¡Oh mi Allah y oh mi Rab!
Yo veo a través del ojo de la fe, de la instrucción y de la luz del Corán, de la enseñanza del Generoso Mensajero Aleyhissalatu Vesselam y de la indicación del Nombre Hakím, Sabio que no existe alguna rotación ni acción que no indique ni señale Tu existencia a través de este orden suyo.
No existe algún cuerpo celestial, que por su silencio, por cumplir su deber sin algún ruido, por permanecer en su lugar sin algún mástil, no atestigüe e indique Tu rububiyet, señorío y unidad.
Tampoco hay alguna estrella que por su creación equilibrada, su estado ordenado, su sonrisa luminosa y el sello de similitud y semblanza con todas las otras estrellas, que no indique ni atestigüe la magnificencia de Tu divinidad y unidad.
No hay ni uno de los doce planetas, que por su movimiento sabio, subyugación sumisa, tarea ordenada, satélites importantes, no atestigüen a Tu necesaria existencia, e indiquen a la soberanía de Tu divinidad.
Sí, tal como los cielos con sus habitantes, cada uno por sí solo lo atestiguan, también en su totalidad, en el nivel de la claridad – oh Creador que creó el globo terráqueo y los cielos – atestiguan Tu necesaria existencia de una manera muy evidente – y oh Tú que diriges y administras los átomos con sus componentes ordenados, que giras estos planetas con sus satélites regulares y que los haces que obedezcan tus órdenes – atestiguan Tu unidad y unicidad tan fuertemente, que las pruebas luminosas y evidencias brillantes confirman ese testimonio en cantidad de las estrellas que están en la faz del cielo.
Además, estos cielos puros, limpios y hermosos, con sus cuerpos extraordinariamente gigantes y veloces, con respecto a mostrar un estado de un ejército ordenado y una flota imperial engalanada con lámparas de electricidad, señalan abiertamente la magnificencia de Tu rububiyet y la grandeza de Tu poder, que crea todas las cosas; indican fuertemente la infinita anchura de Tu soberanía que abarca los cielos infinitos, y de Tu misericordia que abraza a cada ser vivo; sin duda atestiguan la abarcatividad de Tu sabiduría a cada asunto, y de Tu conocimiento que se relaciona con todos los asuntos y circunstancias de todos los seres, que los toma en su puño y que los ordena. Ese testimonio y evidencia son tan evidentes, como si las estrellas fueran las palabras del testimonio de los cielos y luminosas pruebas encarnadas suyas.
También, en cuanto a las estrellas que están en el área, mar y espacio de los cielos, con su estado como soldados obedientes, barcos ordenados, aviones maravillosos y lámparas extrañas, muestran la esplendidez de la soberanía de Tu divinidad.
Con la indicación y advertencia de los deberes del sol sobre sus planetas y en nuestro globo terráqueo, que es una de las estrellas entre los individuos de ese ejército, algunas de las estrellas que son los otros amigos del sol, se relacionan con los mundos del Más Allá, no son sin deber, sino que son los soles de las moradas eternas.
¡Oh Vacibul Vucud, Ser Necesario! ¡Oh Vahid‑i Ehad, Uno y Único!
Estas estrellas maravillosas, estos soles y lunas extrañas, son subyugados, ordenados y empleados por Tu orden, con Tu poder y fuerza, por Tu administración y dirección, en Tu propiedad y Tus cielos. Todos esos cuerpos celestiales glorifican y exaltan a un solo Halik que los creó, los gira y administra; a través de su estado, dicen: “Subhan'Allah, Allahu Ekber”. Yo también, con todas sus glorificaciones, Te declaro sagrado.