Decimoctava Ventana
اَوَلَمْ يَنْظُرُوا ف۪ي مَلَكُوتِ السَّمٰوَاتِ وَالْاَرْضِ
Mira esta analogía que se explicó en la Vigésima Segunda Palabra: Tal como una obra perfecta, ordenada, artística, como un palacio, obviamente señala una acción ordenada. Es decir, un edificio señala el hecho de construir. Y una perfecta acción ordenada obligadamente señala a un hacedor perfecto, a un hábil maestro y a un constructor. Y los títulos de perfecto maestro y constructor obviamente señalan un atributo perfecto, es decir, la facultad del arte. Y ese perfecto atributo y esa facultad perfecta del arte, abiertamente, señalan la existencia de un talento perfecto. Y en cuanto a un talento perfecto, indica un espíritu sublime y la existencia de un ser elevado.
Asimismo: Las obras renovantes que llenan la faz de la tierra, tal vez el universo, muestran abiertamente las acciones que están en grados perfectos. Y las acciones en la esfera del orden y sabiduría en este último grado indican claramente un hacedor, cuyos títulos y nombres son perfectos. Porque ciertamente se sabe que las acciones regulares y sabias no pueden ser sin hacedor. Y los títulos extremadamente perfectos indican los atributos sumamente perfectos de ese hacedor. Pues de acuerdo con las reglas de la gramática, la partícula activa se forma a partir del infinitivo, es decir, lo que se llama “la raíz” en la gramática árabe; así también la fuente y las raíces de los sustantivos, nombres y títulos son atributos. Y los atributos en el grado más alto de perfección apuntan indudablemente a cualidades esenciales completamente perfectas. Y esa facultad exclusiva de su Ser (que no podemos describir), esos perfectos atributos exclusivos de su Ser, con total certeza, señalan a un Ser que tiene un grado infinito de perfección.
Así, todas las obras de arte y todos los seres en todo el universo, debido a que cada uno es una obra perfecta, cada uno testifica un acto; en cuanto al acto, testifica a un nombre; en cuanto al nombre, testifica a un atributo; en cuanto al atributo, testifica una cualidad exclusiva; en cuanto a la cualidad exclusiva, testifica al ser; por eso testifican la necesaria existencia de un solo Sani‑i Zulcelal, indican Su unidad en cantidad de los seres; de la misma manera con su totalidad, es una ascensión a los cielos de una forma fuerte como los seres en cadena. Es una encadenada prueba de la verdad, que de ninguna manera puede provocar alguna duda.
Ahora, ¡oh desventurado incrédulo negligente! ¿Con qué puedes romper esta prueba que es tan fuerte como la cadena del universo? ¿Con qué puedes cerrar esta ventana de interminables agujeros y jaulas, que muestra el resplandor de la verdad en cantidad de los seres? ¿Con qué cortina de negligencia puedes cubrirla?