¡Ex Ministro del Interior, Actual Secretario General del Partido, Señor Hilmi!
Primero: Durante veinte años, te escribí solamente una petición. Pero no rompí mi regla de veinte años. Hablaré contigo con los títulos de ex‑ministro del interior y ahora el secretario general del partido. Una persona que no ha hablado con el gobierno durante veinte años, y si esa persona habla una sola vez con un miembro principal del gobierno, por cuenta del gobierno, sería poco si él habla por diez horas. Por eso, permítame hablar por unas horas.
Segundo: Ahora, me considero obligado a decir una verdad, por causa de que usted es el secretario general del partido. La verdad es esta:
El Partido del Pueblo de que eres el secretario general, tiene un deber muy importante ante la nación. Ese deber es esto:
Durante mil años, la nación turca y sus hermanos que se volvieron en turcos, que dejaron el mundo Islámico contento con su heroísmo, que mantienen la unidad del Islam, gloriosamente, fueron un medio grande para salvar la humanidad de la total incredulidad y desviación.
Si ahora no cuidan el Corán y las verdades de la fe, como en la antigüedad y si no trabajan para dignificar las verdades del Corán y la fe; les notifico con seguridad y puedo demostrar con ciertas evidencias que: en vez del amor y hermandad del mundo Islámico, provocarán un odio horrible y una enemistad hacia su hermano héroe y comandante, que es la nación turca y será derrotado por el anarquismo, bajo la total incredulidad que trata de destruir al mundo Islámico, que la nación turca se haga pedazos, y que el dragón horrible que surge del noreste, invada.
Contra dos movimientos horribles del extranjero, esta nación puede confrontarlos con la fuerza del Corán. En caso contrario, el que puede detener un movimiento que ataca con una fuerza horrible explotando la total incredulidad, total despotismo, lujuria absoluta y el permitir la riqueza de la gente honorable a los vagabundos, solamente es la fuerza de la religión y la integridad de la fe, en esta nación que se mezcló y unió con la verdad del Islam, y que encontró toda su gloria en el Islam en el pasado. Los patrióticos de esta nación pueden detener ese movimiento, antes que todo subsistiendo las verdades del Corán, que son la vena vital de esta nación unida y mezclada, y haciéndolo el principio de actuar, en lugar de la educación de la civilización.
La segunda corriente: Ha logrado cierto éxito hasta ahora con un plan como el de enemistar al Mundo del Islam con esta nación, rompiendo espiritualmente sus vínculos y convirtiendo su fraternidad en hostilidad; esto, mediante el hecho de acusar de irreligión y desestabilizar la fuerte centralización islámica de esta patria, con el fin de congraciarse con sus propias colonias en el Mundo del Islam y someterlas por completo.
Si esta corriente tuviera juicio, cambiaría este terrible plan y, del mismo modo que halaga al Mundo del Islam en el exterior, si respaldara y protegiera a la religión del Islam en este centro, tanto ella se beneficiaría enormemente y resguardaría en cierta medida sus inmensas conquistas, como esta patria y nación se salvarían de una calamidad espantosa.
Si ustedes ahora —los hombres patriotas y nacionalistas de quienes usted es el secretario general— intentan preservar los métodos que han estado vigentes hasta el día de hoy y que han pisoteado los valores sagrados en nombre de la civilización, y tomando como base las prácticas que tres o cuatro individuos realizaron bajo el nombre de revolución, les atribuyen a ellos las buenas obras existentes y los beneficios de la revolución, mientras que las terribles faltas actuales se le cargan a la nación; en ese caso, el pecado de tres o cuatro hombres se convertirá en el pecado de tres o cuatro millones. Esto, además de constituir una gran oposición a los miles de millones de honorables ejércitos difuntos de los siglos pasados y a los millones de mártires de esta heroica y devota nación, que es el ejército del Islam —la nación turca—, y de causar un sufrimiento espiritual y una deshonra a sus almas; si las buenas obras, en las que esos tres o cuatro revolucionarios tuvieron una participación muy pequeña y que surgieron gracias a la fuerza y el esfuerzo de la nación y del ejército, se les adjudican a esos tres o cuatro hombres, esos tres o cuatro millones de bondades se reducirán y se limitarán a tres o cuatro buenas obras, quedando en la nada; y ya no podrán ser una expiación para las faltas terribles.
Tercero: Contra ustedes, seguramente hay muchos oponentes en el interior y exterior. Si estos oponentes suyos hubieran aparecido en nombre de las verdades de la fe, les hubieran vencido de repente. Porque, el noventa por ciento de esta nación se conectó con la tradición del Islam, con el espíritu, y corazón durante mil años. A pesar de que se somete a la orden, que está contra su naturaleza, respecto a obedecerla, no lo hace de corazón.
Además, un musulmán no es como otras naciones. Si deja su religión, se vuelve en un anarquista; no puede estar bajo ninguna restricción. No se puede administrar con otro tipo de medida ni educación, fuera del total despotismo y total soborno. Esta verdad tiene muchas pruebas y ejemplos. Corto las palabras y lo dejo a su inteligencia.
Es esencial para ustedes no quedarse atrás de Suecia, Noruega y Finlandia, sobre percibir la necesidad intensa de este siglo hacia el Corán. Seguramente es su deber guiar a ellos y a aquellos como ellos. Ustedes, dando las faltas de la revolución hasta ahora a tres o cuatro personas, si trabajan para reparar las destrucciones que fueron hechas por la obligación de las guerras mundiales y otras revoluciones –particularmente las tradiciones de la religión‑, esto provocará ganar un honor muy grande en el futuro, será una expiación para sus grandes culpas en el Más Allá, y también serán merecedores de los títulos de patriótico y nacionalista, sirviendo útilmente a la patria y nación.
Cuarto: Ya que la muerte no se puede matar; la puerta de la tumba no se cierra; ya que usted también está corriendo hacia la tumba; ya que esa muerte cierta es una ejecución eterna para la gente incrédula; cien mil asociaciones, politicismo, el adorar al mundo no pueden cambiarla. Ya que Risale‑i Nur pasó a su mano, y demuestra como el sol, que el Corán transforma esa ejecución eterna en una desmovilización; durante veinte años ningún filósofo, ningún incrédulo puede confrontarse con él, al contrario, provoca que los filósofos que ponen atención, vengan a la fe. Durante doce años, cuatro grandes cortes suyas y su comité de expertos, que consta de los filósofos y eruditos, les gusto Risale-i Nur, lo confirmaron y apreciaron; no pudieron contradecir sus evidencias sobre la fe. Sin hacer ningún daño a esta patria y nación, es una barrera del Corán contra los horribles movimientos atacantes, como la barrera de Zulkarneyn; puedo mostrar cien mil testigos para esto entre la nación turca, y particularmente entre los jóvenes que han estudiado. Seguramente, poner atención a esta opinión mía sobre usted es un deber importante suyo. Usted siempre escucha a muchos diplomáticos mundanales; se necesita escuchar a un indefenso que habla para el Más Allá, que está en la puerta de la tumba y que llora por el estado de la gente.
Un pequeño pie de página:
“¡Señor Hilmi! Eres afortunado. Cuando yo estaba aquí y en la prisión, te vi despiadado. Cuando me enojaba, y pensaba en hacer mala oración; siempre mencionaba a un hermano mío llamado Señor Hilmi, –que es un estudiante fundamental de Risale‑i Nur– en mis rezos buenos, con su nombre; cuando pensaba en hacerte mala oración, el nombre del Señor Hilmi, que recibe mi rezo bueno, fue un intercesor y me obstaculizó de hacer mala oración. Yo también deje esa intención mía. Dejé esa mala oración, aguantando las torturas que vienen de tus oficiales, que me presionaban. Muchas veces me asombraba. A pesar de que me dabas tantas torturas sin motivo, no me enojaba contigo. Es decir, como una previsión, llegó a mi corazón que finalmente seremos amigos.”
Esta petición, a pesar de que no la había solicitado durante veinte años, fue escrita en un tiempo de furia, siendo solo una vez, dirigida a Hilmi que es el Ministro del Interior que me atormenta. Fue mandado al Jefe de Policía de Afyon para informarle. Me dieron angustia innecesariamente, sin sentido cuatro o cinco veces; diciendo “Tu escrito no es así, ¿quién escribió para ti?” me llamaron a la comisaria. Yo también dije: “No se solicita a tales personas… Mi silencio durante veinte años fue correcto.”
¡Oh autoridad de Emirdagi y su policía! Escribí esta conversación hace un año. Pero la guardé y no la di. Ahora ilegalmente en cinco aspectos, me prohibieron de tener un sirviente personal en mi hogar, e interfirieron, me toman bajo un despotismo total de una manera sin precedente. Revelo esto para aquellos que actúan ilegalmente en nombre de la ley, para que entren en justicia.