Si tienes una virtud, deja que permanezca oculta en el polvo, para que pueda crecer y desarrollarse
¡Oh, tú que posees una capacidad especial! No te expongas para no hacer daño; si permaneces bajo el velo del anonimato, otorgarás bendición y generosidad a tus hermanos.
La posibilidad y la probabilidad de que cualquier hermano pueda ocupar tu lugar o convertirse en ti, atraerá hacia ellos una mirada de respeto.
Pero si te expones y sales de atrás del velo, aunque antes eras generoso, te conviertes en un opresor. Mientras antes eras un sol, ahora te conviertes en una sombra.
Haces que tus hermanos caigan y pierdan la mirada de respeto. Así que la distinción y el sobresalir son mandatos opresivos. Si esto es verdad y lo ves de esta manera, ¿qué se puede decir entonces de aquellos que buscan distinción y fama con falsedad y ostentación? Este es un gran secreto: la sabiduría divina y ese orden perfecto esconden con un velo a una persona extraordinaria dentro de su especie, dándole valor y haciendo que se aprecie más.
Aquí tienes un ejemplo: dentro de la humanidad, el santo está oculto; en la vida, la muerte está oculta. En el viernes hay una hora en la que las súplicas son aceptadas, pero está oculta.
En el Ramadán hay una noche de gran valor que está dispersa, y en los nombres más hermosos está oculto el elixir del Gran Nombre. La grandeza de estos ejemplos, y ese secreto especial, se revela en lo oculto, y se demuestra en la ocultación. Por ejemplo: en el ocultamiento de la muerte hay un equilibrio; en cualquier momento que te encuentres, toma la postura que desees.
El equilibrio entre el miedo y la esperanza hace que el servicio para el más allá y para el mundo se mantenga; la ilusión de la inmortalidad otorga el placer de la vida. Un período de vida de veinte años, si está oculto, es mejor que mil años de vida con un final conocido. Porque si pasa la mitad, cada hora que pasa te hará sentir como si estuvieras avanzando hacia la horca.
Te duele poco a poco… la ilusión no te consuela, y no encuentras paz.