En una ocasión, mientras estaba en un lugar elevado del Monte Çam en Barla, miré el rostro del cielo en la noche. Las siguientes líneas vinieron repentinamente a mi mente. Escribí esto como si hubiera escuchado las estrellas hablar con su lenguaje de estado en mi imaginación. Como no sé de poesía ni de métrica, no sigue las reglas de la poesía. Fue escrito tal como lo recordé. Se ha tomado del final de la Cuarta Carta y del Primer Capítulo de la Trigésima Segunda Palabra.
Un Libro De Estrellas Que Hace Hablar a Las Estrellas
Escucha el dulce sermón de las estrellas, observa cómo explican el mensaje luminoso de la sabiduría.
Todas juntas han comenzado a hablar y dicen con la lengua de la verdad: “somos pruebas luminosas del esplendor del Sultán, de un Kadir‑i Zulcelal, de la existencia de Sani.
Somos testigos tanto de Su unidad como de Su poder.
Las delicadas maravillas que adornan la faz de esta tierra, son como exposiciones para que los ángeles las contemplen.
Somos miles de ojos agudos que observan la tierra desde el cielo,
Y miran atentamente hacia el Paraíso.
Desde el árbol de la creación, en la rama celestial, somos hermosos frutos colgados de las ramas de la Vía Láctea, por la mano de la sabiduría de un Cemil‑i Zulcelal, Bello Majestuoso.
Somos mezquitas móviles para los habitantes de los cielos, casas giratorias, moradas sublimes, lámparas resplandecientes, naves poderosas, y aviones celestiales.
Somos un milagro del poder y una maravilla del arte del Creador, de un Kadir‑i Zulkemal, de un Hakím-i Zulcelal, cada uno de nosotros es una rareza de sabiduría, una obra maestra de la creación, somos un mundo de luz.
Con cientos de miles de lenguas, mostramos cientos de miles de pruebas,
y las hacemos escuchar al ser humano que es verdaderamente humano.
¡Que se ciegue el ojo del incrédulo que no puede ver nuestro rostro, ni escuchar nuestras palabras, porque somos aleyas que proclaman la verdad!
Nuestro sello es uno, nuestra marca es una, estamos sometidos a nuestro Señor. Glorificamos y hacemos conmemoraciones devotamente.
Somos seguidores extasiados pertenecientes al gran círculo de la Vía Láctea.”
Escuché en mi imaginación lo que decían