¡Mi muy estimado noble, Señor y Maestro compasivo!
Primero: Le felicito a usted por las Diez Noches, por la Fiesta bendita con todo mi espíritu y alma; presento mi respeto; beso sus manos que difunden Nur, pido perdón de mis culpas.
Segundo: Doy infinitas gracias a Yenáb‑i Erjamurrajimin, que otorgó las verdades sagradas de la fe y del Corán, que están en Risale-i Nur, a este alumno suyo que es pecador, común, inhábil, defectuoso, incapaz, miserable y perezoso, y que me otorgó la educación material e inmaterial del estimado Maestro. (Eljamdulillaji Jáza min fadli rabbi)
¡Mi estimado Maestro!
Por más que agradezco a mi Rabb‑i Rajim, por hacernos percibir siempre los efectos de la educación espiritual de usted, igual será poco. Quiero expresar esto también como una declaración del otorgamiento: no me quejo de mi enfermedad. Porque, lillajiljamd fue un medio de aprender efectivamente y con experiencia las verdades de Risale-i Nur, que son la luz de mis ojos, la paz de mi espíritu y el alimento de mi corazón.
También el Tratado Para los Ancianos, que asperja miles de luces de la Unidad Divina, destellos del consuelo al espíritu y al corazón, en cada Esperanza suya para mis enfermedades muy graves, materiales e inmateriales, en el cuadragésimo cumpleaños de mi vida, También, el Tratado Para los Enfermos, que tiene infinitas curaciones espirituales en cada Remedio suyo, También, la Carta Veinte, que descubre los misterios de once palabras de la Unidad Divina, de una manera maravillosa e inigualable, que fluye la luz de la Unidad Divina de cada frase suya, También, la Carta Veinticuatro, que resuelve los enigmas muy importantes, contemporáneos, más difíciles y profundos de las verdades de la fe, que dejaron a todos los filósofos, e incluso a los eruditos Islámicos en asombro. También, la Palabra Diecisiete, que es un bálsamo sagrado para todas las heridas del corazón, y otros tratados como él, llegaron a mi ayuda de una manera muy maravillosa, y empezaron a curarme. Me dieron esta convicción cierta que: Simplemente, por la misericordia Divina, se me hizo enfermo, para que yo y aquellos que vienen a visitarme por causa de la enfermedad, tomemos lección de Risale‑i Nur, o sea de los tratados mencionados. Sí, como si nuestro estimado Maestro compasivo escribiera el Tratado Para los Ancianos para los jóvenes, y el Tratado Para los Enfermos para los sanos.
Tercero: Mando saludos a cada uno de nuestros amigos que están allí, y que hacen el servicio valorable de nuestro estimado Maestro; les felicito por la Fiesta. Beso a las manos de nuestro estimado Maestro, y a los ojos de nuestros hermanos.
اَلْبَاقِى هُوَ الْبَاقِى Su alumno muy defectuoso y enfermoMehmed Feyzi