Primer Punto
Se ha dicho: “¿Por qué te has retirado de la política? ¿Por qué no te acercas en absoluto?”
La respuesta: hace nueve o diez años, el Viejo Said se involucró en la política, pensando que podría servir a la religión y al conocimiento a través de la política. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que ese camino era dudoso, difícil y en relación a él, innecesario, además de que obstaculizaba el servicio más necesario y representaba un camino peligroso. La mayoría de las veces, implicaba falsedad y la posibilidad de convertirse en herramienta involuntaria de influencias extranjeras.
Además, quien se adentra en la política se convierte en simpatizante o en opositor. Si uno simpatiza, dado que no soy un funcionario ni un parlamentario, entonces involucrarme en política es algo superfluo e irrelevante para mí. No hay necesidad de que me inmiscuya en algo innecesario. Si en cambio, uno se opone, debe hacerlo mediante ideas o mediante la fuerza. Si es mediante ideas, no hay necesidad de que yo lo haga, pues los asuntos ya están claros y todos saben lo mismo que yo. Hablar por hablar sería inútil. Si se hace con fuerza y provocando incidentes, existe el riesgo de cometer miles de pecados por un objetivo incierto. Muchos inocentes podrían verse perjudicados por culpa de uno solo. Mi conciencia no acepta entrar en pecados por una o dos posibilidades entre diez. Por ello, el Viejo Said, junto con dejar de fumar, también abandonó los periódicos, la política y las conversaciones mundanas de carácter político.
La prueba concluyente de esto es que, desde entonces, en ocho años, no he leído ni escuchado un solo periódico. Que alguien salga y diga que he leído o escuchado uno. Sin embargo, hace ocho años, el Viejo Said leía tal vez hasta ocho periódicos al día.
Y desde hace cinco años, he sido vigilado con toda atención. Que alguien diga si ha visto en mí la más mínima insinuación a la política. Sin embargo, una persona nerviosa como yo, que sigue el principio deاِنَّمَا الْحِيلَةُ فِى تَرْكِ الْحِيَلِy que encuentra la mayor astucia en no tener astucia, si hubiera tenido el deseo o el impulso hacia la política, no habría dejado necesidad de investigación o rastreo, sino que lo habría proclamado como un cañonazo.