Solo la Verdad Habla
Se ha demostrado en Risale‑i Nur que en ocasiones, la justicia se manifiesta dentro de la opresión. Es decir, una persona puede ser víctima de una injusticia, sufrir una calamidad, ser condenada a prisión e incluso arrojada a una mazmorra. Este juicio puede ser un acto de opresión. Sin embargo, este hecho puede convertirse en un medio para la manifestación de la justicia. El Destino Divino hace que una persona, que en realidad ha merecido un castigo por otra razón, sea sometida a una sanción a través de la mano de un opresor, llevándola hacia la calamidad. Esto es una forma de manifestación de la Justicia Divina.
Ahora reflexiono… Durante veintiocho años he sido trasladado de provincia en provincia, de pueblo en pueblo, llevado de un tribunal a otro. ¿Cuál es el delito que me atribuyen aquellos que me han sometido a estas torturas crueles? ¿Usar la religión como instrumento de la política? ¿Pero por qué no pueden probarlo? Porque, en realidad, tal cosa no existe. Un tribunal pasa meses, incluso años, tratando de encontrar una culpa para condenarme. Cuando no lo logra, otro tribunal me juzga nuevamente por el mismo asunto, también intentando durante un tiempo, sometiéndome a presiones, infligiéndome todo tipo de tormentos. Pero tampoco obtiene resultados y me deja libre. Entonces, un tercero se aferra a mí. Y así, de desgracia en desgracia, de calamidad en calamidad, he sido arrastrado. Veintiocho años de mi vida han transcurrido de esta manera.
Finalmente, incluso ellos han entendido que la acusación que me imputaban carecía de fundamento. ¿Lo hicieron deliberadamente o fueron víctimas de una ilusión? Ya sea por intención o por error, yo sé con absoluta certeza, con convicción y con mi conciencia, que no tengo ninguna relación con tal crimen. El mundo entero, con justicia, también sabe que no soy una persona que use la religión con fines políticos. Incluso quienes me acusan de este crimen lo saben… Entonces, ¿por qué persistieron en someterme a esta opresión? ¿Por qué, siendo inocente, fui víctima de una persecución incesante y de un tormento obstinado? ¿Por qué no pude liberarme de estas desgracias? ¿No es esta situación contraria a la Justicia Divina?
Durante un cuarto de siglo, no encontraba respuestas a estas preguntas; me angustiaba y sufría. Ahora comprendo la verdadera razón por la que me han sometido a opresión y tormento. Y lo digo con un profundo pesar: Mi falta consistía en haber convertido mi servicio al Corán en un medio para mi propio progreso material y espiritual, para mi perfeccionamiento… Ahora lo comprendo y lo siento en lo más profundo de mí ser. Doy miles de gracias a Allah porque, durante largos años, sin que fuera por mi propia voluntad, fuertes obstáculos espirituales me impidieron utilizar mi servicio a la fe como un medio para mi progreso material y espiritual, para salvarme del tormento del infierno, e incluso para alcanzar la felicidad eterna, o para cualquier otro propósito.
Estos sentimientos internos y revelaciones me han dejado asombrado. A pesar de que es un derecho legítimo de toda persona buscar estados espirituales elevados y la felicidad eterna a través de las buenas acciones, y de que esto no causa perjuicio a nadie, yo, en mi interior y en mi corazón, fui impedido de tales aspiraciones. Solo me fue mostrado el camino de servir exclusivamente a la fe en Allah, impulsado por el deber natural de la ciencia y buscando únicamente la complacencia de Allah.
Porque, en estos tiempos, es imprescindible enseñar las verdades de la fe de una manera que no se subordine a nada ni sea utilizada como un medio para otro fin, a fin de transmitirlas de forma efectiva a quienes las desconocen o las necesitan. Solo así se puede salvar la fe en medio de este mundo caótico, proporcionando una certeza absoluta a los incrédulos obstinados.
Y esta certeza solo puede lograrse si la religión no es utilizada como un medio para fines personales, ya sean mundanos o espirituales, individuales o colectivos. De lo contrario, ante la aterradora organización de la irreligiosidad surgida del espíritu de las sociedades secretas y los movimientos ideológicos, incluso si un individuo se encontrara en el más alto rango espiritual, no podría disipar completamente las dudas. Porque el ego y el nefs del incrédulo obstinado podrían decir: “Este individuo, con su genio y su posición extraordinaria, nos ha engañado”. Y con esta sospecha persistente en su interior, su fe nunca sería firme ni inquebrantable.
¡Miles de gracias a Allah! Durante veintiocho años, bajo la acusación de instrumentalizar la religión con fines políticos, el Destino Divino, fuera de mi voluntad, ha permitido que la mano opresora de los hombres me golpee con pura justicia para evitar que utilice la religión en beneficio personal. Me ha advertido: no conviertas las verdades de la fe en un medio para tu propio interés, para que aquellos que necesitan la fe comprendan que solo habla la verdad, y que no haya dudas provenientes del ego ni engaños del diablo.
Este es el secreto del impacto profundo que han generado las Epístolas de Nur en los corazones y las almas, como las grandes olas de un océano infinito. No hay otra explicación. A pesar de que miles de eruditos y cientos de miles de libros han expresado las mismas verdades con una elocuencia aún mayor, no han logrado detener el ateísmo absoluto. Si las Epístolas de Nur han logrado cierto éxito en esta lucha, a pesar de condiciones tan adversas, la razón es esta: Said no existe; Said no tiene poder ni capacidad; solo la verdad habla, la verdad de la fe.
Puesto que la luz de la verdad ha impactado los corazones necesitados de fe, ¡no uno, sino mil Said pueden sacrificarse por ella! Todas las penalidades, los tormentos, las tribulaciones y los sufrimientos que he soportado durante veintiocho años, los entrego con gusto. Perdono a quienes me han oprimido, a quienes me han trasladado de ciudad en ciudad, a quienes me han humillado, a quienes han intentado condenarme con falsas acusaciones y a quienes han preparado para mí las mazmorras.
Y a la justicia divina le digo: merecía estas amonestaciones llenas de misericordia. De lo contrario, si hubiera seguido un camino legítimo y sin perjuicio alguno, centrado en mi propio bienestar, si no hubiera renunciado a mis aspiraciones materiales y espirituales, habría perdido la gran fuerza que reside en el servicio a la fe en Allah. He sacrificado todo lo material y lo espiritual; he soportado cada calamidad, he soportado cada tormento. Gracias a ello, las verdades de la fe se han expandido por todas partes. Gracias a ello, la escuela de la sabiduría de Nur ha formado a cientos de miles, quizás millones de discípulos. Ahora, ellos continuarán este servicio a la fe y jamás se desviarán del camino del sacrificio absoluto, trabajando solo y únicamente por la complacencia de Allah.
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Aquellos que nos han perseguido, sin saberlo y sin comprender los misterios del Destino Divino, han servido al florecimiento de la verdad de la fe. Nuestro deber hacia ellos no es otro que desearles la guía.
Estoy muy enfermo; ya no tengo fuerzas para escribir ni hablar. Quizás estas sean mis últimas palabras. Que los discípulos de Risale‑i Nur de la Medresetüzzehra no olviden este testamento.
Said Nursi