Luego, ese curioso y deseoso viajero, habiendo aprendido de los lenguajes y estados de los seres tangibles en el mundo visible y material, también deseaba realizar un viaje y una búsqueda de la verdad a través del estudio del mundo oculto y del mundo intermedio. Mientras reflexionaba, la puerta de las mentes rectas e iluminadas y de los corazones puros y brillantes, que existen en todas las comunidades humanas y que son como el núcleo del fruto del universo, se abrió ante él. Vio que, aunque son pequeños en tamaño, estas mentes y corazones humanos, que representan la semilla de la humanidad, pueden expandirse tanto como el universo en términos espirituales.
Vio que ellos, situados entre el mundo visible y el mundo oculto, son como puntos intermedios humanos, y que la conexión y la interacción entre estos dos mundos se producen principalmente en estos puntos, en lo que respecta al ser humano. Entonces, dijo a su propia mente y corazón: “vayamos a la puerta de estos semejantes nuestros, pues el camino hacia la verdad es más corto aquí. No aprenderemos de ellos como lo hicimos de otros seres, sino que aprovecharemos observando su disposición en la fe en Allah y la cualidad y color de su convicción”. Comenzó su estudio y vio lo siguiente:
a pesar de que sus capacidades son muy diferentes y sus caminos de pensamiento están muy distantes y, a veces, son contrarios entre sí, todos los intelectos rectos y luminosos, con una fe firme y arraigada en la unicidad divina, y con una convicción tranquila y profunda, coinciden en su certeza y creencia. Esto significa que se han aferrado a una verdad inmutable y que sus raíces han penetrado profundamente en una verdad sólida, de la cual no pueden ser arrancados. Por lo tanto, el consenso de estos intelectos iluminados y corazones puros en el tema de la fe en Allah, de la existencia necesaria de Allah y de Su unicidad, es una cadena de luz inquebrantable y una ventana brillante que se abre hacia la verdad.
También vio que, a pesar de que sus caminos eran muy distantes entre sí y sus enfoques divergentes, las revelaciones y percepciones en temas de fe de esos corazones luminosos y puros, con sus descubrimientos y observaciones, coincidían y concordaban plenamente en la creencia de la unicidad divina.
Esto demostraba que esos corazones luminosos, pequeños tronos del conocimiento divino y espejos universales que reflejan la unicidad divina, eran ventanas abiertas hacia el sol de la verdad. Todos ellos, como un vasto mar que refleja al sol, servían de espejo conjunto a la Verdad Absoluta. Su acuerdo unánime y su consenso en cuanto a la existencia necesaria de Allah y Su unicidad, constituían una guía impecable y perfecta, un maestro supremo que nunca podía errar ni desviar.
Porque no había absolutamente ninguna posibilidad de que una ilusión o un pensamiento falso, que no proviniera de la verdad, pudiera engañar simultáneamente a tantos ojos agudos y grandes, llevándolos a una percepción errónea de la realidad. Incluso los sofistas más insensatos, que niegan la existencia del universo, rechazarían tal idea absurda, y mucho más aún lo harían aquellos con intelectos rectos. Así lo comprendió, y junto a su mente y su corazón, proclamaron “¡Amentu Billah, Creo en Allah!”
Como una breve referencia al conocimiento de la fe adquirido por este viajero de las mentes rectas y los corazones iluminados, en el décimo tercer grado del Primer Capítulo se dice:لاَ اِلَهَ اِلاَّ اللَّهُ الْوَاجِبُ الْوُجُودِ الَّذِى دَلَّ عَلَى وُجُوبِ وُجُودِهِ فِى وَحْدَتِهِ اِجْمَاعُ الْعُقُولِ الْمُسْتَقِيمَةِ الْمُنَوَّرَةِ بِاِعْتِقَادَاتِهَا الْمُتَوَافِقَةِ وَ بِقَنَاعَاتِهَا وَ يَقِينَاتِهَا الْمُتَطَابِقَةِ مَعَ تَخَالُفِ اْلاِسْتِعْدَادَاتِ وَ الْمَذَاهِبِ وَ كَذَا دَلَّ عَلَى وُجُوبِ وُجُودِهِ فِى وَحْدَتِهِ اِتِّفَاقُ الْقُلُوبِ السَّلِيمَةِ النُّورَانِيَّةِ بِكَشْفِيَّاتِهَا الْمُتَطَابِقَةِ وَ بِمُشَاهَدَاتِهَا الْمُتَوَافِقَةِ مَعَ تَبَايُنِ الْمَسَالِكِ وَ الْمَشَارِبِ