¡Mis estimados hermanos verídicos, estudiantes de Risale‑i Nur!
En ocasión de un rechazo inesperado de un anciano, que daña a los débiles entre los estudiantes de Risale‑i Nur, fui obligado a declarar una verdad que pondrá fin a lo esencial de este tipo de rechazos. Tal como conté a uno antiguamente, repito esto:
Es una causa de asombro y un medio de lamento que: a pesar de que la gente de la realidad y verdad pierde su fuerza extraordinaria en los conflictos; la gente de discordia y extraviada, se alían para obtener la fuerza importante de la unión, a pesar de no coincidir con su camino. Aunque son diez por ciento, derrotan al noventa por ciento de la gente de la realidad. Otra cosa que es un motivo mayor de asombro y una gran causa de sorpresa es esto:
Aunque esperamos la mayor ayuda y estímulo, y ellos también son responsables de hacer esa ayuda respecto al Islam, a su camino y al deber de la religión, no lo hicieron. Al contrario, malentendiendo, hicieron un rechazo que resultará en una debilidad en el servicio de Risale‑i Nur, apoyándose a la importancia de su rango en la vida social. Rechazaron una declaración sobre una verdad.
Yo no sé qué asunto es, sobre qué aleya es. A lo más, debe ser sobre un asunto de los Signos del Corán llamado Quinto Rayo, que es uno de los más confidenciales. Vuestro hermano inhábil dice esto tanto para ese viejo amigo que objetó, como para los atentos y para ustedes mismos:
a través de la refulgencia del Corán de Milagrosa Exposición, el Nuevo Said presenta pruebas de las verdades de la fe, tan lógicas y correctas que obligan no sólo a los eruditos musulmanes sino también a los filósofos europeos más obtusos a someterse, y eso es lo que hacen.
En cuanto a los signos y alusiones del Corán de Milagrosa Exposición, desde el nivel de sus significados alusivos, atrayendo la atención hacia Risale‑i Nur, que es un milagro espiritual en esta época, es una marca del milagro del Corán; similar a las noticias alusivas y simbólicas del Imám Ali (Radiyallahu Anh) y Gavs-i A’zam (Radiyallahu Anh) en relación a la importancia y el valor de Risale-i Nur. Hacer esto es también necesario por la elocuencia milagrosa de esa lengua de lo Oculto.
Sí, me fue impartido en la Prisión de Eskisehir en un momento terrible cuando estábamos en una necesidad grande de un consuelo sagrado: “Tú citas a los evliyas de antaño como testigos de la aceptabilidad de Risale‑i Nur, pero según el significado interno de la aleya:وَلَا رَطْبٍ وَلَايَابِسٍ اِلَّا فِي كِتَابٍ مُب۪ينٍ, es el Corán el que debería tener la palabra en este asunto. ¿Encuentra aceptable a Risale‑i Nur? ¿Cómo mira hacia él?” Me enfrentaron con esta extraña pregunta.
Entonces busqué ayuda del Corán, y dentro del espacio de una hora percibí que Risale‑i Nur fue un elemento del nivel de significados alusivos de treinta y tres aleyas, desde el nivel constituido por detalles de sus significados explícitos (e incluidos en la generalidad de los significados alusivos) y que fueron inferencias poderosas para su inclusión y distinción. Una parte de esto vi en detalle y una parte vi de manera resumida. Desde mi punto de vista, no quedaban ni dudas, ni vacilación, ni sospechas, ni confusión.
Y escribí esa firme convicción con la intención de reforzar la fe de los creyentes a través de Risale‑i Nur y se la di a mis hermanos más cercanos con la condición de que fuera confidencial. En el tratado, no decimos que este es el significado explícito de la aleya, no vaya a ser que los maestros de religión diganفِيهِ نَظَرٌ. Y no decimos que esto es la generalidad del significado alusivo.
Decimos que por debajo del significado explícito hay numerosos niveles, uno de los cuales es el significado alusivo y simbólico y que el significado alusivo es una generalidad. Cada siglo esto tiene particularidades, y en este siglo Risale‑i Nur es una de ellas en la generalidad de ese nivel de su significado alusivo. Las inferencias hechas por medio de los principios de Ebced y los números, practicados desde tiempos remotos por los eruditos, por cierto, las pruebas muestran que esa parte individual se sostiene intencionalmente a la vista y cumplirá una función importante, y esto no daña la aleya del Corán ni su significado claro, sino que sirve a su milagro y elocuencia.
No se puede rechazar estos tipos de signos Coránicos. Quien no puede negar las deducciones innumerables, que hace la gente de la realidad, de las alusiones ilimitadas Coránicas, no debería negar esto ni puede negarlo.
Sin embargo, si la persona que, por asombro, considera que es improbable que un trabajo tan importante deba aparecer en manos de una persona insignificante como yo, piensa en la creación de un pino del tamaño de una montaña, de una semilla del tamaño de un grano de trigo, como un signo de poder Divino y grandeza, seguramente estará obligado a decir que la aparición de este trabajo, en esta época, de necesidad intensa de alguien tan absolutamente impotente y necesitado como yo, es una evidencia del amplio alcance de la misericordia Divina.
Por el honor de Risale‑i Nur, les aseguro a ustedes y a quienes objetan, que estas alusiones y noticias simbólicas, e indicaciones de los evliyas, siempre me condujeron a ofrecer agradecimiento y alabanzas y a buscar el perdón de mis faltas. Les puedo demostrar a través del vistazo que han tenido de mi vida, bajo sus propios ojos, durante estos veinte años, que en ningún momento, ni siquiera por un minuto, inflaron mi ego ni hicieron que mi alma maligna sea orgullosa ni arrogante.
Sin embargo, con esta verdad, el ser humano no está libre de faltas y olvidos. Tengo numerosas faltas de las que no soy consciente. También, tal vez mis propias ideas se escabulleron y hay algunos errores en algunos de los tratados. Pero ya que no objetan las interpretaciones corruptas de los extraviados, ocultos al establecer las traducciones artificiales en lugar de las sagradas letras del Corán, en las letras deficientes del nuevo alfabeto y al dañar los significados claros de las aleyas, seguramente no deberían objetar a alguien desdichado y perseguido que expone un punto delicado del milagroso Corán para fortalecer la fe de sus hermanos, al punto de desalentarlo del servicio de la fe, como acordaría no sólo la gente de realidad sino cualquiera con un grano de justicia.
Para mi persona es motivo de asombro que, siendo esa persona que objeta un discípulo de Sheij Fehim (K.S.) —quien es mi maestro más importante en la cadena del conocimiento— y un estudiante de Imam Rabbani (R.A.) —a quien estoy profundamente vinculado—, y cuando debería haber corrido en mi auxilio con todas sus fuerzas, más que nadie, sin mirar mis defectos, mi antigua y turbulenta vida ni mis excesos; lamentablemente, hayamos oído con gran pesar que una objeción emanada de él ha servido de desaliento para algunos de nuestros hermanos débiles y ha pasado a ser como un argumento a favor de la gente de la desviación.
Esperamos que ese respetable anciano intente reparar la situación rápidamente para eliminar este malentendido; y aguardamos su ayuda, tanto a través de sus súplicas como de sus influyentes consejos. Además, manifiesto lo siguiente:
En esta época, a pesar de que corrientes y caminos que cuentan con millones de seguidores abnegados, sumamente fuertes y apegados a la verdad, han caído aparentemente en la derrota ante este terrible ataque de la desviación; un hombre como yo, que es medio analfabeto, desamparado, continuamente bajo vigilancia, frente a una estación de policía y en una situación donde se realizan propagandas espantosas en mi contra desde múltiples aspectos para ahuyentar a todos de mí, por supuesto que no es el dueño del Risale‑i Nur, el cual resiste victoriosamente contra la desviación y se mantiene firme con más fuerza y un paso más allá que los caminos que poseen millones de miembros. Esa obra no puede ser su destreza ni él puede enorgullecerse de ella. Más bien, es directamente un milagro espiritual del Sabio Corán en esta época, concedido por la Misericordia Divina.
Ese hombre, junto con miles de sus compañeros, se ha aferrado a ese regalo del Corán. Por alguna razón, la primera tarea de interpretación le ha correspondido a él. Como prueba de que no es fruto de su propio pensamiento, conocimiento ni inteligencia, existen partes del Risale‑i Nur tales que algunas de sus epístolas fueron escritas en seis horas, otras en dos horas, otras en una hora y algunas en tan solo diez minutos. Aseguro bajo juramento que, aun contando con la fuerza de la memoria del Antiguo Said, no podría realizar con mi propio pensamiento en diez horas aquella labor que se hizo en diez minutos. No podría realizar con mi capacidad y mi mente en dos días aquella epístola escrita en una hora, y ni yo ni los filósofos religiosos más minuciosos podríamos hacer en seis días las investigaciones de la Palabra Treinta, que fue una epístola escrita en seis horas en un solo día… Y así sucesivamente…
Significa que, a pesar de estar nosotros en la quiebra, nos hemos convertido en los pregoneros y en los servidores de una tienda de joyería sumamente rica. Que Dios el Altísimo, por Su gracia y generosidad, nos conceda siempre el éxito en este servicio de manera pura y sincera, tanto a nosotros como a todos los estudiantes del Risale‑i Nur. Ámin.
Said Nursi