Después de esto, no permanece mucho tiempo en Estambul; se marcha con rumbo a Van y en su camino desde Estambul hacia allí, pasa por Batumi y luego por Tiflis. En Tiflis, sube a la colina de Sheij San'an. Mientras contempla los alrededores con atención, se le acerca un policía ruso y le pregunta: – ¿Por qué observas todo con tanta atención?
Bediüzzaman responde: – Estoy diseñando el plano de mi madrasa.
El policía le pregunta: – ¿De dónde eres?
Bediüzzaman responde: – Soy de Bitlis.
El policía ruso: – ¡Esto es Tiflis!
Bediüzzaman: – Bitlis y Tiflis son hermanos.
El policía ruso: – ¿Qué quieres decir?
Bediüzzaman: – En Asia, en el mundo islámico, tres luces han comenzado a desarrollarse una tras otra. Mientras tanto, en vuestro mundo, tres oscuridades comenzarán a desarrollarse una sobre otra. Este velo de opresión se desgarrará y desaparecerá, y yo regresaré aquí para construir mi madrasa.
El policía ruso: – ¡Bah! Me sorprende tu esperanza.
Bediüzzaman: – Y a mí me sorprende tu entendimiento. ¿Es posible creer en la continuidad de este invierno? Cada invierno tiene su primavera, y cada noche tiene su día.
El policía ruso: – Pero el Islam está dividido en pedazos.
Bediüzzaman: – Han ido a estudiar. Mira, la India es un hijo talentoso del Islam; está estudiando en la escuela secundaria inglesa. Egipto es un hijo inteligente del Islam; está recibiendo lecciones en la academia civil inglesa. El Cáucaso y Turkestán son dos valientes hijos del Islam; están siendo entrenados en la academia militar rusa. Y así sucesivamente…
¡Oh, estos nobles hijos, después de recibir sus diplomas, cada uno de ellos asumirá el liderazgo de una región y ondeará la bandera de su glorioso y justo padre, el Islam, en las cumbres de la perfección! Así, desafiando al destino, declararán al mundo entero el secreto de la sabiduría eterna que reside en la humanidad bajo la mirada del destino eterno.