بِاسْمِهِ سُبْحَانَهُ
Este humilde hermano suyo explica tanto a aquel antiguo amigo que objeta, como a las personas perspicaces y a ustedes, que con la gracia del Corán de Milagrosa Exposición, el Nuevo Said menciona pruebas tan firmes y verdaderas sobre las verdades de la fe en Allah, que no solo convencen a los sabios musulmanes, sino que incluso obligan a los más obstinados filósofos europeos a aceptar y someterse a ellas, y lo siguen haciendo.
De manera alusiva y simbólica a la importancia y al valor de Risale‑i Nur, así como en las noticias transmitidas por parte del Noble Ali (R.A.) y del Gavs-i Azam (R.A.), el Corán de Milagrosa Exposición, también llama la atención hacia Risale-i Nur, que en esta época es uno de sus milagros espirituales, mediante insinuaciones y señales en el nivel simbólico de su significado. Esto es parte de la naturaleza de su milagro y es un requisito de la elocuencia milagrosa de esa lengua de lo Oculto.
Sí, durante un tiempo de gran angustia en la prisión de Eskişehir, cuando necesitábamos desesperadamente un consuelo espiritual, recibí una inspiración espiritual que decía: "estás trayendo como testigos de la aceptación de Risale‑i Nur a antiguos evliyas. Sin embargo, según el misterio de la aleya:وَلاَ رَطْبٍ وَلاَ يَابِسٍ اِلاَّ فِى كِتَابٍ مُبِينٍLa palabra más autorizada en este asunto pertenece al Corán. ¿Acepta el Corán a Risale‑i Nur? ¿Cómo lo percibe?" Me encontré ante esa extraordinaria pregunta.
Entonces pedí ayuda al Corán. De repente, en un plazo de una hora, percibí que treinta y tres aleyas, dentro de las categorías del significado explícito que se desprenden de sus detalles, en la categoría del significado implícito (y en su totalidad del significado implícito), consideraban a Risale‑i Nur como uno de sus individuos y que existían pruebas contundentes que indicaban su inclusión y su posición distintiva. Algunas de estas aleyas las entendí con cierto nivel de detalle, mientras que otras las percibí de manera más concisa. No quedó en mi convicción ninguna duda, sospecha, ilusión o confusión. Con la intención de fortalecer la fe de los creyentes mediante Risale-i Nur, escribí esta certeza absoluta mía y la compartí con mis hermanos más cercanos, bajo la condición de que permaneciera confidencial.
En ese tratado no decimos que el significado explícito de las aleyas sea este. Que los eruditos diganفِيهِ نَظَرٌ“Hay una duda en esto”. Además, no hemos dicho que la totalidad del significado implícito sea este.
Más bien, decimos que bajo el significado explícito hay múltiples niveles. Uno de esos niveles es el significado implícito y simbólico. Y ese significado implícito también es universal, teniendo manifestaciones particulares en cada época. Y Risale‑i Nur en esta era es uno de esos individuos en el nivel del significado implícito universal, y que este individuo ha sido señalado deliberadamente como un objeto de atención y cumplirá una importante función. Desde hace tiempo, entre los sabios, se han presentado pruebas, incluso evidencias, a través de un principio cifrado y matemático, mostrando que Risale-i Nur, lejos de dañar la aleya o la claridad del Corán, más bien sirve a su milagro y elocuencia.
Este tipo de señales de lo Oculto no pueden ser objeto de objeción. Quien no puede negar las innumerables extracciones de los significados por parte de los eruditos de la verdad a partir de las señales infinitas del Corán, tampoco debería negar esto, y no puede hacerlo.
Sin embargo, la objeción de quien se sorprende y considera improbable que una obra tan importante surja a través de una persona insignificante como yo, si reflexionara que crear un inmenso pino a partir de una pequeña semilla de pino es una prueba del poder divino y la grandeza divina, ciertamente se vería obligado a admitir que el surgimiento de una obra como esta en un tiempo de necesidad extrema, a través de alguien completamente incapaz y absolutamente pobre como yo, es una prueba de la inmensidad de la misericordia divina.
Les aseguro a ustedes y a los que objetan, con la dignidad y el honor de Risale‑i Nur, que estas señales, las noticias implícitas de los evliyas y sus alusiones, siempre me han llevado a la gratitud, alabanza y al arrepentimiento por mis defectos. Nunca, en ningún momento ni instante, me han otorgado una arrogancia o un orgullo que alimenten mi ego. Esto lo demuestro con los reflejos de mis veinte años de vida ante sus ojos.
Sí, a pesar de esta verdad, los humanos no están libres de errores ni olvidos. Yo tengo muchos defectos que desconozco. Tal vez mi pensamiento se haya confundido y algunos errores se hayan deslizado en los tratados. Sin embargo, si los que tergiversan y alteran las claras palabras del Corán, bajo el pretexto de sustituir sus letras sagradas con interpretaciones humanas deficientes en nuevas escrituras, no consideran estas corrupciones como una afrenta a la claridad de las aleyas, entonces, hacer objeciones al humilde esfuerzo de un hombre inocente que simplemente intenta fortalecer la fe de sus hermanos explicando un punto de elocuencia milagrosa, no solo es inaceptable para los verdaderos buscadores de la verdad, sino que tampoco podría ser objetado por alguien sin siquiera un mínimo de justicia.
Además, declaro lo siguiente: en este tiempo, a pesar de que existen métodos, caminos y órdenes sufíes con millones de seguidores dedicados, fuertes y sinceros, aparentemente han sido vencidos ante los terribles ataques de la incredulidad. Sin embargo, un hombre como yo, medio analfabeto, sin apoyos, constantemente vigilado frente a la estación de policía, y sujeto a intensas campañas propagandísticas en su contra para alienar a todos de él, no puede poseer algo como Risale‑i Nur, que resiste con más fuerza y avanza más que esos caminos. Esta obra no es producto de su habilidad ni puede enorgullecerse de ella. Más bien, es un regalo de la misericordia divina otorgado directamente como un tipo de milagro espiritual del Sabio Corán en esta época.
Ese hombre, junto con miles de compañeros, ha tomado este regalo coránico. De alguna manera, la tarea de ser el primer intérprete recayó en él. La prueba de que no es obra de su pensamiento, conocimiento o intelecto, es que en Risale‑i Nur hay secciones que fueron escritas en tiempos muy cortos: algunas en seis horas, otras en dos horas, algunas en una hora, y otras incluso en diez minutos. Juro solemnemente que, incluso con la memoria del Viejo Said, no podría realizar en diez horas lo que se escribió en diez minutos. Tampoco puedo, con toda mi capacidad y mente, completar en dos días lo que se escribió en una hora. Por ejemplo, el tratado que es la Trigésima Palabra, que se completó en seis horas en un solo día, no podría ser realizado en seis días ni por mí ni por los más minuciosos filósofos religiosos. Y así sucesivamente…
Aunque somos indigentes, nos hemos convertido en agentes y sirvientes de una tienda de joyas extremadamente rica. Que Allah, con Su gracia y generosidad, nos mantenga a nosotros y a todos los estudiantes de Risale‑i Nur constantes y exitosos en este servicio, con sinceridad y pureza de intención. Ámin, por la dignidad del Señor de los Mensajeros.
Said Nursi