Pregunta Si el cuerpo tiene vida, los componentes corporales están en constante combinación y descomposición, y están destinados a desaparecer; por lo tanto, no pueden alcanzar la eternidad. Comer y beber son para la supervivencia individual, y el trato matrimonial es para la supervivencia de la especie, que son principios en este mundo. En el mundo eterno y en la otra vida, no hay necesidad de estas cosas. Entonces, ¿por qué los placeres más grandes del Paraíso incluyen estas acciones?
Respuesta: primero, en este mundo, la condena del cuerpo viviente a la descomposición y la muerte, se debe a la falta de equilibrio entre lo que recibe y lo que gasta. Desde la infancia hasta la madurez, lo que recibe es mucho; después de eso, los gastos aumentan y el equilibrio se pierde, lo que provoca la muerte. En el mundo eterno, los átomos del cuerpo permanecen estables y no están sujetos a descomposición o desintegración, o bien el equilibrio entre lo que recibe y lo que gasta se mantiene. Como un ciclo perpetuo, el cuerpo viviente se vuelve eterno a través del funcionamiento continuo del sistema de la vida corporal, cuyo propósito es experimentar el disfrute.
Comer, beber y las relaciones matrimoniales, aunque en este mundo se originan de una necesidad y van dirigidos a cumplir una función, contienen dentro de ellos tal variedad de placeres que superan a los demás. Si en este mundo, que es una morada de sufrimiento, comer y el matrimonio son fuentes de placeres tan maravillosos y variados, entonces, en el Paraíso, que es la morada de la felicidad y el placer, esos placeres asumirán una forma aún más sublime. Allí, los placeres del más allá se sumarán como una recompensa espiritual a las funciones mundanas, y las necesidades de este mundo se convertirán en un anhelo placentero en el más allá. De este modo, se convertirán en fuentes de placer completamente vivas, adecuadas para el Paraíso y acordes con la eternidad.
Sí, la aleyaوَمَا هَذِهِ الْحَيَوةُ الدُّنْيَا اِلاَّ لَهْوٌ وَلَعِبٌ وَاِنَّ الدَّارَ اْلاۤخِرَةَ لَهِىَ الْحَيَوَانُindica que en este mundo, las materias inanimadas, insensibles y sin vida, en el más allá estarán dotadas de vida y conciencia. Al igual que los seres humanos aquí, los árboles en el Paraíso y las piedras allí, al igual que los animales aquí, comprenderán y obedecerán órdenes. Si le dices a un árbol “Tráeme tal fruto”, lo traerá. Si le dices a una piedra “Ven”, vendrá.
Dado que las piedras y los árboles en el más allá alcanzarán un grado tan sublime, es natural que comer, beber y el matrimonio, mientras conservan sus realidades corporales, asuman una forma aún más elevada en el Paraíso, en proporción a su grado superior en comparación con este mundo.