Vigésimo Novena Ventana
وَاِنْ مِنْ شَيْءٍ اِلَّا يُسَبِّحُ بِحَمْدِه۪
En una temporada de primavera, de una manera solitaria y con reflexión, iba en un viaje. Cuando pasé al pie de un montículo, una flor amarilla brillante me llamó la atención. Me hizo recordar ese tipo de flores amarillas que veía en mi tierra natal y en otros lugares en el pasado. Un significado vino al corazón: De quién es el sello de esta flor, de quién es la marca, de quién es la firma y de quién es el bordado; Por supuesto, toda esa clase de flores sobre la faz de la tierra son sus sellos y marcas.
Después de esta imaginación del sello, vino una visión: Tal como una carta sellada con un sello, ese sello muestra al dueño de esa carta. Asimismo; esta flor es un sello de Rahman, Misericordioso. Incluso ese montículo escrito con diversas especies de bordados y significativas líneas de plantas, es la carta de Sani, Artífice. También, incluso este montículo es un sello. Este campo y llanura obtuvieron el significado de una carta de Rahman.
De esta visión vino a la mente una verdad: Cada cosa siendo un sello de Rab, atribuye todas las cosas a su propio Creador. Demuestra que es la carta de su propio escriba. Así cada cosa es una ventana tal de la unidad divina, que atribuye todas las cosas a un Vahid‑i Ehad, Uno y Único.
Entonces, hay un bordado tan maravilloso, un arte tan milagroso en todo, especialmente en los seres vivos; Aquel que lo hace así y lo borda con tanto significado puede hacer todas las cosas, y aquel que hace todas las cosas por supuesto será Él. Es decir, aquel que no puede hacer todas las cosas no puede crear una sola cosa.
Así, ¡oh negligente! Mira la cara de este universo: las páginas de los seres, que son como infinitas cartas de Samed una dentro de la otra, y cada carta está sellada con los infinitos sellos de la unidad divina. ¿Quién puede negar el testimonio de todos estos sellos? ¿Qué fuerza puede silenciarlos? Lo que sea que escuches con el oído del corazón, oirás que diceاَشْهَدُ اَنْ لآَ اِلٰهَ اِلاَّ اللّٰهُ