Estimados hermanos míos,
ahora estoy convencido ciertamente con una advertencia espiritual, que cuarenta años antes de la aparición de Risale‑i Nur, una previsión general apareció en mí mismo, en nuestro pueblo, y en nuestra región. Quería revelar este misterio a los viejos alumnos míos como Sefik y mi hermano Abdulmecid. Ahora, Cenáb-i Hak dio muchos Abdulmecid y Abdurrahman entre ustedes, por eso les declaro.
Cuando yo tenía diez años, tenía una conducta como un orgullo enorme, incluso a veces como arrogancia. A pesar de que no quería, tomaba un estado de haber tenido un éxito enorme y un gran heroísmo. Decía a mí mismo: “No tienes nada de importancia. ¿Por qué, arrogantemente, haces ostentación, en particular, en la valentía?” No sabía, estaba en asombro. Hace unos meses, se respondió ese asombro: Risale‑i Nur se hacía percibir a sí mismo antes de su aparición. A pesar de que eres una semilla común como un pedacito de leña, con una previsión, tratabas arrogantemente percibiendo esos racimos del paraíso como tu propiedad de verdad.
Nuestro “Pueblo Nurs”; mis viejos alumnos y también mis compatriotas, saben que a nuestro pueblo le gustaban mucho la ostentación y el elogio, sobre su superioridad en la valentía. Querían tomar un estado heroico como si conquistaran un país grande. Yo me asombraba mucho a mí mismo y a ellos también. Ahora, aprendí con una advertencia verdadera que: aquellas personas inocentes de Nurs (Pueblo Nurs) ganarán un orgullo magnifico con la luz de Risale‑i Nur, uno que no escucha el nombre de esa provincia y ese pueblo, sabrá del Pueblo Nurs con importancia; así con una previsión, ante esa bendición Divina, mostraron sus agradecimientos en forma de preciarse.
Además, en aquella región nuestra, en İsparit, perteneciente al distrito de Hizan, de repente, gracias a la intercesión y el esfuerzo del famoso “Seydâ”, cuyo nombre era “Sheij Abdurrahman‑i Tağî”, surgieron tantos estudiantes, profesores y sabios que todo Kurdistán cobró una forma que se enorgullecía de ellos. En medio de ellos, yo percibía tal situación en las disputas académicas, con un esfuerzo tan inmenso y dentro de un círculo de conocimiento y orden sufista tan amplio, que era como si estos profesores fueran a conquistar la faz de la tierra.
Mientras los antiguos y famosos ulemas, santos, evliyas, eruditos y polos espirituales eran el tema de sus conversaciones, yo también los escuchaba cuando tenía nueve o diez años. Me venía al corazón que estos estudiantes y sabios actuaban como si hubieran realizado una gran conquista en la ciencia y en la religión. Si un estudiante poseía un poco más de inteligencia, se le otorgaba una gran importancia. En una disputa académica, si alguien vencía en un asunto, se llevaba un gran orgullo. Yo también me asombraba; esos mismos sentimientos existían en mí. Incluso en los jeques de las órdenes místicas y en sus círculos, había una competencia que causaba admiración, tanto en nuestra región como en el distrito y en nuestra provincia. No pude ver esos estados en tal grado en otras tierras.
Ahora, por medio de una advertencia espiritual, he llegado a la convicción certera de lo siguiente: Aquellos compañeros de estudio míos, aquellos profesores míos que tenían la categoría de maestros, aquellos guías espirituales, evliyas y sheijs míos, sintieron a través del alma —mediante un presentimiento y sin que la razón lo supiera— que en el momento más necesario, de entre esos estudiantes, de entre los discípulos de esos profesores y de entre los murides de esos guías, surgiría una luz brillante que acudiría en auxilio de la gente creyente. Esta extraordinaria victoria del Risale‑i Nur ante esa bendición divina del futuro —bajo condiciones sumamente difíciles y extrañas, frente a innumerables opositores, en contraposición a una desviación que ha cobrado fuerza desde hace mil años, bajo el asedio de las artimañas de nuestros enemigos sumamente aprensivos y malintencionados, y tras las largas investigaciones de dos terribles tribunales—, así como su iluminación bajo un velo prodigioso y el hecho de que obligara a sus enemigos a reconocerlo ganando su libertad, demuestra que es digno de esa posición. Al igual que el Imam Alí (R.A.) y el Gavs-i A'zam (K.S.) informaron sobre ello antes de que sucediera, los habitantes de mi pueblo, región y provincia sintieron su llegada —junto conmigo, de manera inconsciente— y se alegraron.
Debido a que les considero como mis viejos alumnos, amigos y como mi hermano Adulmecid y mi sobrino Abdurrahman, revelé este misterio confidencial a ustedes.
Sí, esto significa que: “Tal como percibo la llegada de la misericordia y la lluvia veinticuatro horas antes, por mi sensibilidad y por el efecto de la humedad en el tacto; asimismo, yo, mi pueblo y mi distrito, cuarenta y cuatro años antes, percibimos la misericordia y lluvia de Risale‑i Nur por una previsión.”
Mandamos saludos a todos los hermanos y hermanas; rezamos para ellos. Solicitamos sus oraciones.