¡Mis estimados hermanos verídicos!
En Kastamonu, un hombre devoto expresó en tono de queja: “he decaído. He perdido mi estado anterior, mis placeres y las luces.”
Le respondí: “tal vez hayas progresado. Puede que hayas dejado atrás esos placeres y revelaciones que halagan el nefs, saboreando los frutos de la otra vida en este mundo, y que inspiran una cierta vanidad. Quizás has alcanzado una posición más elevada al adoptar la humildad, dejando de lado el ego y no buscando placeres efímeros.”
Sí, uno de los grandes favores de Dios es no hacer que sus dones sean perceptibles para quienes no han dejado el ego, para que así no caigan en la autosatisfacción ni en el orgullo.
Hermanos míos, basándonos en esta verdad, aquellos que piensan como ese hombre, o que se dejan llevar por los altos lugares que la buena opinión de los demás les ha concedido, pueden ver en ustedes, los discípulos que aparecen con modestia, humildad y una actitud servicial, a personas sencillas o comunes. Y se dirán: “¿Son estos los héroes de la verdad que desafían al mundo? ¡Qué decepción! ¿Dónde están los verdaderos luchadores de esta misión sagrada que hasta los evliyas, cercanos a Allah en esta época no pueden igualar?” Si son amigos, se desilusionarán; si son oponentes, justificarán su oposición.
Said Nursi