بِاسْمِهِ سُبْحَانَهُ
وَاِنْ مِنْ شَيْءٍ اِلَّا يُسَبِّحُ بِحَمْدِهِ
¡Mis estimados hermanos verídicos!
Escapar y liberarnos de esta aflicción no era posible por dos razones:
la primera: la Providencia Divina había decretado que parte de nuestro destino se cumpliera aquí. De cualquier manera, íbamos a llegar, y la forma más beneficiosa es esta.
La segunda: no tuvimos la oportunidad de escapar de la trampa que se tendió en nuestra contra. Yo lo había percibido, pero no había forma de evitarlo. Los pobres y difuntos Sheij Abdülhakim y Sheij Abdülbaki tampoco pudieron salvarse. Así que, en esta aflicción, quejarnos unos de otros es no solo injusto, sino también insensato y perjudicial; además, es una forma de desapego hacia Risale‑i Nur.
¡Por favor, no vean la actividad de los miembros dedicados como una causa de esta aflicción ni se disgusten con ellos, pues eso sería apartarse de Risale‑i Nur y perder la oportunidad de aprender las verdades de la fe en Allah! Esto sería una calamidad espiritual mayor que cualquier aflicción material.
Les aseguro solemnemente que aunque soy quien más ha sufrido en esta aflicción, participando en ella veinte o treinta veces más que cada uno de ustedes, no me enojo en absoluto por su dedicación sincera, incluso si la imprudencia que ha traído esta aflicción se hubiera incrementado diez veces más.
¡Hermanos míos! La preocupación multiplica el sufrimiento y planta la aflicción material profundamente en el corazón, convirtiéndose en una raíz; además, sugiere una especie de crítica al destino y de acusación hacia la misericordia. Dado que en todo hay un aspecto de belleza y una manifestación de misericordia, y el destino actúa con justicia y sabiduría, estamos obligados a no dar importancia a este leve sufrimiento debido a una misión sagrada que afecta a todo el mundo islámico en estos tiempos.