بِاسْمِهِ سُبْحَانَهُ
La compasión humana es un reflejo de la misericordia divina; por lo tanto, no debe superar el grado de misericordia y tampoco exceder el nivel de compasión del Profeta, quien es “una misericordia para los mundos”. Si se sobrepasa, tal compasión ya no es misericordia ni compasión, sino una enfermedad espiritual que lleva al desvío y a la irreligión.
Por ejemplo: no aceptar que los incrédulos y los hipócritas sufran tormentos en el Infierno, ni que existan eventos como el castigo ni el combate, y buscar interpretaciones alternativas para ajustarlos a una supuesta compasión, equivale a negar y desmentir una gran parte del Corán y de las religiones celestiales. Esto constituye una grave opresión y una extrema falta de misericordia. Porque mostrar compasión hacia bestias salvajes que despedazan a animales inocentes, significa cometer una gran injusticia y carecer de humanidad hacia esos pobres animales. Asimismo, simpatizar compasivamente con personas que destruyen las vidas eternas de miles de musulmanes y que conducen a cientos de creyentes al mal final y a horribles pecados, o rezar por su liberación del castigo, es una terrible falta de compasión hacia los creyentes inocentes y una traición despreciable hacia ellos.
En Risale‑i Nur se ha demostrado con certeza que la incredulidad y el desvío representan un gran desprecio por el universo y una opresión contra la existencia. Además, son causas de la desaparición de la misericordia y de la llegada de calamidades. Incluso se ha narrado auténticamente que los peces en el fondo del mar se quejan de los malhechores diciendo: “Nos han privado de nuestra tranquilidad”. Por lo tanto, quienes sienten compasión por el sufrimiento de los incrédulos e hipócritas, no muestran compasión hacia los innumerables inocentes que merecen misericordia.