¡Mis estimados hermanos verídicos y mis amigos en el camino de la verdad!
Esta vez, di una respuesta con una sola carta desorganizada a sus cinco o seis cartas benditas, no se ofendan por esto.
Primero: A pesar de que según nuestro camino, no debo aceptar la carta de Halil Ibrahim, debido a las virtudes extraordinarias que él dio a mi persona, sus dos significativas coincidencias Divinas me hizo aceptar la carta misma, también entró en Lahika. Pero a veces saqué la parte que pertenece a mi persona, y escribí la palabra “Risale‑i Nur” sobre algunas palabras; fue una respuesta a sus preguntas en la expresión.
La primera coincidencia Divina: En el mismo tiempo que un capitán me traicionó, e insulto ilegalmente en cinco sentidos, para romper la buena consideración de la gente, tal vez, en la misma hora, un hermano entre los fundamentales de Risale‑i Nur, que tiene más importancia que cien capitanes como este, desde el punto de vista de la gente de la verdad, escribió esta carta nueva dándome un respeto cien veces más que mi límite, y disminuyendo las traiciones a nada. Además, cuatro personas entre los estudiantes importantes y principales concordaron en el mismo asunto, pusieron sus firmas. Yo también, en aras de esta extraña coincidencia Divina, acepté la carta que me alaba y que está contra nuestro camino; hice modificación y la puse en Lahika. Les mandé su borrador también.
La segunda coincidencia Divina: En la noche, pensé en aquellos que escriben el libro la Vara de Moisés, y busqué la mención de él en las cartas nuevas. En este invierno grave, los embusteros me interfieren a veces; hay una posibilidad de que esto pueda provocar una carencia de entusiasmo en los escribas. Se necesita un medio de fervor para ellos. Tal como dos cartas literarias, sobre la descripción de Risale‑i Nur, de Hasan Feyzi y Halil Ibrahim, dirigieron a mucha gente a escribir fervorosamente, asimismo busqué un medio de estímulo. De repente, recibí la carta que se trata de mi muerte, que asustó a los estudiantes, y que fue un motivo para apurarles en trabajar y escribir. Dije: La lealtad de Ibrahim Halil subió en el nivel de keramet.
Segundo: La carta de Feyzi y Emin eliminó muchas preocupaciones mías. La lealtad, el servicio de estos dos hermanos y su cuidado con Risale‑i Nur, como sus dueños tienen mucha importancia. Hilmi, Sadik e Ihsan, que cumplieron un servicio de nueve años durante nueve meses, y el anciano Tahsin que tiene el epíteto de Beskardes, y que realizó mucho servicio con su pluma, todos los hermanos de esa zona, que estoy muy relacionado con ellos, y que fueron mencionados en la carta de Feyzi y Emin; todos ellos continúan en el servicio de Nur; esto me hizo llorar de alegría. Pero Abdulmecid, que es mi hermano de sangre, está muy preocupado de mí, trata de recibir información sobre mi estado a través del Jefe de los Asuntos Religiosos de aquí, con el cual yo no me puedo encontrar. Desde ahora, que sea Abdulmecid el tercero con Feyzi y Emin. Que manden a él las cartas necesarias que ellos recibieron de los héroes de Safranbolu.
Además, que escriban a él de parte mía: Tal como fuiste el primer alumno del viejo Said, también eres un alumno del Nuevo Said, en la primera línea con Hulusi.
También, cuando él reciba alguna mala noticia, que sea como mi difunto padre Mirza (R.H.), no como mi difunta madre Nuriye (R.H.). Porque en el pasado, en mi vida tormentosa, las noticias extrañas sobre mí se informaban a mis padres. Cuando mi padre escuchaba las noticias malas, como: “Su hijo murió o le dispararon o entró en la prisión,” se ponía más alegre y sonreía. Decía:
“Mashaallah, mi hijo debe haber cumplido un trabajo importante, o una acción valerosa, para que así todo el mundo hable de él”.
Pero, frente a su alegría, mi madre lloraba intensamente. Luego, el tiempo mostraba muchas veces que mi padre tenía razón.
Tercero: Acepté las cartas de Abdullah Cavus –que es el heredero persistente y muy serio de Lutfu– y de Mustafa, que es uno de los alumnos y herederos de Hafiz Ali, de Islamkoy, por cuenta de todos los héroes de la Fábrica de Luz. Infinitas gracias a Yenáb‑i Erjamurrajimin, que transformó tales pueblos en una medrese-i nuriye, como Sava y Kuleonu.