(Otro artículo de Müzeyyene)
¡Mi Maestro!
Aquellos que leen sus tratados valiosos, seguramente abren sus corazones iluminados pero que quedaron opacos dentro de la caja encerrada, a través de los tratados que son como una llave hecha de plata y adornada con oro; por la salvación e iluminación de sus corazones, no es posible no dar agradecimientos a Cenab‑i Mevla con total complacencia, y dar gracias a aquellos que trabajan para la difusión de los tratados. ¡Ay! La preocupación, dolor y pena del mundo desleal me detiene de hacer servicio a las Luces. Mi corazón sufre tanto por no poder trabajar debidamente, y no poder hacer servicio a las Luces como mis hermanos, que no puedo describirlo. En estos días dijeron: hay una amnistía, el Maestro va a Estambul.” En un sentido, me puse contenta porque mi Maestro se salvó del cautiverio. En otro sentido, pensé que todas las montañas de Atabey están cayendo sobre mi cabeza, me puse triste. Con agradecimientos por su absolución, y por salvarse de las torturas de la gente desventurada, le felicito. Pero el corazón no consiente que el dueño de estos tratados iluminados y valorables, se aleje de nosotros. En las montañas de Barla, aquel que ilumina a nosotros y a nuestro alrededor no debe alejarse de nosotros. Quién puede desear que se aleje. Barla es muy afortunado, que primeramente y siempre pueden escuchar esos tratados agradables y frescos directa y oralmente del Maestro, antes que todos.
Müzeyyene