estambul, que salvarme de esta manera con facilidad, fue muy extraordinaria. Terminé ese viaje largo de escape con mucha facilidad, que las personas más valientes y astutas que saben ruso no podían lograr.
Pero la situación de la mencionada noche en la mezquita que está al lado del rio Volga, me hizo llegar a esta decisión: “Pasaré el resto de mi vida en las cuevas. Ya basta de interferir en la vida social de estas personas. Ya que al final entraré en la tumba solo; para acostumbrarme a la soledad, elegiré la soledad desde ahora.” Pero lamentablemente, muchos amigos serios en Estambul, la resplandeciente vida social de Estambul, especialmente las cosas infructíferas como fama y honor que me llegan muy superior a mi límite, me hicieron olvidar esa decisión mía temporalmente. Como si esa noche de la lejanía de la tierra natal fuera la negrura luminosa en el ojo de mi vida. El día blanco y resplandeciente de Estambul fuera la blancura sin luz de ese ojo de mi vida que no pudo ver más allá; de nuevo se durmió, hasta que dos años después, Gavs‑i Geylani, por medio de su libro “Descubrimiento de lo Oculto”, de nuevo abrió mis ojos.