Tercera Pregunta
¿Dónde está el Infierno?
Respuesta:قُلْ اِنَّمَا الْعِلْمُ عِنْدَ اللّٰهِلَا يَعْلَمُ الْغَيْبَ اِلَّا اللّٰهُSe ha mencionado en algunos relatos que el Infierno está “debajo de la Tierra”. Como se ha explicado en otros lugares, la Tierra, con su movimiento anual, traza un círculo alrededor de un campo que será el lugar de la resurrección en el futuro. El Infierno está debajo de esa órbita anual de la Tierra. El hecho de que no se pueda ver ni sentir es porque es un fuego cubierto y sin luz. En las vastas distancias que recorre la Tierra en su viaje, hay muchas criaturas que no se pueden ver debido a la falta de luz. Del mismo modo que la Luna pierde su visibilidad cuando su luz se desvanece, hay muchos cuerpos celestiales y criaturas que no podemos ver, aunque estén frente a nosotros, porque carecen de luz.
El Infierno es de dos tipos: uno menor y otro mayor. El menor funciona como su semilla y en el futuro, se transformará en el mayor, convirtiéndose en una morada del mayor. El Infierno menor se encuentra debajo de la Tierra, es decir, en su centro.
Según la ciencia de la geología, se sabe que generalmente por cada treinta y tres metros de excavación, la temperatura aumenta un grado. Dado que la mitad del radio de la Tierra hasta su centro es de aproximadamente seis mil kilómetros, esto indicaría que en el centro hay un calor equivalente a doscientas mil veces el fuego terrenal, lo que coincide con los relatos de los hadices sobre la intensidad del fuego.
Este Infierno menor ha cumplido muchas funciones del Infierno mayor, tanto en este mundo como en el mundo intermedio, y ha sido mencionado en los hadices. En el Reino del Más Allá, así como la Tierra arrojará a sus habitantes al campo de la resurrección durante su órbita anual, también entregará el Infierno menor al Infierno mayor por orden divina. La afirmación de algunos imames, líderes de los Mu'tazilitas de que “el Infierno será creado posteriormente” es errónea y producto de la ignorancia, ya que no se ha expandido completamente ni se ha manifestado adecuadamente para sus habitantes actuales.
Para ver y mostrar las moradas del más allá, que están ocultas tras el velo de lo invisible, con nuestros ojos mundanos, deberíamos o bien reducir el universo al tamaño de dos provincias, o bien agrandar nuestros ojos hasta tener ojos como estrellas para poder ver y determinar sus ubicaciones.وَالْعِلْمُ عِنْدَ اللَّهِLas moradas del más allá no pueden ser vistas con estos ojos terrenales. Sin embargo, según algunos relatos, el Infierno en el más allá está relacionado con nuestro mundo. Se ha dicho que el calor extremo del verano provieneمِنْ فَيْحِ جَهَنَّمَ. Por lo tanto, no podemos ver ese gran Infierno con nuestra pequeña y apagada visión racional mundana, pero podemos observarlo a través de la luz del nombre divino Hakím, Sabio. Así es cómo:
el Infierno mayor ubicado debajo de la órbita anual de la Tierra ha delegado aparentemente algunas de sus funciones al Infierno menor en el centro de la Tierra. El dominio de Kadir‑i Zulcelal Todopoderoso y Majestuoso es vasto. Donde la Sabiduría Divina lo determine, allí se establecerá el Infierno mayor.
Sí, para Kadir‑i Zulcelal y Hakím-i Zulkemal, Sabio de Perfección Sublime que posee el mandato deكُنْ فَيَكُونُ, y que ha atado la Luna a la Tierra con perfecta sabiduría y orden, y ha vinculado la Tierra al Sol con su gran poder y orden, y que posiblemente ha puesto en movimiento al Sol junto con sus planetas hacia la dirección del Sol de los Soles con una velocidad similar a la órbita anual de la Tierra, y que ha hecho de las estrellas como lámparas eléctricas que iluminan su dominio celestial como testigos resplandecientes de su señorío divino, y ha mostrado su grandioso poder y orden; no es imposible que ese Ser Zulcelal, con su perfecta sabiduría y poder supremo, utilice el Infierno mayor como la caldera de una fábrica de lámparas eléctricas para encender las estrellas del cielo del más allá, proporcionando calor y energía. Es decir, que envíe luz a las estrellas desde el Paraíso, que es un mundo de luz, y envíe fuego y calor desde el Infierno. Y al mismo tiempo, que haga de una parte de ese Infierno la morada y la prisión para los condenados.
Además, un Fátir‑i Hakím, Creador Sabio que puede guardar un gran árbol como una montaña dentro de una semilla tan pequeña como una uña, ciertamente no está lejos de esconder el Infierno mayor dentro de la semilla del Infierno menor que reside en el corazón de la Tierra.
En resumen: el Paraíso y el Infierno son dos frutos de una rama que se extiende y se inclina hacia la eternidad desde el árbol de la creación. El lugar del fruto, es sin embargo en el extremo de la rama.
Asimismo, son los dos resultados de la cadena del universo. Los lugares de los resultados están en los dos extremos de la cadena: el inferior, denso y burdo, en la parte inferior; el luminoso y elevado, en la parte superior.
También son dos almacenes del flujo de acontecimientos y los productos espirituales terrenales. El lugar del almacén, sin embargo, está de acuerdo con la naturaleza del producto: lo perecedero está abajo, lo bueno está arriba.
Asimismo, son dos piscinas para las criaturas fluidas que fluyen y se agitan hacia la eternidad. El lugar de la piscina es donde el flujo se detiene y se acumula. Es decir, las impurezas y las escorias están en la parte inferior, y lo puro y lo limpio están en la parte superior.
Son también dos manifestaciones de la gracia y la ira, de la misericordia y la majestad. El lugar de la manifestación puede estar en cualquier lugar. Rahman‑i Zulcemal y Kahhar-i Zulcelal, Misericordioso de Belleza Sublime y Dominador Majestuoso puede abrir Su lugar de manifestación donde quiera.
En cuanto a la existencia del Paraíso y el Infierno, ha sido probada de manera muy concluyente en las Décima, Vigésima Octava y Vigésima Novena Palabras. Aquí sólo diremos esto: la existencia del fruto es tan cierta como la de la rama, la existencia del resultado es tan cierta como la de la cadena, la existencia del almacén es tan cierta como la del producto, la existencia de la piscina es tan cierta como la del río, y la existencia del lugar de manifestación es tan cierta como la de la gracia y la ira.