El gusto es un telegrafista, no dejes que te seduzca ni te engañe
La sabiduría y la providencia divina han asignado dos centros a través de la boca y la nariz, con estaciones fronterizas dentro, y han puesto allí a sus mensajeros. En este pequeño mundo, las venas funcionan como teléfonos y los nervios como telégrafos. El olfato actúa como teléfono, y el gusto, por su providencia, actúa como telégrafo. Ese Rezzak‑i Hakiki, Verdadero Sustentador ha colocado una muestra de Su misericordia sobre los alimentos: sabor, color y fragancia. Así que estos tres sentidos son como anuncios, invitaciones y permisos de parte de ese Rezzak, y son los heraldos que atraen a los necesitados y a los consumidores. Ha dado a los animales que se alimentan, herramientas para disfrutar, ver y oler. Y ha adornado los alimentos con diversas bellezas; ha capturado los corazones caprichosos, y atraído a los indiferentes con excitación. Entonces, cuando la comida entra en la boca, de inmediato el gusto envía un telegrama a todas las partes del cuerpo. El olfato da la información sobre el tipo de comida y sus variedades. Las diferentes necesidades, y los diferentes consumidores reaccionan de acuerdo a esto, se preparan, o reciben una respuesta de rechazo. Y a veces la comida es expulsada, escupida.
Si es asignado por la providencia para esta tarea, no debe seducir con el placer ni engañar con el deleite. Si lo hace, olvidará lo que es el verdadero apetito, y el falso apetito lo dominará. Y los errores serán castigados con enfermedades y dolencias. El verdadero placer proviene del verdadero apetito, y el apetito verdadero surge de una necesidad genuina. En este placer suficiente, el rey y el mendigo están juntos. Y tanto con un dinar como con un dirhem, este placer cura el dolor.