[Adjuntamos al final de esta Biografía una declaración de Bediüzzaman Said Nursi, autor de Risale‑i Nur, la cual fue incluida y publicada al final de la Emirdağ Lahikasi como su última voluntad. Asimismo, añadimos su última alocución escrita ese mismo año, dirigida al “Presidente de la República y al Primer Ministro”, que también fue publicada en la Emirdağ Lahikasi.
Los discípulos del Noble Maestro, siguiendo el método de servicio positivo expresado en este testamento, proclamaron “Los Tratados de Nur” al mundo entero. Con la comprensión del servicio positivo dirigido a esta época según el Sagrado Corán, implantaron las luces de la fe en las mentes y los corazones.]
Los discípulos que estuvieron al servicio del Noble Maestro
Esta es la última lección que el Maestro Bediüzzaman dio a todos los Alumnos del Nur antes de su fallecimiento
¡Mis Estimados Hermanos!
Nuestra tarea es actuar de manera positiva, no negativa. Es realizar el servicio a la fe en Allah de acuerdo con la complacencia divina y no interferir en la función que pertenece a Allah. Dentro del servicio positivo de la fe, que garantiza la preservación del orden público, estamos obligados a enfrentar cualquier dificultad con paciencia y gratitud.
Por ejemplo, tomando mi propia vida como referencia, puedo decir lo siguiente: desde siempre, nunca me he sometido a la opresión ni a la humillación. Hay muchos incidentes en mi vida que prueban que nunca he aceptado la dominación. Por ejemplo, en Rusia, me negué a levantarme ante un comandante; en el Tribunal de Guerra Militar, ante la amenaza de ejecución, no concedí ni la menor importancia a las preguntas de los generales presentes. Asimismo, mi actitud frente a cuatro comandantes demuestra que nunca me he sometido a la tiranía. Sin embargo, durante estos últimos treinta años, por la verdad de actuar positivamente, sin adoptar una actitud negativa ni interferir en los asuntos que corresponden a Allah, he respondido con paciencia y conformidad a los tratos que se me han hecho. He soportado con paciencia y aceptación, al igual que el Profeta Cercis –Aleyhisselam‑, y como aquellos que sufrieron grandes penurias en las batallas de Badr y Uhud.
Por ejemplo, aunque en el tribunal probé ochenta y un errores del fiscal, no maldije ni siquiera su decisión errónea en nuestra contra. Porque la verdadera cuestión en esta época es la lucha espiritual. Se trata de construir una barrera contra la destrucción espiritual. Y con ello, debemos contribuir con todas nuestras fuerzas a la paz y la estabilidad interna.
Sí, en nuestro camino hay fuerza. Sin embargo, esta fuerza es únicamente para preservar la paz y el orden público. Conforme al principio de la aleya:وَ لاَ تَزِرُ وَازِرَةٌ وِزْرَ اُخْرَىes decir, “una persona no puede ser responsabilizada por el crimen de su hermano, su familia o sus hijos.” Por esta razón, a lo largo de toda mi vida, he trabajado con todas mis fuerzas para preservar la paz. Esta fuerza no debe emplearse contra el interior, sino solo contra agresiones externas. Según el principio establecido en el versículo mencionado, nuestra tarea es contribuir con toda nuestra energía a la estabilidad y el orden internos. Es por ello que en el mundo islámico, los conflictos internos que han alterado la paz han sido extremadamente raros, ocurriendo en apenas una mínima proporción, y generalmente debido a diferencias en la interpretación de la ley islámica.
Además, la mayor condición del “Cihad espiritual” es no interferir en el asunto divino. Es decir: “Nuestra tarea es el servicio, el resultado pertenece a Allah. Nuestro deber es cumplir con nuestra responsabilidad.”
Al igual que Calal al‑Din Harzemshah, yo también he aprendido del Corán que mi misión es servir a la fe. Lograr o no el éxito es el asunto de Allah. Por ello, he actuado con sinceridad y pureza de intención.
Frente a agresiones externas, se responde con fuerza, pues los bienes y las propiedades del enemigo se consideran botín de guerra. Sin embargo, en el ámbito interno, no es así. Dentro de la comunidad, la lucha debe ser positiva, combatiendo la destrucción espiritual con herramientas espirituales y con el principio de sinceridad. El cihad externo es diferente del cihad interno. Ahora, Cenab‑i Hak me ha concedido millones de verdaderos discípulos, y con todas nuestras fuerzas, solo actuaremos de manera positiva para preservar la paz interna. En esta época, la diferencia entre el cihad interno y el externo es inmensa.
Un asunto más, y es de gran importancia: según el juicio del Corán, debido a las exigencias de la civilización materialista sin moralidad, las necesidades esenciales han pasado de ser cuatro a veinte. A causa de la adicción, la costumbre y la imitación, muchas necesidades que no son esenciales han sido percibidas como indispensables. Así, a pesar de creer en el Más Allá, prefiere este mundo sobre el otro debido a la supuesta 'necesidad' y por la preocupación del sustento y el beneficio mundano.
Hace cuarenta años, un comandante en jefe, con la intención de acostumbrarme un poco al mundo, envió a algunos oficiales e incluso a ciertos eruditos religiosos a hablar conmigo. Ellos me dijeron:
"Ahora estamos obligados a seguir ciertas normas de Europa y a imitar algunos de los requisitos de la civilización, basándonos en el principio:اِنَّ الضَّرُورَاتِ تُبِيحُ الْمَحْظُورَاتِ‘Las necesidades extremas hacen lícitas las prohibiciones’."
A lo que respondí: “Se han engañado profundamente. Si la necesidad proviene de una mala elección, jamás puede ser considerada una justificación válida; no convierte lo prohibido en lícito. Si la necesidad no surge de una elección indebida, es decir, si no ha sido causada por un camino ilícito, entonces no hay daño en ello. Por ejemplo: si alguien, por su propia mala elección se embriaga de manera ilícita y en estado de embriaguez comete un crimen, será considerado culpable y no podrá ser excusado ni eximido de su castigo. Esto se debe a que la necesidad que alega surgió de su propia mala decisión. Sin embargo, si un niño con una enfermedad mental, en un estado de crisis involuntaria, golpea a alguien, será considerado inocente, pues su acto no fue resultado de una decisión consciente.”
Entonces, les dije a esos comandantes y eruditos religiosos: “Fuera de necesidades esenciales como comer pan o simplemente sobrevivir, ¿qué otra necesidad real puede haber? Cualquier acción nacida de deseos ilícitos, inclinaciones ilegítimas o tratos prohibidos no puede convertir lo prohibido en algo permitido. Si alguien se ha vuelto adicto a cosas como el cine, el teatro o el baile, esto no puede justificar su legalidad, ya que tales costumbres no son necesidades absolutas y han surgido de una mala elección. Incluso la ley humana distingue entre una necesidad inevitable y una necesidad originada por una mala elección. Y en la Ley Divina, esta distinción está establecida de manera aún más firme y fundamental.”
Sin embargo, no ataquen a aquellos eruditos religiosos que creyendo erróneamente que algunas cosas son una necesidad de la época, han llegado a apoyar ciertas innovaciones. No golpeen a esos desafortunados que actúan pensando que existe una “necesidad”. Por esta razón, no usamos nuestra fuerza dentro de la comunidad. No nos enfrentamos a aquellos que, aunque nos sean contrarios, han caído en una necesidad aparente, incluso si son eruditos religiosos. Yo, cuando estaba solo, enfrenté a muchos opositores y resistí sin la más mínima vacilación. Logré el éxito en mi servicio a la fe en Allah. Ahora, cuando hay millones de estudiantes de Nur, sigo actuando de manera positiva y soporto con paciencia todas sus calumnias y opresiones.
Nosotros no miramos al mundo. Y cuando lo hacemos, es solo para ayudar a los demás. Contribuimos de manera positiva a la preservación de la paz y el orden. Por lo tanto, aunque se nos persiga, debemos afrontarlo con tolerancia.
La difusión de Risale‑i Nur ha convencido plenamente a todos de que los Demócratas son favorables a la religión. Ahora, atacar cualquier tratado de Risale-i Nur va completamente en contra del interés de la patria y la nación.
Había un tratado confidencial cuya publicación se había prohibido, diciendo: “Debe ser publicado solo después de mi muerte.” Sin embargo, los tribunales lo tomaron, lo leyeron y lo examinaron, y finalmente lo absolvieron. Luego, el Tribunal de Casación confirmó la absolución. Dado que esto garantizaba la paz interna y evitaba daños al 95% de los inocentes, di permiso a quienes quisieran publicarlo, diciendo: “Said puede publicarlo mediante consulta.”
Tercer Asunto: el ateísmo absoluto está promoviendo ahora tal infierno espiritual que ni siquiera los incrédulos más grandes deberían acercarse a él. Uno de los misterios de que el Corán es una misericordia para los mundos es que, así como es una misericordia para los musulmanes, también ofrece un beneficio para los incrédulos y para toda la humanidad al proporcionar la posibilidad de creer en el Más Allá y en Allah. Con ello, incluso en este mundo, los salva hasta cierto punto de ese infierno espiritual.
Sin embargo, hoy en día, una parte desviada de la ciencia y la filosofía, la que no está en armonía con el Corán y se opone a él, ha comenzado a propagar el ateísmo absoluto al estilo comunista. Bajo la apariencia del comunismo, los hipócritas y los herejes, junto con ciertos políticos ateos extremistas, han empezado a difundir y promover la anarquía. Por ello, en las condiciones actuales, la vida sin religión es imposible. La sentencia “Una nación sin religión no puede sobrevivir” señala precisamente este punto. Cuando hay ateísmo absoluto, la vida en su verdadera esencia se vuelve insostenible.
Es por esto que el Sabio Corán, como un milagro espiritual en esta época, ha enseñado esta lección a los discípulos de Risale‑i Nur, para que construyan una barrera contra el ateísmo absoluto y la anarquía. Y, efectivamente, lo han logrado. Este conocimiento del Sabio Corán es lo que nos ha protegido contra la corriente que ha invadido China, media Europa y los Balcanes. Ha construido una barrera contra esta amenaza y ha encontrado una solución contra este peligro.
Por lo tanto, es imposible que un musulmán abandone su religión y adopte otra fe, como el cristianismo, el judaísmo o, peor aún, el bolchevismo. Porque cuando un cristiano se convierte al islam, ama aún más a Jesús Aleyhisselam. Cuando un judío acepta el islam, siente un amor aún mayor por Moisés Aleyhisselam. Sin embargo, si un musulmán abandona el islam y reniega de Muhammed Aleyhissalatu Vesselam, ya no entra en ninguna otra religión; se convierte en anarquista. En su espíritu no queda ninguna cualidad que lo eleve. Su conciencia se corrompe y se convierte en un veneno para la vida social.
Por ello, debemos agradecer a Cenab‑i Hak, pues, según las profecías del Sabio Corán, dentro de las heroicas naciones turca y árabe ha comenzado a difundirse, en los idiomas turco y árabe, una enseñanza que salvará esta era: un milagro coránico llamado Risale-i Nur. Hace dieciséis años, ya había salvado la fe de seiscientas mil personas y ahora se ha comprobado que ha alcanzado a millones.
Por lo tanto, Risale‑i Nur no solo es un medio para salvar a la humanidad de la anarquía, sino también una herramienta para unir a los dos hermanos heroicos del islam, los turcos y los árabes, difundiendo las leyes fundamentales del Corán. Incluso los enemigos lo reconocen.
Hoy en día, el ateísmo absoluto se enfrenta directamente al Corán. El ateísmo absoluto es aún peor que el mismo infierno, pues incluso en este mundo genera una angustia insoportable. Porque, dado que la muerte no puede ser eliminada, cada día treinta mil personas mueren, testificando la continuidad de la muerte. Para quienes han caído en el ateísmo absoluto o simpatizan con él, la muerte se convierte en la ejecución eterna de su propia existencia, así como la aniquilación total de sus familiares y seres queridos, pasados y futuros. Este pensamiento es mil veces más aterrador que el fuego del infierno. Porque cada ser humano encuentra felicidad en la alegría de sus seres queridos y sufre con su sufrimiento. En la creencia de los ateos, todas esas alegrías quedan destruidas y reemplazadas por un sufrimiento sin fin.
En este tiempo, la única forma de eliminar este infierno espiritual del corazón de la humanidad es el Sabio Corán. Y según la comprensión de esta era, la manifestación milagrosa del Corán en este tiempo es Risale‑i Nur y sus tratados.
Ahora damos gracias a Allah porque, entre los partidos políticos, al menos uno ha sentido esto hasta cierto punto: no ha impedido la publicación de esas obras, no se ha opuesto a Risale‑i Nur, que demuestra que las verdades de la fe otorgan a los creyentes un paraíso espiritual en este mundo; ha permitido su difusión y ha dejado de ejercer presión sobre quienes las publican.
¡Hermanos míos! Mi enfermedad es muy severa; tal vez muera pronto o, como en ocasiones me ha sucedido, se me prohíba por completo hablar. Por eso, mis hermanos de Nur en la otra vida, no deben atacar los errores de algunos pobres equivocados bajo el pretexto del “mal menor”. Que actúen siempre de manera positiva. No es nuestra tarea adoptar una actitud negativa… Porque dentro del país, la acción no debe ser negativa. Puesto que algunos políticos no perjudican a Risale‑i Nur y son, aunque sea en pequeña medida, permisivos con su publicación, véanlo como el “mal menor”. Para salvarse de un “mal mayor”, no les causen daño, sino que, por el contrario, sean de beneficio para ellos.
Además, la lucha espiritual dentro del país consiste en resistir la destrucción espiritual, lo cual requiere servicios espirituales, no materiales. Por ello, así como nosotros no intervenimos en asuntos políticos, los políticos tampoco tienen ningún derecho a interferir con nosotros.
Por ejemplo, aunque un partido me ha causado innumerables dificultades, incluso durante treinta años con encarcelamientos y presiones, les he perdonado. Y, en respuesta a sus injusticias, he servido de medio para que el noventa y cinco por ciento de esos pobres individuos se libraran de ser objeto de desprecio, críticas y opresión. Pues, conforme al juicio de la aleya:وَ لاَ تَزِرُ وَازِرَةٌ وِزْرَ اُخْرَىla responsabilidad solo recayó en un cinco por ciento. Por lo tanto, ese partido que estuvo en nuestra contra ya no tiene ninguna justificación para quejarse de nosotros en ningún aspecto.
Incluso en un tribunal, donde algunos informantes y espías, movidos por sus sospechas infundadas, intentaron condenarnos a setenta personas, un fiscal, debido a su mala interpretación y falta de atención, dio significados erróneos a ciertas partes de Risale‑i Nur y, con ochenta errores, trató de sentenciarme. Sin embargo, como se demostró en los tribunales, su hermano más atacado, estando en prisión, vio desde la ventana a la hija de tres años de ese fiscal, preguntó quién era y le respondieron: “Es la hija del fiscal.” Por el bien de esa niña inocente, no le lanzó ninguna maldición a su padre. Más aún, los sufrimientos que él le había causado se convirtieron en un medio para la difusión y proclamación de Risale-i Nur, esa milagrosa obra espiritual, transformándose así en bendiciones.
Hermanos míos, tal vez muera pronto. Existe otra enfermedad de esta época: el egoísmo, la arrogancia, el deseo de exhibición, la ambición de pasar la vida con los lujos de la civilización moderna, y la adicción a estos deseos, como si fueran una droga.
La enseñanza principal que Risale‑i Nur extrae del Corán es la necesidad de abandonar el ego, la arrogancia y la vanidad, para así servir con verdadera sinceridad a la salvación de la fe. Gracias a Cenab-i Hak, muchas personas han alcanzado ese grado supremo de sinceridad. Son muchos los que han sacrificado su ego, su estatus y su prestigio por la causa más pequeña de la fe en Allah. Incluso, uno de los discípulos más humildes de Nur, cuando sus enemigos se convirtieron en sus amigos y su círculo de conversación creció, su voz quedó en silencio en términos de la Misericordia Divina. Es más, aquellos que lo miraban con aprecio lo incomodaban sin darse cuenta. Hasta el apretón de manos se convirtió en algo tan molesto como un golpe.
Le preguntaron: “¿Cuál es tu situación? Si tienes millones de compañeros, ¿por qué no proteges su estima?”.
Él respondió: “Puesto que nuestro camino es la sinceridad suprema, no solo el ego y la vanidad, sino incluso si se nos ofreciera el dominio del mundo, la sinceridad suprema exige preferir una cuestión eterna de fe sobre ese dominio. Por ejemplo, en medio de la guerra, en la línea de avanzada, bajo el fuego de los cañones enemigos, el Sabio Corán fue preferido. Una sola aleya, una sola letra, un solo matiz de su significado fue priorizado sobre la seguridad propia. En medio de esos proyectiles, el escriba, Habib fue llamado con estas palabras: ‘¡Saca el cuaderno!’, y sobre su montura, esa enseñanza se escribió. Así, ni siquiera una sola letra ni un solo matiz del Corán fue abandonado ante los cañonazos del enemigo, sino que se prefirió sobre la salvación de la propia vida.”
Le preguntamos a aquel hermano: “¿De dónde has aprendido esta extraordinaria sinceridad?”.
Respondió: “De dos puntos…”.
El primero: en la batalla de Badr, la más asombrosa de las guerras del Islam, para no quedarse sin la bendición de la oración en congregación en el momento de la plegaria, la mitad de los combatientes dejaron sus armas y participaron en la oración, mientras que la otra mitad permaneció en guardia. Luego, después de dos ciclos de oración, intercambiaron sus posiciones para que todos pudieran compartir el beneficio de la congregación. El Orgullo del Universo Aleyhissalatu Vesselam ordenó esto con un hadiz. Si tal permiso existe incluso en la guerra, y dado que la oración en congregación es solo una sunna, el hecho de que se le haya dado prioridad sobre un acontecimiento mundano de gran magnitud nos enseña una lección. Al tomar una pequeña señal de la guía de nuestro maestro supremo, nosotros también seguimos con nuestra alma y espíritu.
El segundo: el héroe del Islam, el Imam Ali Radiyallahu Anh, en varias partes y al final del Celcelûtiye, pidió un protector para que no se perturbara su concentración en la oración. Para evitar que el pensamiento de un ataque enemigo le distrajera en su devoción, imploró ante la Presencia Divina por un guardián sobrenatural que le protegiera del miedo a un ataque durante su plegaria.
De estas dos pequeñas enseñanzas aprendí. Siendo una persona insignificante y débil que ha pasado su vida en este tiempo envuelto en un entorno de arrogancia y exhibicionismo, aprendí tanto del propósito de la creación del universo como del héroe del Islam. Así, al dar gran importancia a los misterios del Corán, que son tan necesarios en estos tiempos, no presté atención a la salvación de mi propia alma en medio de la lucha y en cambio, me dediqué a revelar un solo matiz del significado de una sola letra del Corán.
Said Nursi