El primer ejemplo es el siguiente:
El viajero, que vino al mundo únicamente para conocer y encontrar a su Creador, le dijo a su intelecto: “hemos preguntado a todos sobre nuestro Creador y recibido respuestas hermosas y completas. Ahora, como dice el proverbio: 'preguntar al Sol sobre el Sol mismo,' también debemos conocer y encontrar a nuestro Creador a través de las manifestaciones de Sus atributos sagrados como el Conocimiento, la Voluntad y el Poder, Sus obras observables y los reflejos de Sus nombres. Por ello, emprendemos otro viaje." Con esta intención, entró nuevamente al mundo y, al igual que los seguidores de la desviación, se embarcó en la nave de la Tierra. Se colocó las gafas de la ciencia y la filosofía no iluminadas por la sabiduría del Corán y miró con el programa de la geografía que no lee el Corán. Observó lo siguiente:
en un vacío infinito, la Tierra recorre en un año un círculo que equivaldría a un viaje de 24,000 años. Lo hace con una velocidad 70 veces mayor que la de una bala de cañón, llevando en su interior a innumerables especies de seres vivos, indefensos y débiles. Si por un momento se desviara de su camino o chocara contra una estrella errante, se desintegraría en el vasto espacio y todos esos seres vivos caerían en la nada. Al reflexionar sobre esto, experimentó la aterradora calamidad espiritual del camino de los desviados enغَيْرِ الْمَغْضُوبِ عَلَيْهِمْ وَلاَ الضَّالِّينَy sintió la sofocante oscuridad de las tinieblas mencionadas enاَوْ كَظُلُمَاتٍ فِى بَحْرٍ لُجِّىٍّ. Entonces exclamó: “¡Ay de mí! ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué nos subimos a esta temible nave? ¿Cuál es la manera de escapar de esto?” Con este grito de desesperación, rompió las gafas de la filosofía ciega y entró en el camino de aquellos que han recibido las bendiciones divinas deاَلَّذِينَ اَنْعَمْتَ عَلَيْهِمْ. De repente, la sabiduría del Corán acudió en su ayuda. Le proporcionó un telescopio que mostraba la verdad con claridad y le dijo: “ahora mira.” Observó y vio lo siguiente: el nombre Rabb‑us-Samawati wal-Ard, El Señor de los Cielos y la Tierra brillaba como un sol en el firmamento de la aleya:هُوَ الَّذِى جَعَلَ لَكُمُ اْلاَرْضَ ذَلُولاً فَامْشُوا فِى مَنَاكِبِهَا وَكُلُوا مِنْ رِزْقِهِLa Tierra apareció ante él como una nave perfectamente organizada y segura, llena de seres vivos junto con sus provisiones. Navegaba en el océano del cosmos, orbitando alrededor del Sol con gran sabiduría y beneficios, trayendo las estaciones y sus frutos para aquellos que necesitaban sustento. Comprendió que dos ángeles llamados Sevr y Hut habían sido designados como los “capitanes” de esta nave, la cual viajaba para deleitar a las criaturas y huéspedes de Halik‑i Zulcelal, Creador Majestuoso en Su hermoso y majestuoso dominio. Este viaje demostraba la verdad de la aleyaاَللَّهُ نُورُ السَّمَوَاتِ وَاْلاَرْضِy le hacía conocer a su Creador a través de las manifestaciones de este nombre divino. Con todo su ser y alma, exclamó: “Elhamdulillahi Rabb‑il Álemin, alabado sea Allah, el Señor de los Mundos” y se unió a la comunidad de losاَلَّذِينَ اَنْعَمْتَ عَلَيْهِمْ.