Tercer Grado de Nuriye‑i Hasbiye:
Bajo la presión de aquellos exilios, enfermedades y sufrimientos de la opresión, al encontrarme desvinculado del mundo, la fe me transmitió la certeza de que soy candidato a una felicidad eterna en un mundo eterno y en un país perpetuo. En ese momento, abandoné el “¡ay, ay!” y exclamé “¡oh, oh!”. Sin embargo, la realización de este objetivo supremo de la vida, esta meta del alma y este resultado de la naturaleza humana, solo puede lograrse mediante un Kadir‑i Mutlak, Poderoso Absoluto que posea un poder infinito. Es Él quien conoce y registra, tanto en palabra como en acción, todos los movimientos, reposos, estados y obras de todas las criaturas. Es Él quien ha hecho amigo y destinatario de Su discurso al ser humano, pequeño y absolutamente impotente, otorgándole un rango por encima de todas las criaturas. Reflexioné: la realización de este propósito depende de Su poder infinito en acción y del inmenso valor y favor que concede al ser humano aparentemente insignificante. Estas dos realidades – la actividad de tal poder y la verdadera importancia de este aparentemente insignificante ser humano– requerían una explicación que esclareciera la fe y diera paz al corazón.
Por ello, volví a recurrir a la aleya: Ella me dijo: "presta atención al 'نَا' en 'حَسْبُنَا' (¡nosotros!), y escucha quiénes, además de ti, están diciendo 'حَسْبُنَا' con el lenguaje de su estado y el lenguaje de sus palabras."
De repente vi que innumerables aves, pajarillos, insectos y animales, así como infinitas plantas, brotes verdes, árboles y arbustos, al igual que yo, con el lenguaje de su estado, mencionan y recuerdan el significado de “Hasbunallahü ve ni'melvekil”. Ellos demuestran que tienen un Guardián tan poderoso que se encarga de todas las condiciones necesarias para su vida. A partir de huevos similares, gotas idénticas, semillas parecidas y núcleos semejantes, Él crea frente a nuestros ojos, y especialmente en cada primavera, de manera extremadamente rápida, fácil y abundante, cientos de miles de variedades de aves, cientos de miles de tipos de animales, cientos de miles de especies de plantas y cientos de miles de clases de árboles. Todos son creados sin errores, sin defectos, sin confusión, adornados, equilibrados, ordenados y, al mismo tiempo, con diferencias específicas. Dentro de la grandeza y majestad de Su poder, la semejanza, la coincidencia y la uniformidad en su creación nos muestran Su vahdet y ehadiyet, unidad y singularidad. Comprendí que tal obra de administración divina, llena de infinitos milagros, y tal intervención creadora no permiten ni la interferencia ni la asociación de otro ser.
Luego, miré el نَا de حَسْبُنَا , que incluye mi propio ”yo" (ene), y observé mi ser. Vi que, como los demás seres, fui creado milagrosamente a partir de una gota de agua que es mi origen. Mi Creador formó mis oídos y colocó mis ojos. En mi cabeza situó un cerebro, en mi pecho un corazón, y en mi boca una lengua, dotándolos de mecanismos que pueden pesar y reconocer todas las bendiciones y regalos divinos acumulados en los tesoros de la misericordia. En ese cerebro, corazón y lengua, Él creó, formó y grabó cientos de pequeños instrumentos y medidas que pueden comprender y revelar los infinitos reflejos de los nombres divinos más bellos. También asignó ayudantes para esos instrumentos, que corresponden a la cantidad de fragancias, sabores y colores, para que puedan identificar y describir esas bendiciones.
Además, con un perfecto orden, no sólo ha integrado en mi cuerpo estos delicados sentidos, emociones, y las sutilezas espirituales más perfectamente armonizadas, sino que también ha creado con suprema sabiduría los dispositivos, órganos y herramientas de mi cuerpo, indispensables y esenciales para la vida humana, con una precisión exquisita. Así, a través de estos sentidos y órganos, me permite experimentar, percibir y saborear todos los tipos de Sus bendiciones y las infinitas manifestaciones de Sus nombres divinos bellos, reveladas de distintas maneras. Estas manifestaciones me son transmitidas mediante esas percepciones, emociones y sensibilidades.
Este cuerpo aparentemente insignificante, débil y pobre mío – al igual que el cuerpo de todo creyente– ha sido creado como: ● un calendario hermoso y un diario que resume el universo; ● una copia abreviada, pero luminosa, del gran cosmos; ● un modelo en miniatura de este mundo; ● un milagro evidente entre las maravillas de Su creación; ● un cliente y receptor que solicita todas las variedades de Sus bendiciones; ● un centro similar a una estación que distribuye y refleja las leyes y decretos de Su Señorío; ● un jardín modelo que exhibe las flores de Su sabiduría y misericordia; ● y un interlocutor inteligente que comprende Sus divinas palabras. Además de todo esto, Él ha otorgado vida a este cuerpo mío, que es el mayor de los favores, para magnificar y expandir esta existencia. Y con esa vida, mi bendición de existencia puede expandirse hasta abarcar el mundo visible.
Además, Él me otorgó la humanidad. Con esta humanidad, la bendición de la existencia se expandió tanto en los mundos espirituales como materiales, abriendo caminos para beneficiarse de esas vastas mesas con los sentidos específicos del ser humano.
También me concedió el Islam. Con el Islam, esta bendición de la existencia se amplió tanto como los mundos de lo oculto y de lo visible.
Asimismo, me otorgó la fe verificada. Con esta fe en Allah, la bendición de la existencia abarcó tanto este mundo como el Más Allá.
Dentro de esa fe en Allah, me otorgó conocimiento y amor por Él. Con ese conocimiento y amor, esta bendición de la existencia me permitió extender las manos con alabanza y gratitud desde el ámbito de lo posible hasta el ámbito de la existencia absoluta y el dominio de los nombres divinos.
Además, de manera especial, me otorgó un conocimiento coránico y una sabiduría basada en la fe en Allah. Con esta gracia, me elevó por encima de muchas criaturas y, al igual que los puntos anteriores, me concedió una universalidad tan vasta que soy un espejo perfecto para Su ehadiyet y samediyet, unicidad y autosuficiencia, y puedo corresponder con una adoración amplia y universal a Su Rububiyet, Señorío universal y sagrado.
Además, según el consenso de todos los libros sagrados, escrituras y decretos enviados a los profetas, y de acuerdo con la unanimidad de todos los profetas, evliyas y sabios, comprendí con ilmelyakin, certeza de conocimiento y con total fe que este cuerpo, vida y alma que Él me confió como un depósito y regalo, y que pertenece a Él, han sido comprados por mi Creador, como está explícitamente mencionado en la aleya del Corán. Así, para que no se desperdicien inútilmente en mis manos, Él promete repetidamente, con certeza y solemnidad, que a cambio de preservarlos y entregarlos, me otorgará la felicidad eterna y el Paraíso.
Además, observé que mi Rab, Señor, el Ser Zulcelal vel Ikram, de Majestad y Benevolencia Sublimes, quien, como se explicó antes, concede tanta importancia al ser humano, abre con Su nombre “Fettah” (el que abre) las formas de innumerables especies de animales y plantas a partir de gotas y semillas limitadas y similares, de manera extremadamente fácil, rápida y perfecta. Él es quien realiza estas funciones esenciales de Su Rububiyet con un cuidado extraordinario. De la misma manera que crea la primavera futura con facilidad y certeza, también creará la resurrección, otorgará el Paraíso y traerá la felicidad eterna, como aprendí de esta Aleya de Hasbiye. Si pudiera, lo proclamaría en acción; y como no puedo, lo proclamo con intención, pensamiento e imaginación, y digo con todos los lenguajes de las criaturas: “Hasbunallahu ve ni'melvekil”. Y quiero repetirlo siempre hasta la eternidad.