¡Mis estimados hermanos verídicos!
Para evitar acusarse mutuamente de orgullo o falta de lealtad, se me advirtió que explicara una verdad.
En una ocasión, observé con asombro que un gran evliya, cercano a Allah que había dejado su ego y que ya no tenía un nefs‑i emmare, el alma que incita al mal, se quejaba intensamente de su nefs-i emmare. Más tarde, comprendí con certeza que para que la lucha contra el ego continúe de forma meritoria hasta el final de la vida, cuando el nefs-i emmare muere, sus atributos se transfieren a los sentidos y las emociones, y la lucha continúa. Así, esos grandes evliyas se quejan de este segundo enemigo y del heredero del nefs.
Además, el valor y el rango espiritual no se manifiestan en este mundo de manera que se hagan evidentes. Incluso se ha visto que algunos de los más grandes, al no percibir los grandes dones divinos que se les otorgan, se consideran a sí mismos más indigentes y en bancarrota que cualquiera. Esto demuestra que los dones de descubrimientos espirituales, keramets, prodigios, sensaciones y luces espirituales, que a menudo se consideran signos de perfección en la opinión común, no son criterios de valor o rango espiritual.
Aunque una hora de los Sahabe, Compañeros del Profeta tiene tanto valor como un día, o incluso un período de retiro de otros evliyas, la ausencia de dones extraordinarios como los de los evliyas en cada uno de los Sahabe demuestra esta verdad.
Así que, hermanos míos, presten atención: no permitan que su nefs‑i emmare los engañe con sospechas injustas y que les haga dudar de la capacidad de Risale-i Nur para educarlos.