Al Presidente de la República y al Primer Ministro
A las puertas de la tumba, con más de ochenta años, enfermo por varias dolencias y viéndose cercano a la muerte, un pobre y solitario anciano dice:
Les expongo dos verdades:
Primera: felicitamos de todo corazón, con sinceridad, alegría y júbilo, su exitosa alianza con Pakistán e Irak en favor de esta nación. Siento en lo más profundo de mi alma que esta alianza será, insha’Allah, un preludio definitivo para la paz universal de los cuatrocientos millones de musulmanes y para el aseguramiento del bienestar general. Un poderoso recordatorio durante la recitación de las oraciones me ha obligado a escribirles estas palabras.
A pesar de haberme apartado del mundo y de la política durante treinta o cuarenta años, la razón de esta intensa inquietud en mi corazón es que, desde hace cincuenta años, se ha descubierto un camino sumamente corto para la salvación de la fe en Allah. Risale‑i Nur, que en esta época es un milagro espiritual del Corán, ha tenido un impacto y una aceptación más profunda en Arabia y Pakistán que en cualquier otro lugar. Incluso, según la información que hemos recibido, el número de estudiantes de Risale-i Nur en esas regiones es tres veces mayor de lo que se ha determinado oficialmente en los tribunales. Por esta razón, en los últimos días de mi vida, al borde de la tumba, me he sentido espiritualmente obligado a expresar y compartir esta gran verdad.
Segunda: la idea del nacionalismo ha representado un gran peligro desde la época de los omeyas, causando graves daños con la aparición de los “clubes” al inicio de la era de la libertad. Del mismo modo, en la Primera Guerra Mundial, el uso del nacionalismo resultó perjudicial, ya que nuestros benditos hermanos árabes fueron manipulados en contra de los soldados turcos combatientes. Ahora también, el nacionalismo podría ser utilizado contra la fraternidad islámica, y hay señales de que los enemigos ocultos de la paz y el bienestar general, aquellos que carecen de fe, están tratando nuevamente de causar un gran daño a través del nacionalismo. Sin embargo, dado que la esencia del nacionalismo es una actitud negativa que se alimenta del perjuicio ajeno, en primer lugar, el pueblo turco, al ser musulmán en todas partes del mundo, ha entrelazado su identidad nacional con el Islam de tal manera que son inseparables. Ser turco es sinónimo de ser musulmán. Incluso aquellos que no son musulmanes han dejado de formar parte del pueblo turco. De manera similar, los árabes y su identidad nacional deben fusionarse con el Islam, como es natural y necesario. Su verdadera identidad nacional es el Islam, y eso es suficiente. El nacionalismo es, en su totalidad, un peligro inmenso. Sin embargo, su valiosa alianza con Irak y Pakistán, insha’Allah, eliminará los perjuicios de este peligroso nacionalismo y, en lugar de unos pocos millones de nacionalistas, atraerá a cuatrocientos millones de hermanos musulmanes y a ochocientos millones de cristianos y personas de otras religiones, que anhelan paz y reconciliación. Esto fortalecerá la amistad de estas comunidades con esta nación y su pueblo. Como mi alma ha alcanzado una profunda convicción sobre esta verdad, me siento obligado a expresárselo.
Tercera: hace sesenta y cinco años, un gobernador me leyó un periódico en el que se relataba que un ministro colonialista ateo sostenía el Corán en sus manos mientras daba una conferencia. Dijo: “Mientras este libro permanezca en manos de los musulmanes, no podremos dominarlos realmente ni someterlos a nuestro control. O debemos hacer que el Corán caiga en el olvido, o debemos alejar a los musulmanes de él.”
Con estas dos ideas, una terrible conspiración corruptora ha intentado dañar a esta pobre, sacrificada, inocente y patriótica nación. Frente a esta corriente destructiva, hace sesenta y cinco años busqué auxilio en el Sabio Corán. En respuesta, encontré dos caminos: uno, un método corto y directo hacia la verdad; y el otro, la visión de una gran Universidad Islámica. Durante sesenta y cinco años, hemos trabajado para salvar nuestra vida en el más allá y, como beneficio colateral, también para liberar nuestra vida terrenal del despotismo absoluto y de la ruina causada por la incredulidad. Asimismo, hemos buscado fortalecer la fraternidad entre las naciones islámicas.
El primer medio: Risale‑i Nur, que con la fuerza de la fe ha servido para desarrollar la hermandad basada en la creencia. La prueba más evidente de esto es que fue escrita en una condición de opresión e indefensión sin precedentes. Sin embargo, hoy ha influido en la mayor parte del mundo islámico, llegando incluso a Europa y América. Ha triunfado sobre los movimientos revolucionarios, la filosofía atea y, durante treinta años, ha resistido los ataques del materialismo y el naturalismo, que han propagado ideas de incredulidad de manera aterradora. Ningún tribunal ni experto ha podido refutarla. Insha’Allah, llegará el día en que personas como ustedes, que han encontrado la clave de la fraternidad islámica, harán resonar en todo el mundo islámico el eco de este milagro del Corán.
El segundo medio: hace sesenta y cinco años, tenía la intención de ir a la Universidad de Al‑Azhar, pues la consideraba la madrasa del mundo islámico. Deseaba recibir al menos una lección en esa bendita institución, pero no fue mi destino. Sin embargo, por Su misericordia, Allah inspiró en mi alma un pensamiento: Así como la Universidad de Al-Azhar es una universidad general para África, del mismo modo, dado que Asia es mucho más grande que África, se necesita una universidad islámica aún mayor en Asia. Esto es esencial para evitar que los pueblos islámicos – como los de Arabia, India, Irán, el Cáucaso, Turkistán y Kurdistán– sean corrompidos por el nacionalismo negativo. En su lugar, deben fortalecerse con la verdadera, positiva y sagrada identidad nacional universal: la nación del Islam, reflejada en el principio fundamental del Corán:اِنَّمَا الْمُؤْمِنُونَ اِخْوَةٌ“Ciertamente, los creyentes son hermanos”. Asimismo, esta universidad debe armonizar las ciencias filosóficas con las ciencias religiosas, permitiendo que la civilización europea se reconcilie completamente con las verdades del Islam. Además, dentro de Anatolia, aquellos que estudian en las escuelas modernas y aquellos que estudian en las madrasas tradicionales deben colaborar y unirse en una misma causa. Por esta razón, hace cincuenta y cinco años, trabajé no solo en la difusión de las verdades de Risale‑i Nur, sino también en la creación de esta universidad en el corazón del este de Anatolia, en un punto estratégico entre India, Arabia, Irán, el Cáucaso y Turkistán. El primero en reconocer la importancia de este proyecto fue el sultán Reşad (que Allah tenga misericordia de él), quien donó veinte mil liras de oro solo para la construcción del edificio. Más tarde, cuando regresé de mi cautiverio tras la Primera Guerra Mundial, ciento sesenta y tres de los doscientos diputados del parlamento en Ankara firmaron y aprobaron una asignación de ciento cincuenta mil liras para la misma universidad, en un momento en que esa cantidad tenía un valor inmenso. Incluso Mustafa Kemal estaba entre los firmantes. En términos de dinero actual, esto equivaldría a cerca de cinco millones de liras, lo que demuestra que, en aquel entonces, se le dio la máxima prioridad a la fundación de esta valiosa universidad. Incluso algunos diputados que eran indiferentes a la religión, que apoyaban la occidentalización extrema y la ruptura con las tradiciones, firmaron la propuesta. Solo dos de ellos expresaron su oposición, diciendo:
“En este momento, necesitamos occidentalizarnos y modernizarnos más que centrarnos en las ciencias religiosas y tradicionales.”
Entonces, les respondí:
"Supongamos, aunque sea imposible, que en ningún aspecto haya necesidad de religión. Sin embargo, el hecho de que la mayoría de los profetas hayan surgido en Asia y en el Oriente, mientras que la mayoría de los filósofos y pensadores han aparecido en Occidente, demuestra que el verdadero desarrollo de Asia no proviene principalmente de la influencia de la ciencia ni de la filosofía, sino de su sentido innato de la religión. Ignorar esta ley natural y abandonar las tradiciones islámicas en nombre de la occidentalización, estableciendo una base secular, sería un error fatal. Sobre todo en las provincias orientales, que están en el centro de cuatro o cinco grandes pueblos, ustedes deben defender firmemente el Islam y sus verdades por el bienestar de la nación y la patria. Les daré un ejemplo entre miles:
Cuando estaba en Van, le pregunté a un estudiante kurdo muy comprometido con su identidad: ‘Los turcos han servido grandemente al Islam. ¿Cómo los ves?’
Él respondió: ‘Prefiero a un turco musulmán antes que a un hermano pecador. Incluso me siento más cercano a él que a mi propio padre, porque ellos sirven verdaderamente a la fe.’
Pasó el tiempo, y ese mismo estudiante (que Allah tenga misericordia de él), mientras yo estaba en cautiverio, ingresó a una escuela en Estambul. Cuando regresé, lo vi nuevamente. Había sido influenciado por algunos maestros nacionalistas y, debido a su fervor kurdo, había tomado un camino diferente. Me dijo: ‘Ahora prefiero a un kurdo, aunque sea un gran pecador o incluso ateo, antes que a un turco piadoso.’
Después de algunas conversaciones, logré que recapacitara. Finalmente, llegó a la firme convicción de que los turcos son el ejército heroico de esta nación islámica.
¡Oh, diputados que me han cuestionado! En el Oriente hay cerca de cinco millones de kurdos, cien millones de iraníes e indios, setenta millones de árabes y cuarenta millones de caucásicos. Estos pueblos son vecinos, hermanos y dependen unos de otros. Díganme, ¿qué les hace más falta: la enseñanza religiosa que ese estudiante recibió en la madrasa de Van, que fortalece la fraternidad islámica, o el conocimiento puramente filosófico, que ignora completamente las ciencias islámicas y promueve un pensamiento nacionalista que divide a los pueblos? ¡Les pregunto!
Después de esta respuesta, incluso aquellos diputados que estaban en contra de las tradiciones y defendían la occidentalización absoluta, se levantaron y firmaron la propuesta. No mencionaré sus nombres. Que Allah perdone sus errores, pues ahora han fallecido."
Cuarta: dado que el Presidente de la República, en medio de importantes cuestiones políticas, ha considerado la Universidad del Este como un asunto de máxima prioridad y, de manera extraordinaria, ha impulsado una ley que asigna sesenta millones de liras para su construcción, esto representa un servicio excepcional. Este acto convierte a la Universidad Islámica en un motivo de honor para la educación y en un gran prestigio para él mismo. Además, el hecho de que haya emprendido esta labor con el sentimiento de un antiguo maestro, ha hecho que todos los eruditos del Este le estén profundamente agradecidos. Ahora, al reconsiderar este proyecto en medio de trascendentales asuntos políticos, está sentando las bases de la paz general en el Medio Oriente y fortaleciendo su primera fortaleza. Sin duda, este gran y beneficioso servicio traerá prosperidad a esta nación, a este Estado y a este pueblo. En esta universidad, las ciencias religiosas deben ser el pilar fundamental, porque la mayor fuerza destructiva que proviene del exterior es espiritual y ataca a través de la incredulidad. Para contrarrestar este daño espiritual, la única bomba atómica efectiva debe ser la fuerza espiritual que derive del conocimiento religioso y de la fe, capaz de detener esta devastación.
Dado que he dedicado cincuenta y cinco años de mi vida a esta causa, investigándola en todos sus detalles y consecuencias, debería ser imprescindible tomar en cuenta mi opinión sobre este asunto. Así como consideran necesario consultar sobre esta cuestión en América y Europa, con mayor razón tengo derecho a hablar sobre ella. En nombre de toda una nación comprometida con su fe y su identidad, esperamos este paso de ustedes con gran anhelo.
Said Nursi