Quinto Grado de Nuriye‑i Hasbiye:
En otro momento, mi vida fue sacudida por condiciones extremadamente difíciles, lo que dirigió mi atención hacia mi vida y mi existencia. Observé que mi vida estaba corriendo rápidamente hacia su fin; mi existencia se había acercado al Más Allá y mi vida, bajo la presión de las dificultades, parecía apagarse. Sin embargo, al recordar las importantes funciones, grandes virtudes y valiosas ventajas de la vida explicadas en la epístola relacionada con el nombre divino “Hayy” (El Viviente), pensé con tristeza que la vida no parecía merecer extinguirse tan rápidamente, sino más bien durar mucho tiempo. Entonces recurrí nuevamente a mi maestro, la aleya: Ella me dijo: “mira tu vida en relación con el Ser Hayy y Kayyum, Viviente y Permanente, quien te ha dado la vida.”
Miré y vi que: si la vida tiene un valor de uno en relación conmigo, tiene un valor de cien en relación con el Ser Hayy y Muhyi, Viviente y Revivificador. Si su beneficio para mí es uno, su beneficio para mi Creador es mil. Por esta razón, la duración de la vida no requiere un largo tiempo; incluso un solo instante es suficiente. Esta verdad ha sido explicada con pruebas en las epístolas de Risale‑i Nur. Aquí se presentará un breve resumen en el contexto de cuatro asuntos.
Primera Cuestión
Cuando observé la naturaleza y la verdad de la vida desde la perspectiva de su conexión con Hayy‑i Kayyum, vi que: la naturaleza de mi vida es como un almacén que contiene las llaves de los tesoros de los nombres divinos. Es un pequeño mapa de Sus adornos, un índice de Sus manifestaciones y una medida sutil y una balanza para las grandes verdades del universo. Además, comprendí que mi vida es una palabra escrita de sabiduría que conoce, transmite, comprende y comunica los significativos y valiosos nombres de Hayy-i Kayyum. Esta realidad de la vida, vista desde este ángulo, aumenta mil veces su valor, y una hora de su duración adquiere una importancia equivalente a toda una vida. En cuanto a su relación con el Ser Ezeli, de la Eternidad Pasada, sin tiempo, no se considera su duración, sea larga o corta.
Segunda Cuestión
Cuando observé los derechos reales de la vida, vi que mi vida es como una carta divina que se presenta a mis hermanos, las criaturas conscientes, para que la lean y reconozcan a su Creador. Es un lugar de reflexión que manifiesta a su Autor.
Además, mi vida es como un anuncio que proclama las perfecciones de mi Creador.
Es un ornamento que, adornado con los valiosos regalos y signos otorgados por el Creador a través de la vida, se presenta diariamente en ceremonias repetidas de inauguración ante la mirada del Rey Incomparable, con fe, conciencia, gratitud y aprecio.
También consiste en comprender, observar y proclamar, mediante el testimonio, las salutaciones llenas de atributos y las glorificaciones agradecidas que ofrecen innumerables seres vivos a su Creador.
Asimismo, a través del lenguaje del estado, del habla y de la servidumbre, mi vida revela las bellezas del Rububiyet, Señorío del Hayy‑i Kayyum, Viviente y Permanente.
Comprendí con ilmelyakin, certeza de conocimiento que estos elevados derechos de la vida no requieren un largo tiempo para su cumplimiento. Además, elevan la vida mil veces y son cien veces más valiosos que los derechos mundanos de la vida. Exclamé: “¡Subhan'Allah!” (¡Gloria a Allah!). ¡Qué valiosa y vivificante es la fe en Allah! Allí donde entra, da vida, y una chispa suya transforma esta vida pasajera en una vida eterna, borrando la finitud que la cubre.
Tercera Cuestión
Cuando observé las funciones naturales y los beneficios espirituales de mi vida en relación con mi Creador, vi que mi vida refleja a su Creador desde tres aspectos.
Primer Aspecto: mi vida, a través de su debilidad e impotencia, así como de su pobreza y necesidad, actúa como un espejo que refleja el poder, la fortaleza, la riqueza y la misericordia del Creador de la Vida.
Así como los grados de hambre revelan las diversas intensidades del placer en la comida, los niveles de oscuridad muestran los grados de luz, y las medidas del frío permiten comprender los niveles de calor, de manera similar, mediante la infinita impotencia y pobreza en mi vida, junto con mis infinitas necesidades y mi incapacidad para enfrentar enemigos incontables, llegué a conocer el poder infinito y la misericordia infinita de mi Creador. Comprendí y asumí mi deber de preguntar, suplicar, buscar refugio, humillarme y rendirme en adoración.
Segundo Aspecto: mediante los significados de atributos como el conocimiento limitado, la voluntad, la audición y la visión en mi vida, mi existencia actúa como un espejo que refleja los atributos universales y abarcadores de mi Creador y Sus cualidades esenciales.
Sí, al observar en mi vida y en mis acciones conscientes significados como saber, escuchar, ver, hablar y querer, comprendí que los atributos de mi Creador, como Su conocimiento universal, Su voluntad, Su audición, Su visión, Su poder y Su vida, son tan vastos como la inmensidad del universo comparada con mí ser insignificante. Además, comprendí Sus cualidades esenciales como el amor, la ira y la compasión. Creí en ellas, las confirmé con fe y, mediante este reconocimiento, encontré un camino más hacia el conocimiento en mi Creador.
Tercer Aspecto: mi vida actúa como un espejo que refleja los nombres divinos cuyas manifestaciones y trazos están inscritas en ella.
Sí, al observar mi propia vida y mi cuerpo, descubrí obras, adornos y artes milagrosos en cientos de formas. Además, al contemplar cómo soy alimentado con infinita compasión, llegué a comprender, con la luz de la fe, que el Ser que me ha creado y me sustenta es inmensamente generoso, misericordioso, hábil en Su arte, bondadoso, extraordinariamente poderoso y – si me permito usar esta expresión– increíblemente maestro, atento y diligente. A través de esta comprensión, entendí las responsabilidades de mi naturaleza, los propósitos de mi creación y los resultados de mi vida, como glorificar, santificar, alabar, agradecer, engrandecer, exaltar y proclamar la unicidad (tevhid) y la unidad (tehlil) de mi Creador. Comprendí con ilmelyakin, certeza de conocimiento por qué la vida es la criatura más valiosa del universo, el secreto detrás de que todo esté sometido al servicio de la vida, la razón del anhelo natural hacia la vida que reside en todos los seres, y que el verdadero sustento de la vida es la fe en Allah.
Cuarta Cuestión
Cuando reflexioné sobre cuál es el verdadero placer y la felicidad de mi vida en este mundo, recurrí nuevamente a la aleya: Vi que
el placer más puro y la felicidad más genuina de mi vida están en la fe en Allah. Es decir, el hecho de que yo sea una criatura, una obra de arte, un siervo y un ser educado por un Rabb‑i Rahim, Señor Compasivo que me ha creado y me sustenta; el saber que estoy siempre bajo Su mirada, que dependo de Él en todo momento, y que Él es mi Señor, mi Dios y es extremadamente misericordioso y compasivo conmigo, esta certeza en mi fe es un placer y una felicidad tan suficientes, completas, libres de dolor y constantes que no se pueden describir. Comprendí de esta aleya cuán apropiado y significativo es decir: “Elhamdulillahi ala nimet-il iman” (¡Alabado sea Allah por el regalo de la fe!).
Así, estas cuatro cuestiones relacionadas con la verdad, los derechos, los deberes y el placer espiritual de la vida, me mostraron que:
cuando la vida se dirige hacia el Ser Baki‑i Hayy-i Kayyum, Eterno, Viviente y Permanente, y cuando la fe en Allah da vida y espíritu a esa vida, entonces la vida adquiere permanencia, produce frutos eternos, se eleva a tal grado que refleja las manifestaciones de la eternidad, y ya no depende de la duración, sea breve o larga. De esta aleya aprendí esta lección y, mediante la intención, la contemplación y la imaginación, exclamé en nombre de todas las vidas y todos los seres vivos: “Hasbunallahu ve ni'melvekil”.