Cuando escribí Ocho Signos, fue escrito muy rápidamente y también confiando en mis memorizaciones antiguas, hice dos comparaciones aproximadas. A través de ellas, escribí los misterios de las letras del Corán respecto al milagro, basándome en las cuentas de los eruditos antiguos. Luego, miramos las notificaciones sobre las letras y palabras del Corán, que están en el tefsir famoso y aceptable llamado El‑Mikyas, de Mecduddin-i Firuz Abadi, que es el dueño del conocido Kamus-u Lugat. El Noventa por ciento coincidió divinamente con nuestra cuenta. Vimos diferencias solamente en cinco o diez partes. Después, hice una cuenta meticulosa. Salió verdad que la nuestra es correcta, y la suya es el error de las imprentas. Ya que pequeñas fracciones y diferencias en las coincidencias Divinas, que están en tales grandes cantidades, no dañan. Por eso no pude encontrar tiempo para hacer una cuenta con todas las letras, palabras y frases del Corán, ni para fortificar los puntos sutiles del Milagro. Los crueles no me dejaron tiempo. Yo también me conformé con las cuentas de los eruditos antiguos, con mis comparaciones aproximadas, con mis memorizaciones y con las cuentas de la Súplica de Kenzu-l Ars.
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