El Tercer Asunto de la Decimoquinta Nota
¡Oh ser humano, y oh mi alma maligna!, que sepas ciertamente que: Tu existencia, cuerpo, órganos, propiedad y animales que Cenab‑i Hak te otorgó, se permitió para tu uso, no los dieron como propiedad tuya. Es decir, dio su propia propiedad a tus manos para tu beneficio, lo permitió para que te beneficies. No dio su propiedad a una persona que es verdaderamente inhábil de administrar, y seriamente ignorante de cautelar. Porque si te lo hubiera dado como tu propiedad, se hubiera necesitado dejar la administración a ti.
Acaso a pesar de que no puedes hacer la administración de un estómago que es más fácil, claro, y que está dentro de la esfera de voluntad y consciencia, ¿cómo puedes tener la propiedad de las cosas, como ojo y oreja, que requieren una administración fuera de la esfera de voluntad y consciencia?
Ya que la vida, y las cosas que se necesita para la vida, no se dio para que sea tu propiedad, sino se te permitió su uso. Seguramente se necesita actuar según la regla del permiso del uso. Es decir, tal como una persona invita a los visitantes a un banquete. Les permite beneficiarse del banquete, y de las cosas en el banquete de reunión; no les da su propiedad. La regla de la permisión del uso y del banquete, es utilizar dentro del consentimiento del dueño. En cuyo caso, no puede despilfarrar, no puede ofrecer a otros, no puede dar limosna a otros quitando de la mesa, no puede botar ni perder. Si se hubiera dado su propiedad, hubiera podido hacerlo y hubiera podido actuar según su propio deseo.
Asimismo, no puedes terminar tu vida con suicidio, que Cenab‑i Hak te dio de una manera de permitir su uso, no puedes sacar tu ojo ni puedes usarlos a las prohibiciones fuera del consentimiento de aquel que los te dio, que significa cegar los ojos espiritualmente. De igual modo, usando las orejas, la lengua y las facultades como estas para las prohibiciones, no puedes matarlas espiritualmente. Tampoco puedes matar al animal que no se come su carne, torturándolo innecesariamente. Y etcétera. Todos los otorgamientos que se dio a ti; se debe usarlos dentro de la esfera de las reglas de la ley de Mijmandar-i Kerim-i Zulcelal, que es el dueño de este huésped del mundo.
Said Nursi