Durante su tiempo en el Consejo de Sabiduría Islámica, experimentó una transformación espiritual, que expresó de la siguiente manera en una de las obras que publicó más tarde:
Hace treinta años, la mente descuidada del Antiguo Said recibió golpes terribles, y reflexionó sobre la cuestión de “El‑mevtu hakkun, la muerte es una realidad”. Se vio a sí mismo en el barro de un pantano. Buscó ayuda, buscó un camino, y trató de encontrar a un salvador. Vio que había muchos caminos diferentes y quedó indeciso. Consultó el libro “Fütuh-ul Gayb” del Gran Gavs, el Sheij Geylani (Radiyallahu Anh), mediante un tefe'ül, al abrir el libro al azar buscando un augurio. En el tefe'ül salió lo siguiente:اَنْتَ فِى دَارِ الْحِكْمَةِ فَاطْلُبْ طَبِيبًا يُدَاوِى قَلْبَكَ“Estás en la Casa de la Sabiduría, busca un médico que cure tu corazón”. Es asombroso que en ese momento yo era miembro del Departamento de la Sabiduría Islámica. Era como si fuera un médico que intentaba curar las heridas de los musulmanes. Sin embargo, yo era el más enfermo. El enfermo debe primero atenderse a sí mismo, y luego puede atender a los demás enfermos.
Entonces, el Noble Sheij me dijo: “estás enfermo, busca un médico para ti mismo.” Yo respondí: “sé tú mi médico.” Me consideré su interlocutor y leí el libro como si estuviera dirigido a mí. Pero el libro era muy severo. Rompía mi orgullo de manera aterradora. Realizó una cirugía intensa en mi alma. No pude soportarlo y solo leí hasta la mitad, considerándome su interlocutor; no pude terminarlo. Guardé el libro en el estante. Sin embargo, después, los dolores que vinieron de la cirugía sanadora desaparecieron y surgió el placer. Terminé leyendo por completo el libro de mi primer maestro y obtuve grandes beneficios. Y al escuchar sus súplicas y oraciones, obtuve mucho provecho espiritual.
Luego vi el libro Mektubat del Imam‑i Rabbani, lo tomé en mis manos y lo abrí con una intención pura. Es sorprendente que en todo el Mektubat, solo en dos lugares aparece la palabra “Bediüzzaman”. Esas dos cartas se abrieron de inmediato ante mí. Dado que el nombre de mi padre es Mirza, al comienzo de esas cartas vi escrito “Carta a Mirza Bediüzzaman”. Exclamé: “¡Fesubhan'Allah! Esto me está hablando a mí.” En ese entonces, uno de los apodos del Antiguo Said era “Bediüzzaman”. Sin embargo, aparte de Bediüzzaman-ı Hemedani, que vivió en el siglo tres de la Hégira, no conocía a nadie más que se hubiera hecho famoso con ese título. Resulta que en la época del Imam también había un hombre a quien se le escribieron esas dos cartas. Su situación se parecía a la mía, y encontré en esas dos cartas una cura para mi propio sufrimiento.
Solo que el Imam, como recomienda insistentemente en muchas de sus cartas, insiste en algo en particular en esas dos cartas: “unifica tu dirección espiritual.” Es decir, toma a uno como maestro, síguelo y no te distraigas con otros. Esta recomendación tan importante no era compatible con mi capacidad y estado espiritual. Por más que lo pensaba: “¿Debería seguir a este, o a ese, o a otro?” Me quedaba en la incertidumbre. Cada uno de ellos tenía características atractivas únicas. No podía conformarme solo con uno. Mientras estaba en esa incertidumbre, por la misericordia de Cenab‑i Hak, sentí en mi corazón que “la fuente de estos diferentes caminos, el origen de estos ríos y el sol de estos planetas es el Sabio Corán. La verdadera unificación de la dirección espiritual se encuentra en él. Entonces, el maestro más elevado y el guía más sagrado también es él.” Me aferré a él.