(El artículo de Müzeyyene, que es una de nuestras hermanas del Más Allá, y de los estudiantes de Risale‑i Nur)
¡Mi venerable Maestro!
Mis ojos que se sumergieron en los dolores de este mundo efímero, siempre y cuando está atado con alma y corazón a sus Palabras refulgentes e iluminadas, sus tratados eficaces y curadores, siempre y cuando los leen, no puedo describir con algo qué gran guía son sus tratados.
Sí, sus Palabras rasgan los velos de la negligencia y oscuridad, que abarcan este mundo y este tiempo; los desgarran y esparcen la oscuridad y negligencia. Qué tipo de mente hay que ve el velo de la verdad, cuando la luz de la verdad brilla en ese velo de la verdad, cierra sus ojos a él y se tira al velo de la oscuridad. Yo también inshaallah, que no me tire a la oscuridad. Ya volviéndose en afortunada, forzosamente de nuevo no puedo ser desafortunada.
Maestro mío, yo estoy privada de recibir lección de usted personalmente, como otros hermanos míos. Pero cada semana o cada mes las escucho, imaginando recibir de lejos la lección de sus Palabras elevadas. Como si recibiera lección de usted personalmente. Que todo el día supliquemos a Cenab‑i Hak, estando usted a la cabeza y al frente, nosotros atrás para el bienestar del mundo Islámico, para que este estado mío se vuelva desde oscuridad a luz. Que mi Cenab-i Mevla lo otorgue bondadosamente. Mi lengua, inhabilidad y defecto, no dejan decir más. Confieso nuestras faltas a nuestro Maestro.
Inshallah un día con la influencia de los tratados, como nuestros hermanos rectos, que tienen temor de Allah, como el Señor Lütfü, nosotros también con la guía de Palabras que nos salvemos de las cosas que cometimos sin querer y sin voluntad. De nuestro hermano Zekai, recibimos Palabra Diecisiete, Carta Dieciocho, Carta Veinte y el tratado valioso con Treinta y Tres Ventanas, que brillan con luces. Los estudiamos. El Noble Corán, que es nuestro verdadero maestro está en nuestras manos.
Müzeyyene