¡Mi estimado hermano muy verídico, heroico y venturado de Emirdag!
Recibimos la carta muy valorable e importante de bendición de nuestro noble señor bendito, con muchas buenas noticias bajo el velo, que informa sobre el desastre que sufrieron ustedes. En el nombre de los estudiantes de aquí y de los alrededores, digo que se mejore muy pronto, a cada uno de ustedes, particularmente a los hermanos que superaron un peligro más grande en este incendio. Mediante esto, en un tiempo en que el fuego horrible de total incredulidad abarcó nuestro barrio, y en un momento de saltar sus chispas rojas a nuestros techos, en el nombre de todos los creyentes, particularmente de los Nur Estudiantes, tal como el niño Ceylan pide ayuda en ese fuego material, yo como un Ceylan espiritual, suplico a ese Gran Maestro compasivo, diciendo “¡Ayuda, nos estamos quemando, estamos destruidos!.”
En este incendio de Emirdağ, hay una clara señal de que el comunismo —la fuerza con mayor influencia de la actualidad, que surgió de la Rusia roja esparciendo fuegos y chispas rojas, envolviendo uno a uno los barrios de la ciudad mundial y consumiéndolos, sembrando en algunos lugares fuegos de discordia y división, gritando al hermano: “¡Mata a tu hermano!”, y que finalmente, tras quemar, calcinar y aventar como paja al mundo cristiano, envolvió el barrio del Mundo del Islam y cuyas chispas saltaron a los aleros de nuestra casa, siendo una calamidad inmensa y terrible—; y de que el Risale‑i Nur, el cual ha asumido la función de bombero en este magno incendio, siendo el mayor extintor de la actualidad, el más grande refugio, amparo y protección, ha visto las súplicas de su personalidad espiritual aceptadas en la Presencia de la Unicidad Divina. Y es como si, en la noche oscura, con su lengua roja, se dirigiera a quienes lo atacan y a quienes desean atacarlo diciendo:
“¡Oh, ustedes que se desvían del camino recto mostrado por el Orgullo del Universo! ¡Ustedes que se desbordan de orgullo con los bienes efímeros del mundo; y oh, ustedes que huyen de la Luz del Corán por temor a que dañe a nuestro mundo material! Llevados por la sospecha de que su mundo se encamina hacia los abismos, y presintiendo que sus placeres efímeros —que consideran eternos y dulces, pero que en realidad son muy amargos— están a punto de extinguirse y de transformarse en severos y dolorosos sufrimientos y agonías, corren sin sentido hacia las radios. ¿Qué beneficio hay en este correr y en escuchar estos chismes?
¡Ya basta para sus ojos que miran, cegados por placeres y diversiones que se extinguen! Que vean un poco la verdad. Que sus oídos sordos que oyen, escuchen un poco la verdad, para que en esta época extraña, terrible y jamás vista —especialmente en un tiempo donde la gente creyente pasa por grandes sacudidas, se encuentra frente a enemigos espantosos y el fuego de la incredulidad absoluta envuelve nuestro barrio— logren la salvación única y exclusivamente refugiándose en las trincheras luminosas del Risale‑i Nur, que constituye las fortificaciones más sólidas, fuertes, indestructibles e inquebrantables de nuestros días, e ingresando en su círculo sagrado. Así salvarán su fe y transformarán la muerte, que consideran una ejecución eterna, en una vida eterna. Y he aquí que, mediante la aceptación de las súplicas del bendito intérprete de esa luz y de su bendita persona espiritual, tales como:اَجِرْنَا وَاَجِرْ وَالِدَيْنَا وَاَجِرْ طَلَبَةَ رَسَائِلِ النُّورِ وَوَالِدَيْهِمْ مِنَ النَّارِy gracias a su intercesión y en su honor, del mismo modo que sus discípulos, sus servidores y los comercios que resguardan sus epístolas se han librado y salvado de mi fuego —el cual es terrible, pero carece de toda importancia al lado del fuego del Infierno—, cuando ustedes, al igual que esos benditos discípulos, ingresen en ese bendito círculo sagrado, se salvarán de los terribles fuegos mundanales y ultraterrenos. Y por el hecho de ser una especie de pastor para su esposa e hijos, salvarán también a esos seres queridos. Así, cada uno de ustedes alcanzará la salvación y la felicidad material y espiritual”.
¡Abran sus ojos, esos que miran pero no ven, o que han cerrado porque no quieren ver! Vean y corran con todo el aliento y la fuerza de sus piernas, no hacia la radio que transmite las noticias del mundo —la cual no sirve para otra cosa que para hacerles sentir la extrema cercanía de peligros colosales y aumentar su pánico y angustia—, sino hacia el Risale‑i Nur y hacia su círculo luminoso, cuyo resultado es la seguridad, la salvación y la felicidad!
Y a nosotros nos dice: “¡Oh, los Nurcus! No levanten sus cabezas de la postración ante la gracia eterna que Alá les ha concedido. No les importe el frío de la noche. Levántense en estas benditas horas nocturnas y cumplan con el deber de gratitud hacia Rabb‑i Rahim, Quien en ningún aspecto les ha escatimado Su gracia. Y ante los acontecimientos que sacuden la mente mundana por la angustia de pensar en el futuro —en la que algunos han caído—, no tiemblen, no teman; observen el keramet sagrado y el auxilio del Nur”.
El mundo es efímero; aunque se vivieran miles de años, al lado de la vida ultraterrena que es eterna, está en la posición de la nada de la nada. Sin embargo, a pesar de ser efímero, es un campo de cultivo que dará los frutos eternos de la vida eterna. Que la intensidad de las tormentas y la ferocidad del clima no los sacuda ni los asuste. Siembren en este bendito campo las semillas del Nur, que son las más benditas, luminosas, fértiles y prósperas. Pues “quien siembra, cosecha”, es un bendito dicho que nos queda de nuestros antepasados.
¡Oh, los Nurcus! Su verdadero deber no es mirar al mundo. Aunque se mirara al mundo por mera suposición, miren y vean, y debido a los terribles incendios cuya aparición es probable y por los peligros que posiblemente enfrenten a causa de ello, jamás se sacudan, no caigan en el desaliento; ¡trabajen, trabajen, trabajen! Y crean con absoluta certeza que la intercesión del Nur, la súplica del Nur y el amparo del Nur los salvará. He aquí que el testigo de esta afirmación es que los Nurcus de Emirdağ se hayan salvado sin daño alguno de ese terrible incendio. Desde ya, ¡albricias para todos ustedes!
Su hermanoMustafa Osman