Bediüzzaman Said Nur
Turquía, cuna de grandes hombres y genios, ha sido testigo a lo largo de su historia de innumerables combatientes, renovadores y personas verdaderamente excepcionales. Las condiciones de vida que experimentaron y el respeto, la consideración y la estima de los que fueron objeto no disminuyeron en absoluto su grandeza. Sin embargo, estos factores les facilitaron en gran medida el camino en la senda de la verdad por la que caminaron.
El reflejo opuesto de estas circunstancias y los veinticinco años de opresión y tiranía que acabamos de atravesar nos han regalado, tras duras luchas y desafíos, a un genio inspirado por la grandeza de su fe y su causa, un símbolo de luz y virtud, cuya grandeza se ha extendido hasta los rincones más remotos del mundo.
No cabe duda de que este gran hombre, cuya luz ha iluminado innumerables corazones oscurecidos, cuya fuerza ha dado valor a muchos con una fe debilitada, cuya genialidad ha inspirado a almas desafortunadas, es el honorable Said Nur.
Muchos que habían perdido su camino encontraron en él una lección de virtud y sacrificio, sintiéndose de repente en medio de un vasto desierto iluminado.
Este hombre venerable, cuya fe era tan poderosa como su genialidad y valentía, fue el único en enfrentarse sin pestañear a veinticinco años de opresión y tiranía. Resistió con un coraje nacido de la fe contra la cruel injusticia de las torturas que le infligieron.
Todo el mundo musulmán no ha podido escapar de la atracción de este eje de luz. Este resplandor, nacido en un rincón solitario y apartado de Turquía, ha extendido su fulgor hasta Pakistán e Indonesia, agregando nuevas glorias y honores a nuestra nación.
¡Qué lamentable es que este grandioso y bendito hombre, que brotó de nuestras entrañas, nos otorgó honor, iluminó nuestros corazones oscurecidos y guió a quienes habían extraviado el camino de regreso a la verdad, solo haya recibido de nosotros opresión y persecución en lugar de respeto!
Sin embargo, él nunca se desanimó ni desvió su camino. Al contrario, sabe muy bien que ninguna causa puede echar raíces sin lucha, sacrificio y sufrimiento.
Por mucho que intentemos apagar la luz de este sol, su resplandor sigue brillando como una antorcha en los corazones oscurecidos y continúa iluminándonos. Esta es la recompensa y el fruto de la verdad y la causa de este gran hombre. ¡Dichoso él!
CEVAT RIFAT ATILHAN
Bediüzzaman Said Nur
Es el nombre del gran genio, del gran guía y del majestuoso ser humano que la hermosa patria turca ha criado y ofrecido como un ejemplo para toda la humanidad. Cada día de su vida, que se ha extendido a lo largo de noventa años, ha sido un halo de luz, un resplandor de virtud, un anillo de determinación y fe que ha penetrado en el alma y la mente de las generaciones turcas. Y esta luz, a lo largo de los años, ha iluminado innumerables corazones oscurecidos, guiándolos hacia caminos rectos, hermosos y llenos de luz.
El gran Maestro, Said Nur, símbolo de una inteligencia divina, ha dedicado su extraordinario talento – un don excepcional de Allah– con una determinación y valentía inquebrantables al bienestar, progreso y elevación de esta noble nación. Su luz ha trascendido las fronteras de Turquía, extendiéndose hasta los países vecinos, llegando a Pakistán e Indonesia.
La magnificencia de esta luz y las chispas de moralidad y virtud que ha brindado a la humanidad no pueden medirse con ninguna vara de valor o aprecio.
La determinación y voluntad en su interior, su convicción inquebrantable y su grandeza como ser humano son un ejemplo tan colosal que todos deberíamos tomarlo como modelo.
No solo nosotros, no solo los musulmanes, sino toda la humanidad puede contemplar en la personalidad de este gran hombre la nobleza y la grandeza, la moral y la virtud, y sobre todo, los más deslumbrantes ejemplos de una fe elevada. Todos los hijos de Turquía pueden sentirse orgullosos de que su patria haya sido la cuna de una inteligencia tan divina, de una personalidad tan majestuosa, de un ser humano tan puro.
Anteayer tuvo lugar un juicio en su contra. De este juicio aprendimos dos cosas:
La primera, la profunda admiración y el respeto del noble y joven pueblo turco por la virtud, la moral suprema, la fe inquebrantable y la firme voluntad.
La segunda, la actitud de una turbia élite de personas sin linaje ni raíces, que encuentran en la miseria y el atraso de la nación turca la fuente de su lujo, su riqueza, sus títulos y posiciones. Personas que obtienen su inspiración venenosa, sus órdenes y su poder de las fuerzas internacionales secretas, subversivas y enemigas de Turquía.
Un grupo de individuos, perturbados por la gran multitud de miles de jóvenes ilustrados turcos, siguen utilizando sus plumas venenosas, malditas y corruptas en su contra, aunque de manera cobarde, temblorosa y encubierta. Este grupo intenta minimizar su valor con mentiras anticuadas y ya pasadas de moda.
Podemos hacer la siguiente comparación: el Gran Maestro (¡Allah nos libre de referirnos al título masón!) y su contemporáneo, el gran líder de la independencia de la India, Mahatma Gandhi. Uno de ellos se levantó contra la tiranía británica, contra el imperialismo inglés y su cruel sistema de explotación y colonización. Durante años, luchó por su gran causa, debilitando el poderío y la grandeza de Inglaterra hasta dejarla impotente y paralizada con su firme voluntad. La vida de lucha y trabajo de nuestro gran hombre se asemeja mucho a la de Gandhi. Pero con una diferencia: además de todo esto, Allah le concedió la luz del Islam y la fe en Allah, llevando su resplandor como el Sol a los climas del Islam, de una tierra a otra.
Sin embargo, existe una gran y lamentable diferencia entre ambos casos.
A Gandhi, cerca de cuatrocientos millones de personas le mostraron una fe inquebrantable, respeto y lealtad absoluta. A nuestro Maestro, en cambio, aunque sea un grupo reducido, algunos individuos sin nobleza ni raíces, carentes de honor, lo han menospreciado abiertamente y han dirigido contra él ataques insidiosos.
¡Oh Señor! ¿Por qué nos has degradado hasta el punto de convertirnos en un pueblo que pisotea toda virtud y nobleza? Sabemos que nuestros pecados contra Ti son muchos y grandes. ¡Basta, oh Allah! ¡Basta de esta decadencia!
CEVAT RIFAT ATILHAN