¡Hermanos míos! Lean con atención y repetidamente los fragmentos escritos en el tratado de las cartas cortas como medio de consuelo, paciencia y tolerancia. Yo soy el más débil de ustedes y el que más se ve afectado por esta dolorosa calamidad. Muchas gracias a Dios que lo tolero; no me he ofendido en absoluto con quienes me culpan de todo, ni tampoco me he molestado con aquellos que, debido a la unidad de nuestra causa, solo se defienden a sí mismos e implícitamente nos cargan con la culpa y la acusación de asociación. Ya que somos hermanos, les ruego que me imiten en esta paciencia.
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