بِاسْمِهِ سُبْحَانَهُ
¡Mis estimados hermanos verídicos!
En el lapso de dos horas, recibí la inspiración de compartir con ustedes dos sucesos curiosos y significativos que aunque aparentemente pequeños, en realidad tienen importancia.
Primero: leí a dos estudiantes nuevos de Nur el tema señalado en el tratado “Guía” durante la Noche de Decreto. Al final, mencioné que “lo que los maestros de madraza logran en cinco o diez años, los estudiantes de Nur lo alcanzan en diez semanas.” Justo en ese momento, vino a mi mente la experiencia del Antiguo Said, quien, a los quince años, con la ayuda divina, fue capaz de estudiar en quince semanas lo que se enseñaba en quince años. De igual forma, por la gracia de Dios, Risale‑i Nur permite a sus estudiantes de los conocimientos de la fe en Allah y la verdad alcanzar en quince semanas lo que otros tardan quince años en adquirir, como han comprobado unas quince mil personas en estos quince años.
Segundo: en ese mismo instante, nuestra ventana, bastante pesada, cayó sin motivo sobre mis recipientes, botellas y comida. Supusimos que tanto el vidrio como los recipientes y vasos se habrían roto, y que los alimentos se habrían perdido. Sin embargo, de manera sorprendente, no hubo rotura ni pérdida alguna, excepto por la carne que había cocinado, que se derramó. Pero esta carne terminó siendo compartida con los nuevos estudiantes, lo cual también preservó mi regla de no aceptar obsequios. De esta manera, este segundo suceso, con su característica inusual, parece confirmar el primero.
Said Nursi