Luego, ese viajero buscador de la verdad, que obtenía un sublime deleite espiritual de la fuerza de la fe, al salir de la asamblea de los profetas (Aleyhimusselam), fue invitado a las aulas de los eruditos que, con sus pruebas claras y contundentes en el nivel de ilmelyakin, certeza de conocimiento, demostraban las verdades proclamadas por los profetas (Aleyhimusselam). Estos grandes sabios, conocidos como asfiya y sıddıkín, eran muctehid y profundos investigadores. Él aceptó la invitación y entró. Vio el siguiente:
Miles de genios y cientos de miles de investigadores minuciosos, mediante sus profundos estudios, no dejaban ni la más mínima duda, demostrando las cuestiones de fe en Allah, principalmente la existencia necesaria y la unicidad de Allah. Aunque sus capacidades y métodos fueran diferentes, estaban unánimemente de acuerdo en los principios fundamentales de la fe en Allah y se basaban en pruebas tan sólidas y certeras que solo alguien con una inteligencia y capacidad tan vastas como las de todos ellos juntos podría enfrentarse a ellos. De lo contrario, los negadores no podían confrontarlos más que con ignorancia, terquedad y un rechazo irracional, cerrando los ojos a la verdad. –Cualquiera que cierre los ojos solo convierte el día en noche para sí mismo.–
Este viajero entendió que la luz que estos respetados y profundos maestros habían difundido había iluminado a la mitad de la humanidad durante más de mil años. Y encontró tal fuerza espiritual que, aunque todo el mundo de los incrédulos se uniera, no podría confundirlo ni desviarlo lo más mínimo.
Así, como una breve referencia a la lección que este viajero recibió en esta amplia y majestuosa aula, en el noveno grado del Primer Capítulo se dice:لاَ اِلَهَ اِلاَّ اللَّهُ الَّذِى دَلَّ عَلَى وُجُوبِ وُجُودِهِ فِى وَحْدَتِهِ اِتِّفَاقُ جَمِيعِ اْلاَصْفِيَاءِ بِقُوَّةِ بَرَاهِينِهِمُ الظَّاهِرَةِ الْمُحَقَّقَةِ الْمُتَّفِقَةِ