Tercera Cuestión
Estas dos cuestiones son parte de los ejemplos en la Vigésima Quinta Palabra, que muestra la incapacidad de la civilización frente al milagro del Corán. Son dos de los miles de ejemplos que demuestran cuán injustas son las leyes de la civilización que se oponen al Corán: el mandamiento coránicoفَلِلذَّكَرِ مِثْلُ حَظِّ اْلاُنْثَيَيْنِno solo es justicia absoluta, sino también pura misericordia.
Sí, es justicia, porque en la gran mayoría de los casos, un hombre toma una mujer, se compromete a mantenerla. Una mujer, en cambio se casa con un hombre, cargando a él con su sustento; así, su carencia en la herencia se compensa.
Además, es misericordia, porque esa débil niña necesita desesperadamente la compasión de su padre y la misericordia de su hermano. Según el mandamiento coránico, esa niña recibe la compasión despreocupada de su padre. Su padre no la mira con preocupación, pensando: “Esta hija mía, que puede causar que la mitad de mi fortuna pase a manos ajenas, es un hijo perjudicial”. No mezcla su compasión con preocupación o enojo. Asimismo, recibe la misericordia y la protección de su hermano sin rivalidad ni envidia. Su hermano no la ve como una rival que destruirá la mitad de la fortuna familiar y pasará una parte importante de los bienes a manos ajenas; no mezcla esa misericordia y protección con resentimiento o desprecio.
De este modo, esa niña, delicada y frágil por naturaleza, pierde en apariencia una pequeña cantidad, pero a cambio obtiene una riqueza inagotable de la compasión y misericordia de sus parientes. De lo contrario, otorgarle más derechos bajo el pretexto de ser más compasivo con ella que la propia misericordia divina no es compasión, sino una severa injusticia. Esto podría incluso abrir el camino a una atrocidad tan despiadada como la práctica bárbara en la época de la ignorancia de enterrar vivas a las hijas, debido a una furia salvaje.
Así, todas las leyes del Corán confirman el decreto:وَمَا اَرْسَلْنَاكَ اِلاَّ رَحْمَةً لِلْعَالَمِينَ.